<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-9122733768348033420</id><updated>2011-04-21T15:47:15.695-07:00</updated><title type='text'>MISTICA CIUDAD DE DIOS 5ª</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://misticaciudaddedios5.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9122733768348033420/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios5.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-9122733768348033420.post-1523202720934797444</id><published>2008-08-30T14:13:00.000-07:00</published><updated>2008-08-30T14:29:46.971-07:00</updated><title type='text'>Mistica ciudad de DIOS parte 5ª</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_FgMtOqNOPlQ/SLm4R2B_VUI/AAAAAAAAAL0/hqdMnhuil4k/s1600-h/Maria3ani2.gif"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5240422258123429186" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_FgMtOqNOPlQ/SLm4R2B_VUI/AAAAAAAAAL0/hqdMnhuil4k/s400/Maria3ani2.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;MÍSTICA CIUDAD DE DIOS: PARTE 5&lt;br /&gt;Visiones y revelaciones intelectuales de María Santísima.&lt;br /&gt;634. El tercer género de visiones o revelaciones Divinas&lt;br /&gt;que tuvo María Santísima, fueron intelectuales. Y aunque&lt;br /&gt;la noticia abstractiva o visión de la divinidad se puede&lt;br /&gt;llamar revelación intelectual, pero doyle otro lugar solo y&lt;br /&gt;más alto por dos razones: la una, porque el objeto de&lt;br /&gt;aquella revelación es único y supremo entre las cosas&lt;br /&gt;inteligibles, y estas más comunes revelaciones&lt;br /&gt;intelectuales tienen muchos y varios objetos, porque se&lt;br /&gt;extienden a cosas espirituales y materiales y a las&lt;br /&gt;verdades y misterios inteligibles; la otra razón es, porque&lt;br /&gt;la visión abstractiva de la divina esencia se causa por&lt;br /&gt;especies altísimas, infusas y sobrenaturales de aquel&lt;br /&gt;objeto infinito; pero la común revelación y visión&lt;br /&gt;intelectual algunas veces se hace por especies infusas&lt;br /&gt;al entendimiento de los objetos revelados y otras veces&lt;br /&gt;no son necesarias infusas para todo lo que se entiende;&lt;br /&gt;porque pueden servir a esta revelación las mismas&lt;br /&gt;especies que tiene la imaginación o fantasía y en ellas&lt;br /&gt;puede el entendimiento, ilustrado con nuevo lumen y&lt;br /&gt;virtud sobrenatural, entender los misterios que Dios le&lt;br /&gt;revela, como sucedió a José en Egipto (Gén., 40) y a&lt;br /&gt;Santo Profeta Daniel en Babilonia (Dan., 2, 19). Y este&lt;br /&gt;modo de revelaciones tuvo Santo Rey David; y fuera del&lt;br /&gt;conocimiento de la Divinidad, es el más noble y seguro,&lt;br /&gt;porque ni los demonios ni los mismos Ángeles buenos&lt;br /&gt;pueden infundir esta luz sobrenatural en el&lt;br /&gt;entendimiento, aunque pueden mover las especies por la&lt;br /&gt;imaginación y fantasía.&lt;br /&gt;635. Esta forma de revelación intelectual fue común a&lt;br /&gt;los Profetas Santos del Viejo y Nuevo Testamento, porque&lt;br /&gt;la luz de la profecía perfecta, como ellos la tuvieron, se&lt;br /&gt;termina en la inteligencia de algún misterio oculto; y sin&lt;br /&gt;2&lt;br /&gt;esta inteligencia o luz intelectual no fueran profetas&lt;br /&gt;perfectamente ni hablaran proféticamente. Y por eso, el&lt;br /&gt;que hace o dice alguna cosa profética, como Caifas (Jn.,&lt;br /&gt;11, 51) y los soldados que no quisieron dividir la túnica&lt;br /&gt;de Cristo nuestro Señor (Jn., 19, 24), aunque fueron&lt;br /&gt;movidos con impulso Divino, no eran perfectamente&lt;br /&gt;profetas; porque no hablaban proféticamente, que es con&lt;br /&gt;lumbre divino o inteligencia. Verdad es que también los&lt;br /&gt;Profetas Santos y perfectamente profetas, que se&lt;br /&gt;llamaban videntes por la luz interior con que miraban los&lt;br /&gt;secretos ocultos, podían hacer alguna acción profética,&lt;br /&gt;sin conocer todos los misterios que comprendía, o sin&lt;br /&gt;conocer alguno; pero en aquella acción no fueran tan&lt;br /&gt;perfectamente profetas como en las que profetizaban&lt;br /&gt;con inteligencia sobrenatural. Tiene esta revelación&lt;br /&gt;intelectual muchos grados que no toca a este lugar&lt;br /&gt;declararlos; y aunque la puede comunicar el Señor&lt;br /&gt;desnudamente y sin caridad o gracia y virtudes, pero de&lt;br /&gt;ordinario anda acompañada con ellas, como en los&lt;br /&gt;Profetas, Apóstoles y Justos, cuando como a amigos les&lt;br /&gt;manifestaba sus secretos; como también sucede cuando&lt;br /&gt;las revelaciones intelectuales son para el mayor bien&lt;br /&gt;del que las recibe, como arriba está dicho (Cf. supra n.&lt;br /&gt;617). Por esta razón piden estas revelaciones muy buena&lt;br /&gt;disposición en el alma que ha de ser levantada a estas&lt;br /&gt;Divinas inteligencias, que de ordinario no las comunica&lt;br /&gt;Dios si no es cuando el alma está quieta, pacífica,&lt;br /&gt;abstraída de los afectos terrenos y bien ordenadas sus&lt;br /&gt;potencias para los efectos de esta luz Divina.&lt;br /&gt;636. En la Reina del cielo fueron estas inteligencias o&lt;br /&gt;revelaciones intelectuales muy diferentes que las de los&lt;br /&gt;Santos y Profetas; porque las tenía Su Alteza continuas, y&lt;br /&gt;en acto y en hábito, cuando no gozaba de otras visiones&lt;br /&gt;más altas de la Divinidad. Y a más de esto, la claridad y&lt;br /&gt;extensión de esta luz intelectual y sus efectos fueron&lt;br /&gt;incomparables en María Santísima; porque de los&lt;br /&gt;3&lt;br /&gt;Misterios, verdades y sacramentos ocultos del Altísimo,&lt;br /&gt;conoció ella más que todos los Santos Patriarcas,&lt;br /&gt;Profetas, Apóstoles y más que los mismos Ángeles juntos;&lt;br /&gt;y todo lo conocía con mayor profundidad, claridad,&lt;br /&gt;firmeza y seguridad. Con esta inteligencia penetraba&lt;br /&gt;desde el mismo ser de Dios y sus atributos hasta la&lt;br /&gt;mínima de sus obras y criaturas, sin escondérsele cosa&lt;br /&gt;alguna en que no conociese la participación de la&lt;br /&gt;grandeza del Criador y su Divina disposición y providencia;&lt;br /&gt;y sola María Santísima pudo decir con plenitud&lt;br /&gt;que el Señor la manifestó lo incierto y oculto de su&lt;br /&gt;sabiduría, como lo afirmó el Profeta (Sal., 50, 8). Los&lt;br /&gt;efectos que causaban en la Soberana Señora estas&lt;br /&gt;inteligencias, no es posible decirlo, pero toda esta&lt;br /&gt;Historia sirve para su declaración. En otras almas son de&lt;br /&gt;admirable utilidad y provecho, porque iluminan&lt;br /&gt;altamente el entendimiento, inflaman con increíble ardor&lt;br /&gt;la voluntad, desengañan, desvían, levantan y&lt;br /&gt;espiritualizan a la criatura; y tal vez parece que hasta el&lt;br /&gt;mismo cuerpo terreno y pesado se aligera y sutiliza en&lt;br /&gt;emulación santa de la misma alma. Tuvo la Reina del&lt;br /&gt;cielo en este modo de visiones otro privilegio, que diré en&lt;br /&gt;el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;Visiones imaginarias de la Reina del Cielo María&lt;br /&gt;Santísima.&lt;br /&gt;637. El cuarto lugar tienen las visiones imaginarias que&lt;br /&gt;se hacen por especies sensitivas causadas o movidas en&lt;br /&gt;la imaginación o fantasía; y representan las cosas con&lt;br /&gt;modo material y sensitivo, como cosa que se mira con los&lt;br /&gt;ojos, o se oye, o se toca, o se gusta. Debajo de esta forma&lt;br /&gt;de visiones manifestaron los profetas del Testamento&lt;br /&gt;Viejo grandes misterios y sacramentos, que les reveló el&lt;br /&gt;Altísimo en ellas, particularmente San Ezequiel, San&lt;br /&gt;Daniel y San Jeremías; y debajo de semejantes visiones&lt;br /&gt;escribió el Evangelista San Juan su Apocalipsis. Por la&lt;br /&gt;4&lt;br /&gt;parte que tienen estas visiones de sensitivo y corpóreo,&lt;br /&gt;son más inferiores que las precedentes; y por eso las&lt;br /&gt;puede remedar el demonio en la representación,&lt;br /&gt;moviendo las especies de la fantasía, pero no las remeda&lt;br /&gt;en la verdad el que es padre de la mentira. Con todo eso&lt;br /&gt;se deben mucho desviar estas visiones y examinar con la&lt;br /&gt;doctrina cierta de los Santos y Maestros, porque, si el&lt;br /&gt;demonio reconoce alguna golosina en las almas que&lt;br /&gt;tratan de oración y devoción y si lo permite Dios, las&lt;br /&gt;engañará fácilmente; pues aun aborreciendo el peligro&lt;br /&gt;de estas visiones los Santos fueron invadidos con ellas&lt;br /&gt;por el demonio transfigurado en luz, como en sus vidas&lt;br /&gt;está escrito para nuestra erudición y cautela.&lt;br /&gt;638. Donde estuvieron estas visiones y revelaciones&lt;br /&gt;imaginarias sin peligro alguno y con toda seguridad y&lt;br /&gt;condiciones Divinas, fue en María Santísima, cuya interior&lt;br /&gt;luz no podía oscurecer ni invadir toda la astucia de la&lt;br /&gt;serpiente. Tuvo nuestra Reina muchas visiones de este&lt;br /&gt;género; porque en ellas le fueron manifestadas muchas&lt;br /&gt;obras de las que su Hijo Santísimo hacía cuando estaba&lt;br /&gt;ausente, como en el discurso de su vida veremos (Cf. infra&lt;br /&gt;p. II n. 965-994, 1156, 1204-1222). Conoció también por visión&lt;br /&gt;imaginaria otras muchas criaturas y misterios en&lt;br /&gt;ocasiones que era necesario según la divina voluntad y&lt;br /&gt;dispensación del Altísimo. Y como este beneficio con los&lt;br /&gt;demás que recibía la soberana Princesa del cielo eran&lt;br /&gt;ordenados a fines altísimos, así en lo que le tocaba a su&lt;br /&gt;santidad, pureza y merecimientos, como en orden al&lt;br /&gt;beneficio de la Iglesia, cuya Maestra y Cooperadora de&lt;br /&gt;la Redención era esta gran Madre de la gracia, por esto&lt;br /&gt;los efectos de estas visiones y de su inteligencia eran&lt;br /&gt;admirables, y siempre con incomparables frutos de gloria&lt;br /&gt;del Altísimo y aumento de nuevos dones y carismas en el&lt;br /&gt;alma santísima de María. De lo que en las demás&lt;br /&gt;criaturas suele suceder con estas visiones diré en la&lt;br /&gt;siguiente; porque de estas dos especies de visiones se&lt;br /&gt;5&lt;br /&gt;debe hacer un mismo juicio.&lt;br /&gt;Visiones divinas corpóreas de María Santísima.&lt;br /&gt;639. El último y quinto grado de visiones y revelaciones&lt;br /&gt;es el que se percibe por los sentidos corporales&lt;br /&gt;exteriores, que por eso se llaman corpóreas, aunque&lt;br /&gt;puede suceder de dos maneras. La una es propia y&lt;br /&gt;verdaderamente corpórea, cuando con cuerpo real y&lt;br /&gt;cuantitativo se aparece a la vista o al tacto alguna cosa&lt;br /&gt;de la otra vida, Dios, Ángel, o Santo, o el demonio, o&lt;br /&gt;alma, etc., formándose para esto, por ministerio y virtud&lt;br /&gt;de los ángeles buenos o malos, algún cuerpo aéreo y&lt;br /&gt;fantástico, que si bien no es cuerpo natural ni verdadero&lt;br /&gt;de lo que representa, pero es verdaderamente cuerpo&lt;br /&gt;cuantitativo del aire condensado con sus dimensiones&lt;br /&gt;cuantitativas. Otra manera de visiones corpóreas puede&lt;br /&gt;haber más impropia, y como ilusoria del sentido de la&lt;br /&gt;vista, cuando no es cuerpo cuantitativo el que se percibe,&lt;br /&gt;sino unas especies del cuerpo y color, etc., que alterando&lt;br /&gt;el aire medio puede causar un ángel en los ojos; y el que&lt;br /&gt;las recibe piensa que mira algún cuerpo real presente; y&lt;br /&gt;no hay tal cuerpo, sino solas especies con que se altera&lt;br /&gt;la vista con una fascinación imperceptible al sentido.&lt;br /&gt;Este modo de visiones ilusorias al sentido no es propia&lt;br /&gt;de los buenos ángeles ni apariciones divinas, aunque es&lt;br /&gt;posible, y, tal pudo ser la voz que oyó Samuel (1 Sam., 3,&lt;br /&gt;4); mas las afecta el demonio por lo que tienen de&lt;br /&gt;engaño, especialmente por los ojos; y así por esto como&lt;br /&gt;porque no tuvo la Reina esta forma de visiones, sólo diré&lt;br /&gt;de las verdaderamente corpóreas, que fueron las que&lt;br /&gt;tenía.&lt;br /&gt;640. En la Escritura hay muchas visiones corporales que&lt;br /&gt;tuvieron los Santos y Patriarcas. Adán vio a Dios&lt;br /&gt;representado por el ángel (Gén., 3, 8); Abrahán a los tres&lt;br /&gt;Ángeles (Gén., 18, 1-2), Santo Profeta y Legislador Moisés&lt;br /&gt;6&lt;br /&gt;la zarza (Ex., 3, 2), y muchas veces al mismo Señor.&lt;br /&gt;También han tenido muchas visiones corpóreas e&lt;br /&gt;imaginarias otros que eran pecadores, como Caín (Gén.,&lt;br /&gt;4, 9), Baltasar (Dan., 5, 5), que vio la mano en la pared; y&lt;br /&gt;de las imaginarias tuvo Faraón (Gén., 41, 2) la visión de&lt;br /&gt;las vacas y Nabucodonosor la del árbol (Dan., 4, 2) y&lt;br /&gt;estatua (Dan., 2, 1); y otras semejantes hay en las Divinas&lt;br /&gt;letras. De donde se conoce que para estas visiones&lt;br /&gt;corpóreas e imaginarias no se requiere santidad en el&lt;br /&gt;que las recibe. Pero es verdad que quien tiene alguna&lt;br /&gt;visión imaginaria o corpórea, sin alcanzar luz o alguna&lt;br /&gt;inteligencia, no se llama profeta, ni es perfecta&lt;br /&gt;revelación en el que ve o recibe las especies sensitivas,&lt;br /&gt;sino en el que tiene la inteligencia, que, como dijo&lt;br /&gt;Daniel (Dan., 10, 1), es necesario en la visión; y así&lt;br /&gt;fueron profetas José y el mismo San Daniel, y no Faraón,&lt;br /&gt;ni Baltasar, ni Nabucodonosor. Y aquella será más alta y&lt;br /&gt;excelente visión en razón de visión, que viniere con mayor&lt;br /&gt;y más alta inteligencia, aunque en cuanto a lo aparente&lt;br /&gt;son mayores las que representan a Dios y su Madre&lt;br /&gt;santísima, y después a los Santos por sus grados.&lt;br /&gt;641. El recibir visiones corpóreas cierto es que pide&lt;br /&gt;estar dispuestos los sentidos para percibirlas con ellos.&lt;br /&gt;Las imaginarias muchas veces las envía Dios en sueños,&lt;br /&gt;como al santísimo José (Mt., 1, 20), esposo de María&lt;br /&gt;purísima, y a los Reyes Magos (Mt., 2, 12) y Faraón (Gén,&lt;br /&gt;41, 2), etc. Otras se pueden recibir estando en los&lt;br /&gt;sentidos corporales, que en esto no hay repugnancia.&lt;br /&gt;Pero el modo más común y connatural a estas visiones y a&lt;br /&gt;las intelectuales, es comunicarlas Dios en algún éxtasis o&lt;br /&gt;rapto de los sentidos exteriores; porque entonces están&lt;br /&gt;las potencias interiores todas más recogidas y dispuestas&lt;br /&gt;para la inteligencia de cosas altas y Divinas; aunque&lt;br /&gt;en esto menos suelen impedir los sentidos exteriores&lt;br /&gt;para las visiones intelectuales que para las imaginarias,&lt;br /&gt;porque éstas están más cerca de lo exterior que las&lt;br /&gt;7&lt;br /&gt;inteligencias del entendimiento. Y por esta causa, cuando&lt;br /&gt;las revelaciones intelectuales son por especies infusas, o&lt;br /&gt;cuando el afecto no arrebata los sentidos, se reciben&lt;br /&gt;muchas veces, sin perderlos, inteligencias altísimas de&lt;br /&gt;grandes misterios y sobrenaturales.&lt;br /&gt;642. En la Reina del Cielo sucedía esto muchas veces y&lt;br /&gt;casi frecuente; porque si bien tuvo muchos raptos para&lt;br /&gt;la visión beatífica —donde siempre es forzoso en los&lt;br /&gt;viadores— y también en algunas visiones intelectuales&lt;br /&gt;e imaginarías, pero, aunque estaba de ordinario en sus&lt;br /&gt;sentidos, tenía más altas revelaciones e inteligencias que&lt;br /&gt;todos los Santos y Profetas en sus mayores raptos, donde&lt;br /&gt;vieron tantos misterios. Ni tampoco para las visiones&lt;br /&gt;imaginarias estorbaban a nuestra gran Reina los sentidos&lt;br /&gt;exteriores; porque su dilatado corazón y sabiduría no se&lt;br /&gt;embarazaba con los efectos de admiración y amor, que&lt;br /&gt;suele arrebatar los sentidos en los demás Santos y&lt;br /&gt;Profetas. De las visiones corpóreas que tuvo Su Majestad&lt;br /&gt;de los Ángeles, consta por la anunciación de San Gabriel&lt;br /&gt;Arcángel (Lc., 1, 28). Y aunque del discurso de su vida&lt;br /&gt;santísima no lo digan los Evangelistas, no puede el juicio&lt;br /&gt;prudente y católico poner duda, pues la Reina de los&lt;br /&gt;cielos y de los Ángeles había de ser servida de sus&lt;br /&gt;vasallos; como adelante iremos (Cf. infra n. 761 y passim)&lt;br /&gt;declarando el continuo obsequio que le hacían los de su&lt;br /&gt;guarda, y otros en forma corporal y visible, como se verá&lt;br /&gt;en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;643. Las demás almas deben ser muy circunspectas y&lt;br /&gt;cautelosas en este género de visiones corporales, por&lt;br /&gt;estar más sujetas a peligros, engaños e ilusiones de la&lt;br /&gt;serpiente antigua; quien nunca las apeteciere, excusará&lt;br /&gt;gran parte del peligro. Y si hallando al alma lejos de éste&lt;br /&gt;y otros desordenados afectos, le sucediere alguna visión&lt;br /&gt;corporal o imaginaria, deténgase mucho en creer y en&lt;br /&gt;ejecutar lo que le pide la visión; porque será muy mala&lt;br /&gt;8&lt;br /&gt;señal, y propia del demonio, querer luego y sin acuerdo&lt;br /&gt;ni consejo que se le dé crédito y obedezca; lo que no&lt;br /&gt;hacen los Santos Ángeles, como maestros de obediencia&lt;br /&gt;y verdad, prudencia y santidad. Otros indicios y señales&lt;br /&gt;se toman de la causa y efectos de estas visiones para&lt;br /&gt;conocer su seguridad y verdad o engaño; pero yo no me&lt;br /&gt;detengo en esto por no alejarme más de mi intento y&lt;br /&gt;porque me remito a los Doctores y Maestros.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del Cielo.&lt;br /&gt;644. Hija mía, de la luz que en este capítulo has recibido,&lt;br /&gt;tienes la regla cierta de gobernarte en las visiones y&lt;br /&gt;revelaciones del Señor, que consiste en dos partes. La&lt;br /&gt;una en sujetarlas con humilde y sencillo corazón al juicio&lt;br /&gt;y censura de tus Padres y Prelados, pidiendo con viva fe&lt;br /&gt;les dé luz el Altísimo para que entiendan su voluntad y&lt;br /&gt;verdad Divina y te la enseñen en todo. La otra regla ha&lt;br /&gt;de estar en tu mismo interior; y ésta es atender a los&lt;br /&gt;efectos que hacen las visiones y revelaciones, para&lt;br /&gt;discernirlas con prudencia y sin engaño, porque la virtud&lt;br /&gt;Divina, que obra con ellas, te inducirá, moverá, inflamará&lt;br /&gt;en amor casto y reverencia del Altísimo, al conocimiento&lt;br /&gt;de tu bajeza, a aborrecer la vanidad terrena, a desear el&lt;br /&gt;desprecio de las criaturas, a padecer con alegría, a amar&lt;br /&gt;la cruz y llevarla con esforzado y dilatado corazón, a&lt;br /&gt;desear el último lugar, a amar a quien te persiguiere, a&lt;br /&gt;temer el pecado y aborrecerle, aunque sea muy leve, a&lt;br /&gt;aspirar a lo más puro, perfecto y acendrado de la virtud,&lt;br /&gt;a negar tus inclinaciones, a unirte con el sumo y&lt;br /&gt;verdadero bien. Estas serán infalibles señales de la&lt;br /&gt;verdad con que te visita el Altísimo por medio de sus&lt;br /&gt;revelaciones, enseñándote lo más santo y perfecto de la&lt;br /&gt;ley cristiana y de su imitación y mía.&lt;br /&gt;645. Y para que tú, carísima, pongas por obra esta&lt;br /&gt;doctrina que la dignación del Altísimo te enseña, nunca&lt;br /&gt;9&lt;br /&gt;la olvides, ni pierdas de vista los beneficios de habértela&lt;br /&gt;enseñado con tanto amor y caricia; renuncia toda&lt;br /&gt;atención y consolación humana, los deleites y gustos que&lt;br /&gt;el mundo ofrece; y a todo lo que piden las inclinaciones&lt;br /&gt;terrenas te niegas con fuerte resolución, aunque sea en&lt;br /&gt;cosas lícitas y pequeñas; y volviendo las espaldas a todo&lt;br /&gt;lo sensible, sólo quiero que ames el padecer. Esta ciencia&lt;br /&gt;y filosofía Divina te han enseñado, te enseñan y te&lt;br /&gt;enseñarán las visitas del Altísimo, y con ellas sentirás la&lt;br /&gt;fuerza del Divino fuego, que nunca se ha de extinguir en&lt;br /&gt;tu pecho por culpa tuya ni por tibieza. Está advertida,&lt;br /&gt;dilata el corazón y cíñete de fortaleza para recibir y&lt;br /&gt;obrar cosas grandes, y ten constancia en la fe de estas&lt;br /&gt;amonestaciones, creyéndolas, apreciándolas y&lt;br /&gt;escribiéndolas en tu corazón con humilde afecto y estimación&lt;br /&gt;de lo íntimo de tu alma, como enviadas por la&lt;br /&gt;fidelidad de tu Esposo y administradas por mí, que soy tu&lt;br /&gt;Maestra y Señora.&lt;br /&gt;CAPITULO 15&lt;br /&gt;Declárase otro modo de vista y comunicación que&lt;br /&gt;tenía María Santísima con los Santos Ángeles que la&lt;br /&gt;asistían.&lt;br /&gt;646. Tanta es la fuerza y eficacia de la divina gracia, y&lt;br /&gt;del amor que causa en la criatura, que puede borrar en&lt;br /&gt;ella la imagen del pecado y del hombre terreno y formar&lt;br /&gt;otro nuevo ser y celestial imagen (1 Cor., 15, 48-49), cuya&lt;br /&gt;conversación sea en los cielos (Flp., 3, 20), entendiendo,&lt;br /&gt;amando y obrando, no como criatura terrena, pero como&lt;br /&gt;celestial y divina; porque la fuerza del amor roba el&lt;br /&gt;corazón y el alma de donde anima y le pone y transforma&lt;br /&gt;en lo que ama. Esta verdad cristiana, creída de todos,&lt;br /&gt;entendida de los doctores y experimentada de los Santos,&lt;br /&gt;se ha de considerar en nuestra gran Reina y Señora&lt;br /&gt;ejecutada con privilegios tan singulares, que ni con&lt;br /&gt;10&lt;br /&gt;ejemplo de otros Santos, ni con entendimiento de&lt;br /&gt;Ángeles, se puede comprender ni explicar. Era María&lt;br /&gt;Santísima, por Madre del Verbo, Señora de todo lo criado;&lt;br /&gt;pero siendo imagen viva de su Hijo Unigénito, a su&lt;br /&gt;imitación usó tan poco de las criaturas visibles, de quien&lt;br /&gt;era Señora, que ninguna menos parte tuvo en ellas, fuera&lt;br /&gt;de lo que fue preciso y necesario para el servicio del&lt;br /&gt;Altísimo y vida natural de su Hijo Santísimo y suya.&lt;br /&gt;647. A este olvido y alejamiento de todo lo terreno&lt;br /&gt;había de corresponder la conversación en lo celestial; y&lt;br /&gt;ésta se había de proporcionar con la dignidad de Madre&lt;br /&gt;del mismo Dios y Señora de los cielos, en cuya&lt;br /&gt;comunicación debidamente estaba conmutada la&lt;br /&gt;conversación terrena. Por esto era como necesario y&lt;br /&gt;consiguiente que la Reina y Señora de los Ángeles fuera&lt;br /&gt;singular y privilegiada en el obsequio de los mismos&lt;br /&gt;cortesanos, vasallos suyos, y los tratase y comunicase con&lt;br /&gt;diferente modo que todas las criaturas humanas, por más&lt;br /&gt;santas que fuesen. En el capítulo 23 del primer libro dije&lt;br /&gt;algo de las apariciones ordinarias y diversas con que se&lt;br /&gt;le manifestaban a nuestra Reina y Señora los Santos&lt;br /&gt;Ángeles y Serafines destinados y señaldos para guarda&lt;br /&gt;suya; y en el capítulo precedente quedan declarados&lt;br /&gt;generalmente los modos y formas de visiones Divinas que&lt;br /&gt;Su Alteza tenía, advirtiendo que siempre en aquella&lt;br /&gt;esfera y especie de visiones eran las suyas mucho más&lt;br /&gt;excelentes y divinas en la sustancia y en el modo y&lt;br /&gt;efectos que causaban en su alma santísima.&lt;br /&gt;648. Para este capítulo remití otro modo más singular y&lt;br /&gt;privilegiado que concedió el Altísimo a su Madre&lt;br /&gt;Santísima, para que viese y comunicase a los Santos&lt;br /&gt;Ángeles de su guarda y a los demás que de parte del&lt;br /&gt;mismo Señor en diversas ocasiones la visitaban. Este&lt;br /&gt;modo de visión y comunicación era el mismo que los&lt;br /&gt;órdenes y jerarquías angélicas tienen entre sí mismos,&lt;br /&gt;11&lt;br /&gt;donde cada uno de los espíritus soberanos conocen a los&lt;br /&gt;demás por sí mismos, sin otra especie que mueva su&lt;br /&gt;entendimiento más que la misma sustancia y naturaleza&lt;br /&gt;del ángel que es conocido. Y a más de esto, los ángeles&lt;br /&gt;superiores iluminan a los inferiores, informándolos de los&lt;br /&gt;misterios ocultos que a los superiores inmediatamente&lt;br /&gt;revela y manifiesta el Altísimo, para que se vayan&lt;br /&gt;derivando y remitiendo de lo supremo a lo ínfimo; porque&lt;br /&gt;este orden conviene a la grandeza y majestad infinita del&lt;br /&gt;supremo Rey y Gobernador de todo lo criado. De donde&lt;br /&gt;se entenderá cómo esta iluminación o revelación tan&lt;br /&gt;ordenada es fuera de la gloria esencial de los Santos&lt;br /&gt;Ángeles; porque ésta la reciben todos inmediatamente&lt;br /&gt;de la Divinidad, cuya visión y fruición se comunica a cada&lt;br /&gt;uno a la medida de sus merecimientos; y un Ángel no&lt;br /&gt;puede hacer a otro esencialmente bienaventurado,&lt;br /&gt;iluminándole o revelándole algún misterio, porque el&lt;br /&gt;iluminado no vería a Dios cara a cara, y sin esto no puede&lt;br /&gt;ser bienaventurado ni conseguir su último fin.&lt;br /&gt;649. Pero como el objeto es infinito y espejo voluntario&lt;br /&gt;—fuera de lo que pertenece a la ciencia beatífica de los&lt;br /&gt;Santos— tiene infinitos secretos y misterios que les puede&lt;br /&gt;revelar y revela especialmente para el gobierno de su&lt;br /&gt;Iglesia y del mundo; y en estas iluminaciones se guarda&lt;br /&gt;el orden que digo. Y como estas revelaciones son fuera&lt;br /&gt;de la gloria esencial, por eso el carecer de su noticia no&lt;br /&gt;se llama ignorancia en los ángeles ni privación de&lt;br /&gt;ciencia, pero llámase nesciencia o negación, y la&lt;br /&gt;revelación se llama iluminación, purgación o purificación&lt;br /&gt;de esta nesciencia; y sucede, a nuestro modo de&lt;br /&gt;entender, como si los rayos del sol penetrasen&lt;br /&gt;muchos cristales puestos en orden, que todos&lt;br /&gt;participarían de una misma luz comunicada de los&lt;br /&gt;primeros a los últimos, tocando primero a los más&lt;br /&gt;inmediatos. Sola una diferencia se halla en este ejemplo;&lt;br /&gt;que las vidrieras o cristales, respecto de los rayos, se han&lt;br /&gt;12&lt;br /&gt;pasivamente sin más actividad que la del sol, que a todas&lt;br /&gt;las ilumina con una acción, pero los Santos Ángeles son&lt;br /&gt;pacientes en recibir la iluminación de los superiores y&lt;br /&gt;agentes en comunicarla a los inferiores; y comunican&lt;br /&gt;estas iluminaciones con alabanza, admiración y amor,&lt;br /&gt;derivándose todo del supremo Sol de Justicia, Dios eterno&lt;br /&gt;e inmutable.&lt;br /&gt;650. En este orden admirable de revelaciones Divinas&lt;br /&gt;introdujo el Altísimo a su Madre Santísima, para que&lt;br /&gt;gozase los privilegios que tienen como propios los&lt;br /&gt;cortesanos del cielo; y para esto destinó los serafines que&lt;br /&gt;dije en el capítulo 14 del primer libro, que fueron de los&lt;br /&gt;más supremos e inmediatos a la divinidad; y también&lt;br /&gt;hacían este oficio otros Ángeles de su guarda, según la&lt;br /&gt;voluntad Divina disponía, cuando y como era necesario y&lt;br /&gt;conveniente. A todos estos ángeles y a otros los conocía&lt;br /&gt;su Reina y nuestra por sí mismos, sin dependencia de los&lt;br /&gt;sentidos y fantasía y sin impedimento del cuerpo mortal y&lt;br /&gt;terreno; y mediante esta vista y conocimiento la&lt;br /&gt;iluminaban y purificaban los Serafines y Ángeles del&lt;br /&gt;Señor, revelando a su Reina muchos misterios que para&lt;br /&gt;esto recibían del Altísimo. Y aunque este modo de vista&lt;br /&gt;intelectual e iluminaciones no era continuo en María&lt;br /&gt;Santísima, pero fue muy frecuente, en especial cuando&lt;br /&gt;para ocasionarle mayores merecimientos y diversos&lt;br /&gt;afectos de amor se le encubría o ausentaba el Señor,&lt;br /&gt;como diré adelante (Cf. infra n. 278-279; p. II n. 719-720).&lt;br /&gt;Entonces usaban más de este oficio los Ángeles,&lt;br /&gt;continuando el orden de iluminarse a sí mismos hasta&lt;br /&gt;llegar a la Reina, donde se terminaba.&lt;br /&gt;651. Y no derogaba este modo de iluminación a la&lt;br /&gt;dignidad de Madre de Dios y Señora de los Ángeles;&lt;br /&gt;porque en este beneficio, y en el modo de participarle, no&lt;br /&gt;se atiende a la dignidad y santidad de nuestra soberana&lt;br /&gt;Princesa, en que era superior a todos los órdenes&lt;br /&gt;13&lt;br /&gt;angélicos, sino al estado y condición de su naturaleza, en&lt;br /&gt;que era inferior, porque era viadora y de naturaleza&lt;br /&gt;humana, corpórea y mortal; y viviendo en carne pasible y&lt;br /&gt;con necesidad natural del uso de los sentidos, levantarla&lt;br /&gt;al estado y operaciones angélicas fue gran privilegio,&lt;br /&gt;aunque digno de su santidad y dignidad. Yo creo ha&lt;br /&gt;extendido este favor la mano poderosa del Altísimo a&lt;br /&gt;otras almas en esta vida mortal, aunque no tan frecuente&lt;br /&gt;como a su Madre Santísima, ni con tanta plenitud de luz y&lt;br /&gt;otras condiciones tan excelentes como en la Reina. Y si&lt;br /&gt;muchos doctores, no sin gran fundamento, conceden la&lt;br /&gt;visión beatífica a San Pablo, Santo Profeta y Legislador&lt;br /&gt;Moisés y a otros Santos, mucho más creíble será haber&lt;br /&gt;tenido algunos viadores este conocimiento de las&lt;br /&gt;naturalezas angélicas, pues no es otra cosa este&lt;br /&gt;beneficio, que ver intuitivamente la sustancia del ángel; y&lt;br /&gt;así conviene esta visión en esta claridad con la primera&lt;br /&gt;que dije en el capítulo pasado, y en ser intelectual&lt;br /&gt;conviene con la tercera arriba declarada, aunque no se&lt;br /&gt;hace por especies impresas.&lt;br /&gt;652. Verdad es que este beneficio no es ordinario ni&lt;br /&gt;común, pero muy raro y extraordinario; y así pide en el&lt;br /&gt;alma gran disposición de pureza y limpieza de&lt;br /&gt;conciencia. No se compadece con afectos terrenos, ni&lt;br /&gt;imperfecciones voluntarias, ni afectos del pecado;&lt;br /&gt;porque para entrar el alma en el orden de los ángeles ha&lt;br /&gt;menester vida más angélica que humana; pues si faltase&lt;br /&gt;esta similitud y simpatía, parecería monstruosidad y&lt;br /&gt;desproporción de los extremos de esta unión. Pero con la&lt;br /&gt;divina gracia puede la criatura, aunque de cuerpo&lt;br /&gt;terreno y corruptible, negarse toda a sus pasiones e&lt;br /&gt;inclinaciones depravadas y morir a lo visible y borrar sus&lt;br /&gt;especies y memoria y vivir en espíritu más que en la&lt;br /&gt;carne. Y cuando llegare a gozar de verdadera paz,&lt;br /&gt;tranquilidad y sosiego del espíritu, que le causen&lt;br /&gt;una serenidad dulce, amorosa y suave con el sumo&lt;br /&gt;14&lt;br /&gt;bien, entonces estará menos indispuesta para ser&lt;br /&gt;levantada a la visión de los espíritus angélicos con&lt;br /&gt;claridad intuitiva y recibir de ellos las divinas&lt;br /&gt;revelaciones que entre sí se comunican, y los efectos&lt;br /&gt;admirables que de la visión resultan.&lt;br /&gt;653. Los que recibía nuestra Soberana Reina, si&lt;br /&gt;correspondían a su pureza y amor, no pueden caer&lt;br /&gt;debajo de humana ponderación. Era incomparable la luz&lt;br /&gt;Divina que recibía de la vista de los Serafines; porque en&lt;br /&gt;cierto modo reverberaba en ellos la imagen de la&lt;br /&gt;Divinidad, como en unos espirituales y purísimos espejos,&lt;br /&gt;donde María Santísima la conocía con sus atributos y&lt;br /&gt;perfecciones infinitas. Manifestábasele también en&lt;br /&gt;algunos efectos por admirable modo la gloria que los&lt;br /&gt;mismos Serafines gozaban —porque de esto se conoce&lt;br /&gt;mucho viendo claramente la sustancia del ángel— y con&lt;br /&gt;la vista de tales objetos era toda encendida e inflamada&lt;br /&gt;en la llama del Divino amor y arrebatada muchas veces&lt;br /&gt;en milagrosos éxtasis. Allí con los mismos Serafines y&lt;br /&gt;Ángeles prorrumpía en cánticos de incomparable gloria y&lt;br /&gt;alabanza de la Divinidad, con admiración de los mismos&lt;br /&gt;espíritus celestiales; porque si bien por ellos era iluminada&lt;br /&gt;en su entendimiento, pero en la voluntad los dejaba&lt;br /&gt;muy inferiores, y con mayor eficacia del amor velozmente&lt;br /&gt;subía y llegaba a unirse con el último y sumo bien, de&lt;br /&gt;donde inmediatamente recibía nuevas influencias del&lt;br /&gt;torrente (Sal., 35, 9) de la divinidad con que era alimentada.&lt;br /&gt;Y si los mismos Serafines no tuvieran presente el&lt;br /&gt;objeto infinito que era el principio y término de su amor&lt;br /&gt;beatífico, pudieran ser discípulos de María Santísima su&lt;br /&gt;Reina en el amor Divino, así como ella lo era suya en las&lt;br /&gt;ilustraciones del entendimiento que recibía.&lt;br /&gt;654. Después de esta forma de visión inmediata de las&lt;br /&gt;naturalezas espirituales y angélicas, es más inferior, y&lt;br /&gt;común a otras almas, la visión intelectual por especies&lt;br /&gt;15&lt;br /&gt;infusas, al modo de la visión abstractiva de la divinidad,&lt;br /&gt;que dejo dicha. Este modo de visión angélica tuvo la&lt;br /&gt;Reina del Cielo algunas veces, pero no era tan ordinario&lt;br /&gt;como el pasado: porque si bien para otras almas justas&lt;br /&gt;este beneficio de conocer a los Ángeles y Santos por&lt;br /&gt;especies intelectuales infusas es muy raro y estimable,&lt;br /&gt;pero en la Reina de los ángeles no era necesario, porque&lt;br /&gt;los comunicaba y conocía más altamente, salvo cuando el&lt;br /&gt;Señor disponía que se escondiesen y faltase aquella vista&lt;br /&gt;inmediata para mayor mérito y ejercicio; que entonces&lt;br /&gt;los miraba con especies intelectuales o imaginarias,&lt;br /&gt;como dije en el capítulo pasado. En otras almas hacen&lt;br /&gt;divinos efectos estas visiones angélicas por especies;&lt;br /&gt;porque se conocen aquellas supremas sustancias, como&lt;br /&gt;efectos y embajadores del supremo Rey, y con ellos tiene&lt;br /&gt;el alma dulcísimos coloquios del mismo Señor y de todo lo&lt;br /&gt;celestial y terreno, y en todo es ilustrada, enseñada,&lt;br /&gt;corregida y gobernada, encaminada y compelida para&lt;br /&gt;levantarse a la unión perfecta del amor Divino y obrar lo&lt;br /&gt;más puro, perfecto y santo, lo más acendrado de lo&lt;br /&gt;espiritual.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del Cielo María Santísima.&lt;br /&gt;655. Hija mía, admirable es el amor, fidelidad y&lt;br /&gt;cuidado de los espíritus angélicos en asistir a las&lt;br /&gt;necesidades de los mortales; y muy aborrecible es el&lt;br /&gt;olvido, ingratitud y grosería de parte de los mismos&lt;br /&gt;hombres en reconocer esta deuda. En el secreto del&lt;br /&gt;pecho del Altísimo, cuyo rostro miran (Mt., 18, 10) con&lt;br /&gt;claridad beatífica, conocen estos espíritus celestiales el&lt;br /&gt;infinito y paternal amor del Padre que está en los cielos&lt;br /&gt;para los hombres terrenos, y allí dan el aprecio y estimación&lt;br /&gt;digna a la sangre del Cordero con que fueron&lt;br /&gt;comprados (1 Cor., 6, 20) y rescatados, y lo que valen las&lt;br /&gt;almas compradas con el tesoro de la Divinidad. Y de aquí&lt;br /&gt;nace en los Santos Ángeles el desvelo y atención que&lt;br /&gt;16&lt;br /&gt;ponen en guardar y beneficiar las almas, que por&lt;br /&gt;estimarlas tanto el Altísimo se las encomendó a su&lt;br /&gt;custodia. Y quiero que tú entiendas cómo por este&lt;br /&gt;altísimo ministerio de los Ángeles recibieran los mortales&lt;br /&gt;grandes influencias de luz y favores incomparables del&lt;br /&gt;Señor, si no los impidieran con el óbice de sus pecados y&lt;br /&gt;abominaciones y con el olvido de tan estimable beneficio;&lt;br /&gt;y porque cierran el camino que Dios con inefable&lt;br /&gt;Providencia había elegido para encaminarlos a la&lt;br /&gt;felicidad eterna, son muchos más los que se condenan, y&lt;br /&gt;con la protección de los Ángeles se salvaran, no&lt;br /&gt;malogrando este beneficio y remedio.&lt;br /&gt;656. Oh hija mía carísima, pues tan dormidos están&lt;br /&gt;muchos de los hombres en atender a las obras paternas&lt;br /&gt;de mi Hijo y Señor, de ti quiero en esto singular&lt;br /&gt;agradecimiento, pues con tan liberal mano te ha&lt;br /&gt;favorecido, señalándote los Ángeles que te guarden.&lt;br /&gt;Atiende a su compañía y oye sus documentos con&lt;br /&gt;reverencia; déjate encaminar de su luz, respétalos como&lt;br /&gt;embajadores del Altísimo y pídeles su favor para que,&lt;br /&gt;purificada de tus culpas y libre de imperfecciones,&lt;br /&gt;inflamada en el Divino amor, te puedas reducir a un&lt;br /&gt;estado tan espiritualizado, que estés idónea para tratar&lt;br /&gt;con ellos y ser compañera suya, participando sus divinas&lt;br /&gt;ilustraciones, que no las negará el Altsimo, si te dispones&lt;br /&gt;de tu parte como yo quiero.&lt;br /&gt;657. Y porque has deseado saber, con aprobación de la&lt;br /&gt;obediencia, la razón por que los Santos Ángeles se me&lt;br /&gt;comunicaban con tantos modos de visiones, respondo a tu&lt;br /&gt;deseo declarándote más lo que con la Divina luz has&lt;br /&gt;entendido y escrito. La causa de esto fue por parte del&lt;br /&gt;Altísimo su liberal amor para conmigo en favorecerme, y&lt;br /&gt;por la mía el estado de viadora que tenía en el mundo;&lt;br /&gt;porque éste no podía ni convenía que fuese uniforme en&lt;br /&gt;las acciones de las virtudes, por cuyo medio disponía la&lt;br /&gt;17&lt;br /&gt;Divina sabiduría levantarme sobre todo lo criado; y&lt;br /&gt;habiendo de proceder como viadora humana y sensible&lt;br /&gt;en variedad de sucesos y obras virtuosas, unas veces&lt;br /&gt;obraba como espiritualizada y sin embarazo de los sentidos,&lt;br /&gt;y me trataban los Ángeles como a ellos mismos&lt;br /&gt;entre sí y como obran ellos obraban conmigo; otras era&lt;br /&gt;necesario padecer y ser afligida en la parte inferior del&lt;br /&gt;alma, otras en lo sensible y en el cuerpo, otras padecía&lt;br /&gt;necesidades, soledad y desamparos interiores y, según la&lt;br /&gt;vicisitud de estos efectos y estados, recibía los favores y&lt;br /&gt;visitas de los Santos Ángeles; que muchas veces hablaba&lt;br /&gt;con ellos por inteligencia, otras por visión imaginaria,&lt;br /&gt;otras por corporal y sensible, según el estado y&lt;br /&gt;necesidad lo pedía, y como lo disponía el Altísimo.&lt;br /&gt;658. Por todos estos modos fueron mis potencias y&lt;br /&gt;sentidos ilustrados y santificados con obras de Divinas&lt;br /&gt;influencias y favores, para que todas las obras de este&lt;br /&gt;género las conociese por experiencia y por todas&lt;br /&gt;recibiese los influjos de la gracia sobrenatural. Pero en&lt;br /&gt;estos favores quiero, hija mía, quedes advertida que, si&lt;br /&gt;bien el Altísimo fue conmigo tan magnífico y&lt;br /&gt;misericordioso, tuvo su equidad tal orden, que no sólo por&lt;br /&gt;la dignidad de Madre me favoreció tanto con ellos, mas&lt;br /&gt;también atendió a mis obras y disposición con que yo&lt;br /&gt;concurrí de mi parte, asistiéndome su Divina gracia. Y&lt;br /&gt;porque yo alejé mis potencias y sentidos de todo el&lt;br /&gt;comercio de las criaturas y, negando todo lo sensible y&lt;br /&gt;criado, me convertí al sumo bien, entregándome toda con&lt;br /&gt;mis fuerzas y voluntad a solo su amor santo; por esta&lt;br /&gt;disposición, que en mi alma puse, santificó todas mis&lt;br /&gt;potencias con retribución de tantos beneficios, visiones,&lt;br /&gt;ilustraciones de las mismas potencias, que por su amor se&lt;br /&gt;habían privado de todo lo deleitable, humano y terreno.&lt;br /&gt;Y fue tanto lo que en premio de mis obras recibí en carne&lt;br /&gt;mortal, que no lo puedes entender ni escribir, mientras en&lt;br /&gt;ella vives; tanta es la liberalidad y bondad del Muy Alto,&lt;br /&gt;18&lt;br /&gt;que de contado da este pago por prenda del que tiene&lt;br /&gt;reservado en la vida eterna.&lt;br /&gt;659. Y no obstante que por estos medios me dispuso el&lt;br /&gt;brazo poderoso, para que desde mi concepción se&lt;br /&gt;previniese dignamente la Encarnación del Verbo en mis&lt;br /&gt;entrañas y para que mis potencias y sentidos quedasen&lt;br /&gt;santificados y proporcionados con el trato y comunicación&lt;br /&gt;que había de tener con el Verbo Encarnado, pero si&lt;br /&gt;las demás almas se dispusiesen a mi imitación, viviendo,&lt;br /&gt;no según la carne, mas con vida espiritual, limpia y&lt;br /&gt;alejada del contagio de lo terreno, el Altísimo es tan fiel&lt;br /&gt;con quien así le obliga, que no le negara sus beneficios y&lt;br /&gt;favores con la equidad de su Divina Providencia.&lt;br /&gt;CAPITULO 16&lt;br /&gt;Continúase la infancia de María Santísima en el&lt;br /&gt;Templo; previénela el Señor para trabajos, y muere su&lt;br /&gt;padre San Joaquín.&lt;br /&gt;660. Dejamos a nuestra soberana princesa María&lt;br /&gt;Santísima, mediando los años de su infancia en el&lt;br /&gt;Templo, y divirtiendo el discurso para dar alguna noticia&lt;br /&gt;de las virtudes, dones y revelaciones Divinas que, niña&lt;br /&gt;en los años pero adulta en suma sabiduría, recibía de la&lt;br /&gt;mano del Altísimo y ejercitaba con sus potencias. Crecía&lt;br /&gt;la santísima niña en edad y gracia acerca de Dios y de&lt;br /&gt;los hombres; pero con tal correspondencia, que siempre&lt;br /&gt;la devoción era sobre la naturaleza y nunca la gracia se&lt;br /&gt;midió con la edad, pero con el Divino beneplácito y con&lt;br /&gt;los altos fines adonde la destinaba el impetuoso corriente&lt;br /&gt;de la Divinidad, que se iba a represar y sosegar en esta&lt;br /&gt;Ciudad de Dios. Continuaba el Altísimo sus dones y&lt;br /&gt;favores renovando cada hora las maravillas de su brazo&lt;br /&gt;poderoso, como si para sola María Santísima estuviera&lt;br /&gt;reservado. Y correspondía Su Alteza en aquella tierna&lt;br /&gt;19&lt;br /&gt;edad llenando el corazón del mismo Señor de perfecto y&lt;br /&gt;adecuado beneplácito, y a los Santos Ángeles del cielo&lt;br /&gt;de grande admiración. Era manifiesta a los espíritus&lt;br /&gt;celestiales entre el Altísimo y la Princesa niña una como&lt;br /&gt;porfía y competencia admirable; porque el poder Divino,&lt;br /&gt;para enriquecerla, sacaba cada día de sus tesoros&lt;br /&gt;nuevos y antiguos beneficios (Mt., 13, 52) reservados&lt;br /&gt;para sola María Purísima; y como era tierra bendita, no&lt;br /&gt;sólo no se malograba en ella la semilla de la palabra&lt;br /&gt;eterna y sus dones y favores, ni sólo daba ciento por uno&lt;br /&gt;(Lc. 8, 8) como el mayor de los Santos, pero con admiración&lt;br /&gt;del cielo una tierna niña sobreexcedía en amor,&lt;br /&gt;agradecimiento, alabanza y todas las virtudes posibles a&lt;br /&gt;los más supremos y ardientes Serafines, sin perder&lt;br /&gt;tiempo, lugar, ocasión, ni ministerio en que no obrase lo&lt;br /&gt;sumo, entonces posible, de la perfección.&lt;br /&gt;661. En los tiernos años de su infancia, que ya era&lt;br /&gt;manifiesta su capacidad para leer las Escrituras, leía muy&lt;br /&gt;de ordinario en ellas; y como estaba llena de sabiduría,&lt;br /&gt;confería en su corazón lo que por las Divinas revelaciones&lt;br /&gt;sabía con lo que en las Escrituras estaba revelado para&lt;br /&gt;todos; y en esta lección y conferencias ocultas hacía&lt;br /&gt;peticiones y oraciones continuas y fervorosas por la&lt;br /&gt;redención del linaje humano y Encarnación del Verbo&lt;br /&gt;divino. Leía más de ordinario las Profecías de Isaías y&lt;br /&gt;Jeremías y los Salmos, por estar más expresos y repetidos&lt;br /&gt;en estos Profetas los Misterios del Mesías y de la Ley de&lt;br /&gt;Gracia; y sobre lo que de ellos entendía y comprendía,&lt;br /&gt;preguntaba y proponía cuestiones a los Santos Ángeles&lt;br /&gt;altísimas y admirables; y muchas veces del Misterio de la&lt;br /&gt;Humanidad Santísima del Verbo hablaba con&lt;br /&gt;incomparable ternura, y de que había de ser niño, nacer,&lt;br /&gt;criarse como los demás hombres y que había de nacer de&lt;br /&gt;madre virgen, crecer, padecer y morir por todos los hijos&lt;br /&gt;de Adán.&lt;br /&gt;20&lt;br /&gt;662. A estas conferencias y preguntas le respondían sus&lt;br /&gt;Ángeles y Serafines, ilustrándola de nuevo,&lt;br /&gt;confirmándola, y caldeando su ardiente y virginal&lt;br /&gt;corazón en nuevas llamas de Divino amor; pero&lt;br /&gt;ocultándole siempre su dignidad altísima, aunque ella&lt;br /&gt;se ofrecía con humildad profundísima muchas veces por&lt;br /&gt;esclava del Señor y de la feliz Madre que había de&lt;br /&gt;elegir para nacer en el mundo. Otras veces,&lt;br /&gt;preguntando a los Ángeles Santos, decía con admiración:&lt;br /&gt;Príncipes y señores míos ¿es posible que el mismo&lt;br /&gt;Criador ha de nacer de una criatura y la ha de tener por&lt;br /&gt;Madre? ¿Que el Omnipotente e Infinito, el que fabricó los&lt;br /&gt;cielos y no cabe en ellos, ha de encerrarse en el vientre&lt;br /&gt;de una mujer y se ha de vestir de una breve naturaleza&lt;br /&gt;terrena? El que viste de hermosura los elementos, los&lt;br /&gt;cielos y a los mismos Ángeles ¿se ha de hacer pasible? ¿Y&lt;br /&gt;que ha de haber mujer de nuestra misma naturaleza&lt;br /&gt;humana, que sea tan dichosa que pueda llamar Hijo al&lt;br /&gt;mismo que de nada la hizo, y que ella se ha de oír llamar&lt;br /&gt;Madre del que es increado y criador de todo el&lt;br /&gt;universo? ¡Oh milagro inaudito! Si el mismo Autor no&lt;br /&gt;le manifestara, ¿cómo podía la capacidad terrena hacer&lt;br /&gt;concepto tan magnífico? ¡Oh maravilla de sus maravillas!&lt;br /&gt;¡Oh felices y bienaventurados los ojos que le vieren y los&lt;br /&gt;siglos que le merecieren! A estos afectos y&lt;br /&gt;exclamaciones amorosas le respondían los Santos&lt;br /&gt;Ángeles, declarándole los sacramentos divinos, fuera de&lt;br /&gt;lo que a ella le tocaba y pertenecía.&lt;br /&gt;663. Cualquiera de los altos, humildes y encendidos&lt;br /&gt;afectos de la niña María eran aquel cabello de la Esposa&lt;br /&gt;que hería el corazón de Dios (Cant., 4, 9) con tan dulce&lt;br /&gt;flecha de amor, que, si no fuera conveniente aguardar la&lt;br /&gt;edad competente y oportuna para concebir y parir al&lt;br /&gt;Verbo humanado, no pudiera —a nuestro modo de&lt;br /&gt;entender— contenerse el agrado del Altísimo, sin tomar&lt;br /&gt;luego nuestra humanidad en sus entrañas; pero no lo&lt;br /&gt;21&lt;br /&gt;hizo, aunque desde su niñez en la gracia y merecimientos&lt;br /&gt;estaba ya capaz, porque se disimulara mejor y&lt;br /&gt;ocultara el sacramento de la Encarnación, y la honra de&lt;br /&gt;su Madre Santísima estuviera también más oculta y más&lt;br /&gt;segura, correspondiendo su virginal parto a la edad&lt;br /&gt;natural de otras mujeres; y esta dilación entretenía el&lt;br /&gt;Señor con los afectos y cánticos agradables que —a&lt;br /&gt;nuestro entender— escuchaba atento en su Hija y Esposa,&lt;br /&gt;que luego había de ser Madre digna del Eterno Verbo. Y&lt;br /&gt;fueron tantos y tan altos los cánticos y salmos que hizo&lt;br /&gt;nuestra Reina y Señora que —según la luz que de esto se&lt;br /&gt;me ha dado— si quedaran escritos, tuviera la Santa&lt;br /&gt;Iglesia muchos más que de todos los Profetas y&lt;br /&gt;Santos, porque María Purísima dijo y comprendió todo lo&lt;br /&gt;que ellos escribieron; y sobre eso entendió y dijo mucho&lt;br /&gt;más que ellos no alcanzaron. Pero ordenó el Altísimo que&lt;br /&gt;su Iglesia Militante tuviese en las Escrituras de los&lt;br /&gt;Apóstoles y Profetas todo lo necesario con&lt;br /&gt;superabundancia; y lo que reveló a su Madre Santísima,&lt;br /&gt;reservó escrito en su mente Divina, para que en la Iglesia&lt;br /&gt;Triunfante se manifieste lo que fuere conveniente a la&lt;br /&gt;gloria accidental de los Bienaventurados.&lt;br /&gt;664. A más de esto, la Divina dignación condescendió&lt;br /&gt;con la voluntad santísima de María Señora nuestra que,&lt;br /&gt;para engrandecer su prudentísima humildad y dejar a los&lt;br /&gt;mortales este raro ejemplar en tan excelentes virtudes,&lt;br /&gt;siempre quiso ocultar el sacramento del Rey (Tob., 12, 7);&lt;br /&gt;y cuando fue necesario revelarle en algo para el&lt;br /&gt;obsequio de Su Majestad y beneficio de la Iglesia,&lt;br /&gt;procedió María Purísima con tan Divina prudencia, que&lt;br /&gt;siendo Maestra no dejó de ser siempre humildísima&lt;br /&gt;discípula. En su niñez consultaba a los Ángeles Santos y&lt;br /&gt;seguía su consejo; después que nació el Verbo Humanado&lt;br /&gt;tuvo a su Unigénito por Maestro y Ejemplar en todas sus&lt;br /&gt;acciones; y al fin de sus misterios y subida a los cielos&lt;br /&gt;obedecía la gran Reina de todo el universo a los&lt;br /&gt;22&lt;br /&gt;Apóstoles, como en el discurso de esta Historia diremos.&lt;br /&gt;Y esta fue una de las razones por que San Juan Evangelista,&lt;br /&gt;los misterios que escribió de esta Señora en el&lt;br /&gt;Apocalipsis, los encubrió con tantos enigmas, que se&lt;br /&gt;pudiesen entender de toda la Iglesia Militante o&lt;br /&gt;Triunfante.&lt;br /&gt;665. Determinó el Altísimo que la plenitud de gracias y&lt;br /&gt;virtudes de la princesa María anticipasen el colmo de&lt;br /&gt;merecimientos, extendiéndose a las obras arduas y&lt;br /&gt;magnánimas en el modo posible a sus tiernos años. Y en&lt;br /&gt;una de las visiones que se le manifestó Su Majestad, la&lt;br /&gt;dijo: Esposa y paloma mía, yo te amo con amor infinito, y&lt;br /&gt;de ti quiero lo más agradable a mis ojos y la satisfacción&lt;br /&gt;entera de mi deseo. No ignoras, hija mía, el tesoro oculto&lt;br /&gt;que encierran los trabajos y penalidades que la ciega&lt;br /&gt;ignorancia de los mortales aborrece y que mi Unigénito,&lt;br /&gt;cuando se vista de la naturaleza humana, enseñará el&lt;br /&gt;camino de la Cruz con ejemplo y con doctrina,&lt;br /&gt;dejándola por herencia a sus escogidos, como él mismo&lt;br /&gt;la elegirá para sí, y establecerá la Ley de Gracia,&lt;br /&gt;fundando su firmeza y excelencia en la humildad y&lt;br /&gt;paciencia de la cruz y penalidades; porque así lo pide la&lt;br /&gt;condición de la misma naturaleza de los hombres y&lt;br /&gt;mucho más después que por el pecado quedó&lt;br /&gt;depravada y mal inclinada. Y también es conforme a&lt;br /&gt;mi equidad y providencia, que los mortales alcancen y&lt;br /&gt;granjeen la corona de la gloria por medio de los trabajos&lt;br /&gt;y cruz, por donde se la ha de merecer mi Hijo unigénito&lt;br /&gt;humanado. Por esta razón entenderás, Esposa mía, que&lt;br /&gt;habiéndote elegido con mi diestra para mis delicias y habiéndote&lt;br /&gt;enriquecido de mis dones, no será justo que&lt;br /&gt;mi gracia esté ociosa en tu corazón, ni tu amor carezca&lt;br /&gt;de su fruto, ni te falte la herencia de mis escogidos; y así&lt;br /&gt;quiero que te dispongas a padecer tribulaciones y&lt;br /&gt;penalidades por mi amor.&lt;br /&gt;23&lt;br /&gt;666. A esta proposición del Altísimo respondió la&lt;br /&gt;invencible María con más constante corazón que todos&lt;br /&gt;los Santos y Mártires han tenido en el mundo, y dijo a Su&lt;br /&gt;Majestad: Señor Dios mío y Rey Altísimo, todas mis&lt;br /&gt;operaciones y potencias y el mismo ser que de vuestra&lt;br /&gt;bondad infinita he recibido, tengo dedicado a vuestro&lt;br /&gt;Divino beneplácito, para que en todo se cumpla según la&lt;br /&gt;elección de vuestra infinita sabiduría y bondad. Y si me&lt;br /&gt;dais licencia para que yo haga elección de alguna cosa,&lt;br /&gt;sólo quiero hacerla del padecer por vuestro amor hasta&lt;br /&gt;la muerte; y suplicaros, bien mío, hagáis de esta esclava&lt;br /&gt;vuestra un sacrificio y holocausto de paciencia aceptable&lt;br /&gt;en vuestros ojos. Yo confieso, Señor y Dios poderoso y&lt;br /&gt;liberalísimo, mi deuda, y que ninguna de las criaturas&lt;br /&gt;debe tan grande retribución, ni todas juntas están tan&lt;br /&gt;empeñadas como yo sola, la más insuficiente para el&lt;br /&gt;descargo que deseo dar a vuestra magnificencia; pero si&lt;br /&gt;el padecer por vos admitís por alguna retribución, vengan&lt;br /&gt;sobre mí todas las tribulaciones y dolores de la muerte;&lt;br /&gt;sólo pido vuestra divina protección y postrada ante el&lt;br /&gt;trono real de Vuestra Majestad infinita os suplico no me&lt;br /&gt;desamparéis. Acordaos, Señor mío, de las promesas&lt;br /&gt;fieles que por nuestros antiguos Padres y Profetas tenéis&lt;br /&gt;hechas a vuestros fieles de favorecer al justo, estar con el&lt;br /&gt;atribulado, consolar al afligido y hacerle sombra y&lt;br /&gt;defenderle en el conflicto de la tribulación;&lt;br /&gt;verdaderas son vuestras palabras, infalibles y ciertas&lt;br /&gt;vuestras promesas; primero faltará el cielo y la tierra que&lt;br /&gt;falten ellas; no podrá la malicia de la criatura extinguir&lt;br /&gt;Vuestra Caridad al que esperare en Vuestra Misericordia;&lt;br /&gt;hágase en mí vuestra voluntad perfecta y santa.&lt;br /&gt;667. Recibió el Altísimo este sacrificio matutino de la&lt;br /&gt;tierna esposa y niña María Santísima, y con agradable&lt;br /&gt;semblante la dijo: Hermosa eres en tus pensamientos,&lt;br /&gt;hija del Príncipe, paloma mía y dilecta mía; yo admito tus&lt;br /&gt;deseos agradables a mis ojos y quiero que en su&lt;br /&gt;24&lt;br /&gt;cumplimiento entiendas se llega el tiempo en que, por mí&lt;br /&gt;Divina disposición, tu padre Joaquín ha de pasar de la&lt;br /&gt;vida mortal para la inmortal y eterna; su muerte será muy&lt;br /&gt;breve y luego descansará en paz y será puesto con los&lt;br /&gt;Santos en el Limbo, aguardando la Redención de todo el&lt;br /&gt;linaje humano.—Este aviso del Señor no turbó ni alteró el&lt;br /&gt;pecho real de la Princesa del Cielo María; pero como el&lt;br /&gt;amor de los hijos a los padres es deuda justa de la misma&lt;br /&gt;naturaleza, y en la santísima niña tenía este amor toda su&lt;br /&gt;perfección, no se podía excusar el natural dolor de&lt;br /&gt;carecer de su santísimo padre Joaquín, a quien&lt;br /&gt;santamente amaba como hija. Sintió la tierna y dulce&lt;br /&gt;niña María este doloroso movimiento compatible con la&lt;br /&gt;serenidad de su magnánimo corazón, y obrando en todo&lt;br /&gt;con grandeza, dando el punto a la gracia y a la&lt;br /&gt;naturaleza, hizo una ferviente oración por su padre&lt;br /&gt;Joaquín. Pidió al Señor le mirase como poderoso y Dios&lt;br /&gt;verdadero en el tránsito de su dichosa muerte y le defendiese&lt;br /&gt;del demonio, singularmente en aquella hora, y le&lt;br /&gt;conservase y constituyese en el número de sus electos,&lt;br /&gt;pues en su vida había confesado y engrandecido su Santo&lt;br /&gt;y admirable Nombre; y para obligar más a Su Majestad,&lt;br /&gt;se ofreció la fidelísima hija a padecer por su padre&lt;br /&gt;Santísimo Joaquín todo lo que el Señor ordenase.&lt;br /&gt;668. Aceptó Su Majestad esta petición y consoló a la&lt;br /&gt;divina niña, asegurándola que asistiría a su padre como&lt;br /&gt;misericordioso y piadoso remunerador de los que le aman&lt;br /&gt;y sirven y que le colocaría entre los Patriarcas Abrahán,&lt;br /&gt;Isaac y Jacob; y la previno de nuevo para recibir y&lt;br /&gt;padecer otros trabajos. Ocho días antes de la muerte del&lt;br /&gt;Santo Patriarca Joaquín tuvo María Santísima otro nuevo&lt;br /&gt;aviso del Señor, declarándole el día y hora en que había&lt;br /&gt;de morir, como en efecto sucedió, habiendo pasado sólo&lt;br /&gt;seis meses después que nuestra Reina entró a vivir en el&lt;br /&gt;Templo. Después que Su Alteza tuvo estos avisos del&lt;br /&gt;Señor, pidió a los doce Ángeles —que arriba he dicho (Cf.&lt;br /&gt;25&lt;br /&gt;supra n. 202, 273, 371) eran los que nombra San Juan en&lt;br /&gt;el Apocalipsis (Sal., 127, 5)— asistiesen a su padre&lt;br /&gt;Joaquín en su enfermedad y le confortasen y consolasen&lt;br /&gt;en ella; y así lo hicieron. Y para la última hora de su&lt;br /&gt;tránsito envió a todos los de su guarda y pidió al Señor se&lt;br /&gt;los manifestase a su padre para mayor consuelo suyo.&lt;br /&gt;Concediólo el Altísimo, y en todo confirmó el deseo de su&lt;br /&gt;electa, única y perfecta; y el Gran Patriarca y dichoso&lt;br /&gt;Joaquín vio a los mil Ángeles Santos que guardaban a su&lt;br /&gt;hija María, a cuyas peticiones y votos sobreabundó la&lt;br /&gt;gracia del Todopoderoso; y por su mandado dijeron los&lt;br /&gt;Ángeles a San Joaquín estas razones:&lt;br /&gt;669. Varón de Dios, sea el Altísimo y poderoso tu salud&lt;br /&gt;eterna y envíete de su lugar santo el auxilio necesario y&lt;br /&gt;oportuno para tu alma. María, tu hija, nos envía para&lt;br /&gt;asistir contigo en esta hora que has de pagar a tu Criador&lt;br /&gt;la deuda de la muerte natural. Ella es fidelísima y&lt;br /&gt;poderosa intercesora tuya con el Altísimo, en cuyo nombre&lt;br /&gt;y paz parte de este mundo consolado y alegre,&lt;br /&gt;porque te hizo padre de tan bendita hija. Y aunque Su&lt;br /&gt;Majestad incomprensible, por sus ocultos juicios, no te ha&lt;br /&gt;manifestado hasta ahora el sacramento y dignidad en&lt;br /&gt;que ha de constituir a tu hija, quiere que lo conozcas&lt;br /&gt;ahora, para que le magnifiques y alabes y juntes el júbilo&lt;br /&gt;de tu espíritu con tal nueva al dolor y tristeza natural de&lt;br /&gt;la muerte. María, tu hija y nuestra Reina, es la escogida&lt;br /&gt;por el brazo del Omnipotente para que en sus entrañas&lt;br /&gt;se vista de carne y forma humana el Verbo Divino. Ella ha&lt;br /&gt;de ser la feliz Madre del Mesías y la bendita entre las&lt;br /&gt;mujeres, la superior a todas las criaturas y sólo al mismo&lt;br /&gt;Dios inferior. Tu hija dichosísima ha de ser la Reparadora&lt;br /&gt;de lo que perdió el linaje humano por la primera culpa y&lt;br /&gt;el monte alto donde se ha de formar y establecer la&lt;br /&gt;nueva ley de gracia; y si dejas ya en el mundo su&lt;br /&gt;Restauradora y una hija por quien le prepara Dios el&lt;br /&gt;remedio oportuno, parte de él con júbilo de tu alma, y&lt;br /&gt;26&lt;br /&gt;bendígate el Señor desde Sión (Sal.,127, 5) y te&lt;br /&gt;constituya entre la parte de los Santos, para que llegues&lt;br /&gt;a la vista y gozo de la feliz Jerusalén.&lt;br /&gt;670. Cuando los Ángeles Santos hablaron a San&lt;br /&gt;Joaquín estas palabras, estaba su esposa Santa Ana&lt;br /&gt;presente, asistiendo a la cabecera de su lecho, y las oyó&lt;br /&gt;y entendió por Divina disposición; y al mismo punto el&lt;br /&gt;Santo Patriarca Joaquín perdió el habla y, entrando en la&lt;br /&gt;vereda común de toda carne, comenzó a agonizar con&lt;br /&gt;una lucha maravillosa entre el júbilo de tan alegre nueva&lt;br /&gt;y el dolor de su muerte. En este conflicto con las&lt;br /&gt;potencias interiores hizo muchos y fervorosos actos de&lt;br /&gt;amor divino, de fe, de admiración, de alabanza, de&lt;br /&gt;agradecimiento y humillación, y otras virtudes ejercitó&lt;br /&gt;heroicamente; y así absorto en el nuevo conocimiento de&lt;br /&gt;tan Divino Misterio, llegó al término de la vida natural&lt;br /&gt;con la preciosa muerte de los santos (Sal., 115, 15). Su&lt;br /&gt;Alma Santísima fue llevada por los Ángeles al Limbo de&lt;br /&gt;los Santos Padres y justos; y para nuevo consuelo y luz de&lt;br /&gt;la prolija noche con que vivían, ordenó el Altísimo que el&lt;br /&gt;alma del Santo Patriarca Joaquín fuese el nuevo&lt;br /&gt;paraninfo y legado de su gran Majestad, que diese parte&lt;br /&gt;a toda aquella congregación de justos cómo amanecía ya&lt;br /&gt;el día de la eterna luz y era nacida el alba María&lt;br /&gt;Purísima, hija de Joaquín y de Ana, de quien nacería el&lt;br /&gt;Sol de la Divinidad, Cristo Reparador de todo el linaje&lt;br /&gt;humano. Estas nuevas oyeron los Santos Padres y Justos&lt;br /&gt;del Limbo, y con el júbilo que recibieron, hicieron nuevos&lt;br /&gt;cánticos de alabanza al Altísimo.&lt;br /&gt;671. Sucedió esta feliz muerte del patriarca San&lt;br /&gt;Joaquín medio año —como dije arriba (Cf. supra n. 668)—&lt;br /&gt;después que su hija María Santísima entró en el Templo,&lt;br /&gt;que eran tres y medio de su tierna edad, cuando quedó&lt;br /&gt;sin padre natural en la tierra; y de la edad del Patriarca&lt;br /&gt;eran sesenta y nueve años, partidos y divididos en esta&lt;br /&gt;27&lt;br /&gt;forma: de cuarenta y seis años recibió a Santa Ana por&lt;br /&gt;esposa, a los veinte años del matrimonio tuvieron a María&lt;br /&gt;Santísima, y tres y medio que Su Alteza tenía, hacen los&lt;br /&gt;sesenta y nueve y medio, día más o menos.&lt;br /&gt;672. Difunto el Santo Patriarca y padre de nuestra&lt;br /&gt;Reina, volvieron luego a su presencia los Santos Ángeles&lt;br /&gt;de su custodia, que la dieron noticia de todo lo sucedido&lt;br /&gt;en el tránsito de su padre; y luego la prudentísima niña&lt;br /&gt;solicitó con oraciones el consuelo de su madre Santa Ana,&lt;br /&gt;pidiendo al Señor la gobernase y asistiese como padre&lt;br /&gt;en la soledad que la dejaba la falta de su esposo&lt;br /&gt;Joaquín. Envióle también la misma Santa Ana el aviso de&lt;br /&gt;la muerte, y diéronsele primero a la maestra de nuestra&lt;br /&gt;divina Princesa, para que dándole noticia de ello la&lt;br /&gt;consolase. Hízolo así la maestra, y la niña sapientísima la&lt;br /&gt;oyó con disimulación y agrado, pero con paciencia y&lt;br /&gt;modestia de Reina, y que no ignoraba el suceso que la&lt;br /&gt;refería su maestra por nuevo. Pero como en todo era&lt;br /&gt;perfectísima, se fue luego al Templo repitiendo el&lt;br /&gt;sacrificio de alabanza, humildad, paciencia y otras&lt;br /&gt;virtudes y oraciones, procediendo siempre con pasos tan&lt;br /&gt;acelerados como hermosos (Cant.,7, 1) en los ojos del&lt;br /&gt;Muy Alto. Y para el colmo de estas acciones, como de las&lt;br /&gt;demás, pedía a los Santos Ángeles concurriesen con ella&lt;br /&gt;y la ayudasen a bendecirle y alabarle.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Reina del cielo.&lt;br /&gt;673. Hija mía, repite muchas veces en tu secreto el&lt;br /&gt;aprecio que debes hacer del beneficio de los trabajos,&lt;br /&gt;que la oculta providencia dispensa con justificación a los&lt;br /&gt;mortales. Estos son los juicios justificados en sí mismos, y&lt;br /&gt;más estimables que las preciosas piedras y el oro, y más&lt;br /&gt;dulces que el panal de miel (Sal., 18, 10-11), para quien&lt;br /&gt;tiene concertado el gusto de la razón. Quiero, alma, que&lt;br /&gt;adviertas que padecer y ser trabajada la criatura sin&lt;br /&gt;28&lt;br /&gt;culpa, o no, por ellas, es beneficio de que no puede ser&lt;br /&gt;digna sin grande misericordia del Altísimo; y el dar a&lt;br /&gt;padecer por sus culpas, aunque es misericordia, tiene&lt;br /&gt;mucho de justicia. Conforme a esto advierte ahora la&lt;br /&gt;común insania de los hijos de Adán, que todos quieren y&lt;br /&gt;apetecen regalos, beneficios y favores de su gusto&lt;br /&gt;sensibles, y se desvelan y trabajan por arrojar de sí lo&lt;br /&gt;penoso y prevenir que no les toque el dolor de los&lt;br /&gt;trabajos; y siendo así que su mayor dicha fuera&lt;br /&gt;buscarlos con diligencia sin merecerlos, la ponen toda&lt;br /&gt;en desviar lo que merecen, y sin lo que no pueden ser&lt;br /&gt;dichosos ni bienaventurados.&lt;br /&gt;674. Si el oro huye de la hornaza, el hierro de la lima, el&lt;br /&gt;grano del molino y del trillo, las uvas de la prensa, todos&lt;br /&gt;serán inútiles y no se conseguirá el fin para que fueron&lt;br /&gt;criados. Pues ¿cómo se dejan engañar los mortales,&lt;br /&gt;suponiendo que estando llenos de feos vicios y&lt;br /&gt;abominaciones de culpas, sin la hornaza y sin la lima de&lt;br /&gt;los trabajos, han de salir puros y dignos de gozar de Dios&lt;br /&gt;eternamente? Si cuando fueran inocentes no eran aptos&lt;br /&gt;ni beneméritos de conseguir el bien infinito y eterno por&lt;br /&gt;premio y por corona ¿cómo lo serán estando en tinieblas&lt;br /&gt;y en desgracia del mismo Dios? Y sobre todo esto los hijos&lt;br /&gt;de la perdición emplean todo su desvelo en conservarse&lt;br /&gt;indignos y enemigos de Dios y en arrojar de sí la cruz de&lt;br /&gt;los trabajos, que son el camino para volver al mismo Dios,&lt;br /&gt;la luz del entendimiento, desengaño de lo aparente,&lt;br /&gt;alimento de los justos, medio único de la gracia, precio&lt;br /&gt;de la gloria y sobre todo herencia legítima de mi Hijo y&lt;br /&gt;mi Señor que eligió para sí y para sus electos, naciendo y&lt;br /&gt;viviendo siempre en trabajos y muriendo en Cruz.&lt;br /&gt;675. Por aquí, hija mía, has de medir el precio del&lt;br /&gt;padecer, que los mundanos no alcanzan; porque son&lt;br /&gt;indignos de esta ciencia Divina, y como la ignoran la&lt;br /&gt;desprecian. Alégrate y consuélate en las tribulaciones, y&lt;br /&gt;29&lt;br /&gt;cuando el Altísimo se dignare de enviarte alguna, procura&lt;br /&gt;tú salirle al encuentro, para recibirla como bendición&lt;br /&gt;suya y prenda de su amor y gloria. Dilata tu corazón con&lt;br /&gt;la magnanimidad y constancia, para que en la ocasión&lt;br /&gt;del padecer seas igual y la misma que eres en lo&lt;br /&gt;próspero y en los propósitos; y no cumplas con tristeza lo&lt;br /&gt;que prometes con alegría (2 Cor., 9, 7); porque el Señor&lt;br /&gt;ama a quien es el mismo en dar y en ofrecer. Sacrifica,&lt;br /&gt;pues, tu corazón y potencias en holocausto de paciencia&lt;br /&gt;y cantarás con cánticos nuevos de alegría y alabanza las&lt;br /&gt;justificaciones del Altísimo, cuando en el lugar de tu&lt;br /&gt;peregrinación te señalare y tratare como suya con la&lt;br /&gt;señal de su amistad, que son los trabajos y cruz de las&lt;br /&gt;tribulaciones.&lt;br /&gt;676. Advierte, carísima, que mi Hijo Santísimo y yo&lt;br /&gt;deseamos tener entre las criaturas alguna alma de las&lt;br /&gt;que han llegado al camino de la cruz, a quien&lt;br /&gt;pudiésemos enseñar ordenadamente esta Divina ciencia,&lt;br /&gt;y desviarla de la sabiduría mundana y diabólica, en que&lt;br /&gt;los hijos de Adán con ciega porfía se quieren adelantar y&lt;br /&gt;arrojar de sí la saludable disciplina de los trabajos. Si&lt;br /&gt;quieres ser nuestra discípula entra en esta escuela,&lt;br /&gt;donde sólo se enseña la doctrina de la Cruz, y busca en&lt;br /&gt;ella el descanso y las delicias verdaderas. Con esta&lt;br /&gt;sabiduría no se compadece el amor terreno de los&lt;br /&gt;deleites sensibles y riquezas; no la vana ostentación y&lt;br /&gt;pompa que fascina los flacos ojos de los mundanos,&lt;br /&gt;codiciosos de la honra vana, de lo precioso y grande que&lt;br /&gt;lleva tras de sí la admiración de los ignorantes. Tú, hija&lt;br /&gt;mía, ama y elige para ti la mejor parte y ser de las ocultas&lt;br /&gt;y olvidadas del mundo. Madre era yo del mismo Dios&lt;br /&gt;Humanado y Señora por esta parte de todo lo criado con&lt;br /&gt;mi Hijo Santísimo, pero fui poco conocida, y Su Majestad&lt;br /&gt;muy despreciado de los hombres; y si no fuera esta&lt;br /&gt;doctrina la más estimable y segura, no la enseñáramos&lt;br /&gt;con ejemplo y con palabras: ésta es la luz que luce en las&lt;br /&gt;30&lt;br /&gt;tinieblas (Jn., 1, 5), amada de los escogidos y aborrecida&lt;br /&gt;de los réprobos.&lt;br /&gt;CAPITULO 17&lt;br /&gt;Comienza a padecer en su niñez la Princesa del&lt;br /&gt;Cielo María Santísima; auséntasele Dios; sus querellas&lt;br /&gt;dulces y amorosas.&lt;br /&gt;677. El Altísimo, que con infinita sabiduría dispensa el&lt;br /&gt;gobierno de los suyos en peso y medida (Sab., 11, 21),&lt;br /&gt;determinó ejercitar a nuestra divina Princesa con algunos&lt;br /&gt;trabajos proporcionados a su edad y estado de la niñez,&lt;br /&gt;aunque siempre grande en la gracia, que por este medio&lt;br /&gt;le quería acrecentar con mayor gloria. Muy llena estaba&lt;br /&gt;de sabiduría y gracia nuestra niña María; pero con todo&lt;br /&gt;eso convenía que fuese estudiante de experiencia y en&lt;br /&gt;ella se adelantase y aprendiese la ciencia del padecer&lt;br /&gt;trabajos, que con el uso llega a su última perfección y&lt;br /&gt;valor. En el breve curso de sus tiernos años había gozado&lt;br /&gt;de las delicias del Altísimo y sus regalos de los Santos&lt;br /&gt;Ángeles, también de sus padres, y en el Templo de los de&lt;br /&gt;su maestra y sacerdotes, porque en los ojos de todos era&lt;br /&gt;graciosa y amable; convenía ya que del bien que poseía&lt;br /&gt;comenzase a tener otra nueva ciencia y conocimiento que&lt;br /&gt;se adquiere con la ausencia y privación de él, y nuevo uso&lt;br /&gt;que ocasiona de las virtudes, confiriendo el estado de los&lt;br /&gt;regalos y caricias con el de la soledad, sequedad y&lt;br /&gt;tribulaciones.&lt;br /&gt;678. El primero de los trabajos que padeció nuestra&lt;br /&gt;Princesa fue suspender el Señor las continuas visiones&lt;br /&gt;que la comunicaba; y fue tanto mayor este dolor, cuanto&lt;br /&gt;él era nuevo y desacostumbrado, y más alto y precioso el&lt;br /&gt;tesoro que perdía de vista. Ocultáronsele también los&lt;br /&gt;Santos Ángeles, y con el retiro de tantos, tan excelentes y&lt;br /&gt;divinos objetos que a un mismo tiempo se escondieron de&lt;br /&gt;31&lt;br /&gt;su vista, aunque no se alejaron de su compañía y&lt;br /&gt;protección, quedó aquella alma purísima a su parecer&lt;br /&gt;como desierta y sola en la noche oscura de la ausencia&lt;br /&gt;de su Amado que la vestía de luz.&lt;br /&gt;679. Hízole novedad este suceso a nuestra Niña Reina;&lt;br /&gt;porque el Señor, aunque la había prevenido por mayor&lt;br /&gt;para recibir trabajos, no la había determinado cuáles&lt;br /&gt;serían. Y como el cándido corazón de la sencillísima&lt;br /&gt;paloma nada podía pensar ni obrar que no fuese fruto de&lt;br /&gt;su humildad y amor incomparable, resolvíase toda en&lt;br /&gt;estas dos virtudes: con la humildad atribuía a su&lt;br /&gt;ingratitud no haber merecido la presencia y posesión del&lt;br /&gt;bien perdido, y con el encendido amor le solicitaba y&lt;br /&gt;buscaba con tales y tan amorosos afectos y dolor, que no&lt;br /&gt;hay palabras para encarecerlo. Convertíase toda al&lt;br /&gt;Señor en aquel nuevo estado que sentía, y díjole:&lt;br /&gt;680. Dios Altísimo y Señor de todo lo criado, en bondad&lt;br /&gt;infinito y rico en misericordias, confieso, Dueño mío, que&lt;br /&gt;tan vil criatura no pudo merecer vuestras favores, y mi&lt;br /&gt;alma con íntimo dolor se recela de su propia ingratitud y&lt;br /&gt;vuestro desagrado. Si ella se ha interpuesto para&lt;br /&gt;eclipsarme el sol que me animaba, vivificaba y alumbraba&lt;br /&gt;y he sido remisa en el retorno de tantos beneficios,&lt;br /&gt;conozca yo, Señor y Pastor mío, la culpa de mi grosero&lt;br /&gt;descuido. Si como ignorante y simple ovejuela no supe&lt;br /&gt;ser agradecida y obrar lo más acepto a vuestros ojos,&lt;br /&gt;postrada estoy en tierra y unida con el polvo, para que&lt;br /&gt;vos, mi Dios, que habitáis en las alturas, me levantéis por&lt;br /&gt;pobre y destituida (Sal., 112, 5-7). Vuestras manos&lt;br /&gt;poderosas me formaron (Job 10, 8) y no podéis ignorar&lt;br /&gt;nuestro figmento (Sal., 102, 14) y en qué vaso depositáis&lt;br /&gt;vuestros tesoros. Mi alma desfallece en su amargura&lt;br /&gt;(Sal., 30, 11); y en vuestra ausencia, que sois su dulce&lt;br /&gt;vida, nadie puede dar alimento a mi deliquio. ¿Adonde&lt;br /&gt;iré de vos ausente? ¿Adonde volveré los ojos sin la luz&lt;br /&gt;32&lt;br /&gt;que los alumbra? ¿Quién me consolará si todo es pena?&lt;br /&gt;¿Quién me preservará de la muerte sin la vida?&lt;br /&gt;681. Volvíase también a los Santos Ángeles y&lt;br /&gt;continuando sin cesar en sus querellas amorosas, les&lt;br /&gt;hablaba y les decía: Príncipes Celestiales, embajadores&lt;br /&gt;del supremo y gran Rey de las alturas y amigos&lt;br /&gt;fidelísimos de mi alma ¿por qué también me habéis&lt;br /&gt;dejado? ¿Por qué me priváis de vuestra dulce vista y me&lt;br /&gt;negáis vuestra presencia? Pero no me admiro, Señores&lt;br /&gt;míos, de vuestro enojo, si por desgracia mía he&lt;br /&gt;merecido caer en el de vuestro Criador y mío. Luceros de&lt;br /&gt;los cielos, alumbrad en esta mi ignorancia a mi entendimiento&lt;br /&gt;y si tengo culpa corregidme y alcanzad de mi&lt;br /&gt;Dueño me perdone. Nobilísimos cortesanos de la feliz&lt;br /&gt;Jerusalén, doleos de mi aflicción y desamparo; decidme&lt;br /&gt;dónde fue mi amado; decidme donde se ha escondido;&lt;br /&gt;decidme dónde le hallaré sin andar vagueando y&lt;br /&gt;discurriendo por los rebaños de todas las criaturas&lt;br /&gt;(Cant., 1, 6). Pero ¡ay de mí, que tampoco me respondéis&lt;br /&gt;vosotros, siendo tan corteses y que expresamente&lt;br /&gt;conocéis las señas de mi Esposo, porque no os arroja de&lt;br /&gt;la vista de su rostro y hermosura!&lt;br /&gt;682. Convertíase luego al resto de las otras criaturas y&lt;br /&gt;con repetidas ansias de amor hablaba con ellas, y decía:&lt;br /&gt;Sin duda que vosotras, que también estáis armadas&lt;br /&gt;(Sab., 5, 18) contra los ingratos, estaréis indignadas,&lt;br /&gt;como agradecidas, contra quien no lo ha sido; pero si&lt;br /&gt;por la bondad de mi Señor y vuestro me consentís entre&lt;br /&gt;vosotras, aunque yo soy la más vil, no podéis satisfacer a&lt;br /&gt;mi deseo. Muy bellos y espaciosos sois los cielos,&lt;br /&gt;hermosos y refulgentes los planetas y todas las estrellas,&lt;br /&gt;grandes e invencibles los elementos, adornada la tierra&lt;br /&gt;y vestida de plantas olorosas y de yerbas, innumerables&lt;br /&gt;los peces de las aguas, admirables las elevaciones del&lt;br /&gt;mar (Sal., 92, 4), ligeras las aves veloces, los minerales&lt;br /&gt;33&lt;br /&gt;ocultos, fuertes los animales y todo junto es una&lt;br /&gt;continuada escala y una dulce armonía para llegar a la&lt;br /&gt;noticia de mi Amado; pero son largos rodeos para quien&lt;br /&gt;ama; y cuando por todos camine con presteza, al fin me&lt;br /&gt;quedo y hallo ausente de mi bien; y con la cierta relación&lt;br /&gt;que me dais las criaturas de su hermosura sin medida, no&lt;br /&gt;se quieta mi vuelo, no se templa el dolor, no se modera&lt;br /&gt;mi pena, crece mi congoja, aumentase el deseo,&lt;br /&gt;inflamase el corazón y en el no saciado amor la vida&lt;br /&gt;terrena desfallece. ¡Oh dulce muerte sin mi vida! ¡Oh&lt;br /&gt;penosa vida sin mi alma y sin mi Amado! ¿Qué haré?&lt;br /&gt;¿Adonde volveré? ¿Dónde vivo? Pero ¿dónde muero? Pues&lt;br /&gt;me faltó la vida ¿qué virtud es la que sin ella me&lt;br /&gt;sustenta? ¡Oh vosotras todas las criaturas que con vuestra&lt;br /&gt;repetida conservación y perfecciones me dais tantas&lt;br /&gt;señas de mi Dueño, atended si hay dolor semejante al&lt;br /&gt;mío! (Lam., 1, 12)&lt;br /&gt;683. Otras muchas razones formaba en su pecho y&lt;br /&gt;repetía en su lengua nuestra divina Señora, que no&lt;br /&gt;pueden caer en otro pensamiento criado; porque sola su&lt;br /&gt;prudencia y amor alcanzaron el peso y sentimiento del&lt;br /&gt;ausentarse Dios de una alma, habiéndole gustado y&lt;br /&gt;conocido como la de Su Alteza. Pero si los mismos Ángeles,&lt;br /&gt;como con una emulación amorosa y santa, se&lt;br /&gt;admiraban de ver en una pura criatura y tierna niña tanta&lt;br /&gt;variedad de acciones prudentísimas de humildad, de fe,&lt;br /&gt;de amor, afectos y vuelos del corazón, ¿quién podrá&lt;br /&gt;explicar el agrado y beneplácito del mismo Señor en el&lt;br /&gt;alma de su electa y sus movimientos, que cada uno hería&lt;br /&gt;el corazón de Su Majestad, y procedía de mayor gracia y&lt;br /&gt;amor que cuanto había puesto en los mismos Serafines? Y&lt;br /&gt;si todos ellos a la vista de la Divinidad no sabían ejercer&lt;br /&gt;ni imitar las acciones de María Santísima ni guardar las&lt;br /&gt;leyes del amor con tanta perfección como ella, estando&lt;br /&gt;ausente y escondido el mismo Dios, ¿qué complacencia&lt;br /&gt;sería la que con tal objeto recibía toda la Beatísima Tri34&lt;br /&gt;nidad? Oculto misterio es éste para nuestra bajeza; pero&lt;br /&gt;debemos reverenciarle con admiración y admirarle con&lt;br /&gt;toda reverencia.&lt;br /&gt;684. No hallaba nuestra candidísima paloma donde su&lt;br /&gt;corazón pudiera sosegar, ni descansar el pie (Gén., 8, 9)&lt;br /&gt;de sus afectos, que con repetidos vuelos y gemidos&lt;br /&gt;discurrían sobre todas las criaturas. Iba muchas veces al&lt;br /&gt;Señor con lágrimas y suspiros amorosos, volvía y&lt;br /&gt;solicitaba a los Ángeles de su guarda y despertaba a&lt;br /&gt;todas las criaturas, como si fueran todas capaces de&lt;br /&gt;razón; subía a aquella habitación altísima con su&lt;br /&gt;ilustrado entendimiento y ardentísimo afecto, donde el&lt;br /&gt;sumo bien se le hacía encontradizo y gozaba recíprocamente&lt;br /&gt;sus inefables delicias. Pero el supremo Señor y&lt;br /&gt;enamorado Esposo, que se dejaba poseer y no gozar de&lt;br /&gt;su querida, enardecía más y más aquel purísimo corazón&lt;br /&gt;con poseerle, acrecentando sus méritos y poseyéndole de&lt;br /&gt;nuevo por nuevos y ocultos dones, para que más poseído&lt;br /&gt;más le amase y más amado y poseído le buscase con&lt;br /&gt;nuevas invenciones y ansias de amor inflamado. Búsquele&lt;br /&gt;—decía la divina Princesa— y no le hallé; levantaréme de&lt;br /&gt;nuevo y, discurriendo más por las calles y plazas de la&lt;br /&gt;ciudad de Dios, renovaré mis cuidados (Cant., 3, 1-2).&lt;br /&gt;Pero ¡ay de mí, que mis manos destilaron mirra (Cant., 5,&lt;br /&gt;5), no bastan mis diligencias, no son poderosas mis obras&lt;br /&gt;más de para acrecentar mi dolor! Busqué al que ama mi&lt;br /&gt;corazón, búsquele y no le hallé. Ya mi querido se ausentó;&lt;br /&gt;llámele y no me respondió; volví los ojos a buscarle, pero&lt;br /&gt;las guardas de la ciudad y centinelas y todas las&lt;br /&gt;criaturas me fueron enojosas y me ofendieron con su&lt;br /&gt;vista. Hijas de Jerusalén, almas santas y justas, yo os&lt;br /&gt;ruego, yo os suplico, si encontráredeis a mi querido, le&lt;br /&gt;digáis que desfallezco y muero de su amor (Cant., 3, 1-5).&lt;br /&gt;685. En estas endechas dulces y amorosas se ocupó&lt;br /&gt;continuamente nuestra Reina algunos días, derramando&lt;br /&gt;35&lt;br /&gt;fragantísimos olores de suavidad aquel humilde nardo,&lt;br /&gt;en sus recelos despreciado del Señor, que descansaba en&lt;br /&gt;el retrete de su fidelísimo corazón. Y la Divina&lt;br /&gt;Providencia, para mayor gloria suya y superabundantes&lt;br /&gt;merecimientos de su Esposa, alargó este plazo de suerte&lt;br /&gt;que se continuó algún tiempo, aunque no fue muy largo;&lt;br /&gt;pero en él padeció la divina Señora más tormentos&lt;br /&gt;espirituales y trabajos que todos los Santos juntos;&lt;br /&gt;porque llegando a sospechar y recelarse si había perdido&lt;br /&gt;a Dios y caído en su desgracia por culpa suya, nadie&lt;br /&gt;puede encarecer ni conocer, fuera del mismo Señor,&lt;br /&gt;cuánto y cuál sería el dolor de aquel ardiente corazón&lt;br /&gt;que tanto supo amar; y para ponderarlo tenía el mismo&lt;br /&gt;Dios, y para sentirlo lo dejaba Su Majestad en los recelos&lt;br /&gt;y temores de haberlo perdido.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio mi Señora y Reina.&lt;br /&gt;686. Hija mía, todos los bienes se estiman según el&lt;br /&gt;aprecio que de ellos hacen las criaturas, y en tanto los&lt;br /&gt;aprecian, en cuanto conocen ser bienes; pero como sólo&lt;br /&gt;es uno el verdadero bien, y los demás fingidos y&lt;br /&gt;aparentes, sólo este sumo bien debe ser apreciado y&lt;br /&gt;conocido; y entonces llegarás a darle la estimación y&lt;br /&gt;amor cuando le gustares y conocieres y apreciares sobre&lt;br /&gt;todo lo criado. Por este aprecio y amor se regula el dolor&lt;br /&gt;de perderle; y así entenderás algo de los afectos que yo&lt;br /&gt;sentí cuando se me ausentaba el bien eterno, dejándome&lt;br /&gt;temerosa si acaso por culpas le perdía. Y es sin duda que&lt;br /&gt;muchas veces el dolor de estos recelos y la fuerza del&lt;br /&gt;amor me privaran de la vida, si el mismo Señor no la&lt;br /&gt;conservara.&lt;br /&gt;687. Pondera, pues, ahora, cuál debe ser el dolor de&lt;br /&gt;perder a Dios verdaderamente por pecados, si en una&lt;br /&gt;alma que no siente los malos efectos de la culpa puede&lt;br /&gt;causar tanto dolor la ausencia del verdadero bien;&lt;br /&gt;36&lt;br /&gt;siendo así que no le pierde, antes le posee, aunque&lt;br /&gt;disimulado y oculto a su propio dictamen. Esta&lt;br /&gt;sabiduría no llega a la mente de los hombres carnales,&lt;br /&gt;antes con estultísima ceguedad aprecian el aparente: y&lt;br /&gt;fingido bien y se atormentan y desconsuelan de que les&lt;br /&gt;falte. Pero del sumo y verdadero bien no hacen&lt;br /&gt;concepto ni estimación, porque nunca le gustaron ni&lt;br /&gt;conocieron. Y aunque esta ignorancia formidable&lt;br /&gt;contraída por el primer pecado la desterró mi Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, mereciéndoles la Fe y la Caridad, para que&lt;br /&gt;pudiesen conocer y gustar en algún modo el bien que&lt;br /&gt;nunca habían experimentado, pero ¡ay dolor! que la&lt;br /&gt;caridad se pierde y por cualquier deleite se pospone y&lt;br /&gt;la fe quedando ociosa y muerta no aprovecha; y así&lt;br /&gt;viven los hijos de las tinieblas, como si de la eternidad&lt;br /&gt;sólo tuviesen una fingida o dudosa relación.&lt;br /&gt;688. Teme, alma, este peligro nunca bastantemente&lt;br /&gt;ponderado; desvélate y vive siempre advertida y&lt;br /&gt;prevenida contra los enemigos que jamás duermen. Tu&lt;br /&gt;meditación de día y de noche sea cómo trabajarás para&lt;br /&gt;no perder el sumo bien que amas. No te conviene dormir&lt;br /&gt;ni dormitar entre invisibles enemigos, y si tal vez se te&lt;br /&gt;escondiere tu amado, espera con paciencia y búscale con&lt;br /&gt;solicitud sin descansar, que no sabes sus ocultos juicios; y&lt;br /&gt;para el tiempo de la ausencia y tentación lleva prevenido&lt;br /&gt;el aceite (Mt., 25, 4) de la Caridad y sana intención, para&lt;br /&gt;que no te falte y seas reprobada con las vírgenes estultas&lt;br /&gt;y necias.&lt;br /&gt;CAPITULO 18&lt;br /&gt;Continúanse otros trabajos de nuestra Reina y&lt;br /&gt;algunos que permitió el Señor por medio de criaturas y&lt;br /&gt;de la antigua serpiente.&lt;br /&gt;689. Perseveraba siempre el Altísimo escondido y oculto&lt;br /&gt;37&lt;br /&gt;con la Princesa del Cielo; y a este trabajo, que era el&lt;br /&gt;mayor, añadió Su Majestad otros con que se acrecentase&lt;br /&gt;el mérito, la gracia y la corona, inflamándose más el&lt;br /&gt;castísimo amor de la divina Señora. El Dragón grande y&lt;br /&gt;antigua serpiente Lucifer estaba atento a las obras&lt;br /&gt;heroicas de María Santísima; y si bien de las interiores no&lt;br /&gt;podía ser testigo de vista, porque se las ocultaron, pero&lt;br /&gt;estaba en asechanza de las exteriores, que eran tan&lt;br /&gt;altas y perfectas cuanto bastaba para atormentar la&lt;br /&gt;soberbia e indignación de este envidioso enemigo;&lt;br /&gt;porque le ofendía sobre toda ponderación la pureza y&lt;br /&gt;santidad de la niña María.&lt;br /&gt;690. Movido con este furor juntó un conciliábulo en el&lt;br /&gt;infierno, para consultar sobre este negocio a los&lt;br /&gt;superiores príncipes de las tinieblas, y congregados les&lt;br /&gt;propuso este razonamiento: El gran triunfo que hoy&lt;br /&gt;tenemos en el mundo con la posesión de tantas almas&lt;br /&gt;como rendimos a nuestra voluntad, me recelo y temo se&lt;br /&gt;ha de ver deshecho y humillado por medio de una mujer;&lt;br /&gt;y no podemos ignorar este peligro, pues le conocimos en&lt;br /&gt;nuestra creación y después se nos notificó la sentencia&lt;br /&gt;que la mujer nos quebrantaría la cabeza (Gén., 3, 15);&lt;br /&gt;por lo cual nos conviene estar en vela y no tener&lt;br /&gt;descuido. Noticia tenéis ya de una niña que nació de Ana&lt;br /&gt;y va creciendo en edad y juntamente señalándose en&lt;br /&gt;virtudes; yo he puesto mi atención en todas sus acciones,&lt;br /&gt;movimientos y obras y no he reconocido, al tiempo común&lt;br /&gt;de entrar en el discurso y llegar a sentir sus pasiones&lt;br /&gt;naturales, que en ella se descubran los efectos de&lt;br /&gt;nuestra semilla y malicia como en los demás hijos de&lt;br /&gt;Adán se manifiestan. Véola siempre compuesta y&lt;br /&gt;perfectísima, sin poderla inclinar ni reducir a las&lt;br /&gt;parvuleces pecaminosas y humanas o naturales de otros&lt;br /&gt;niños, y por estos indicios me recelo si ésta es la&lt;br /&gt;escogida para Madre del que se ha de hacer hombre.&lt;br /&gt;38&lt;br /&gt;691. Pero no me puedo persuadir a esto; porque nació&lt;br /&gt;como los demás y sujeta a las leyes comunes de la&lt;br /&gt;naturaleza, y sus padres hicieron oración y ofrendas para&lt;br /&gt;que a ellos y a ella les fuera perdonada la culpa, siendo&lt;br /&gt;llevada al templo como las demás mujeres. Con todo&lt;br /&gt;eso, aunque no sea ella la escogida contra nosotros,&lt;br /&gt;tiene grandes principios en su niñez y prometen para&lt;br /&gt;adelante señalada virtud y santidad, y no puedo tolerar&lt;br /&gt;su modo de proceder con tanta prudencia y discreción. Su&lt;br /&gt;sabiduría me abrasa, su modestia me irrita, su paciencia&lt;br /&gt;me indigna y su humildad me destruye y oprime y toda&lt;br /&gt;ella me provoca a insufrible furor y la aborrezco más que&lt;br /&gt;a todos los hijos de Adán. Tiene no sé qué virtud especial,&lt;br /&gt;que muchas veces quiero llegar a ella y no puedo, y si le&lt;br /&gt;arrojo sugestiones no las admite, y todas mis diligencias&lt;br /&gt;con ella hasta ahora se han desvanecido sin tener efecto.&lt;br /&gt;Aquí nos importa a todos el remedio y poner mayor&lt;br /&gt;cuidado para que nuestro principado no se arruine. Yo&lt;br /&gt;deseo más la destrucción de esta alma sola que de todo&lt;br /&gt;el mundo. Decidme, pues, ahora, qué medios, qué&lt;br /&gt;arbitrios tomaremos para vencerla y acabar con ella; que&lt;br /&gt;yo ofrezco los premios de mi liberalidad a quien lo&lt;br /&gt;hiciere.&lt;br /&gt;692. Ventilóse el caso en aquella confusa sinagoga,&lt;br /&gt;sólo para nuestro daño concertada, y entre otros&lt;br /&gt;pareceres dijo uno de aquellos horribles consiliarios:&lt;br /&gt;Príncipe y señor nuestro, no te atormentes con tan&lt;br /&gt;pequeño cuidado, que una mujercilla flaca no será tan&lt;br /&gt;invencible y poderosa como lo somos todos los que te&lt;br /&gt;seguimos. Tú engañaste a Eva (Gén., 3, 4), derribándola&lt;br /&gt;del feliz estado que tenía, y por ella venciste a su cabeza&lt;br /&gt;Adán; pues ¿cómo no vencerás a esa Mujer su&lt;br /&gt;descendiente, que nació después de su primera caída?&lt;br /&gt;Prométete desde luego esta victoria; y para conseguírla&lt;br /&gt;determinemos, aunque resista muchas veces, perseverar&lt;br /&gt;en tentarla; y si necesario fuere que deroguemos en&lt;br /&gt;39&lt;br /&gt;alguna cosa nuestra grandeza y presunción, no&lt;br /&gt;reparemos en ello a trueco de engañarla; y si no bastare,&lt;br /&gt;procuraremos destruir su honra, y quitarémosle la vida.&lt;br /&gt;693. Otros demonios añadieron a esto, y dijeron a&lt;br /&gt;Lucifer: Experiencia tenemos, ¡oh poderoso príncipe!, que&lt;br /&gt;para derribar muchas almas es medio poderoso valemos&lt;br /&gt;de otras criaturas como eficaz medio para obrar lo que&lt;br /&gt;por nosotros mismos no alcanzamos, y por este camino&lt;br /&gt;trazaremos y fabricaremos la ruina de esta mujer,&lt;br /&gt;observando para esto el tiempo y coyunturas más&lt;br /&gt;oportunas que nos ofreciere con su proceder. Y sobre&lt;br /&gt;todo importa que apliquemos nuestra sagacidad y&lt;br /&gt;astucia para que una vez pierda la gracia con algún&lt;br /&gt;pecado y, en faltándole este apoyo y protección de los&lt;br /&gt;justos, la perseguiremos y comprenderemos como a quien&lt;br /&gt;está sola y sin haber en ella quien la pueda librar de&lt;br /&gt;nuestras manos, y trabajaremos hasta reducirla a la&lt;br /&gt;desconfianza del remedio.&lt;br /&gt;694. Agradeció Lucifer estos arbitrios y esfuerzo que le&lt;br /&gt;dieron sus secuaces cooperadores de la maldad, y&lt;br /&gt;recíprocamente les mandó y exhortó le acompañasen los&lt;br /&gt;más astutos en la malicia, constituyéndose de nuevo por&lt;br /&gt;caudillo de tan ardua empresa; porque no la quiso fiar de&lt;br /&gt;otras manos que las suyas. Y aunque le asistían otros&lt;br /&gt;demonios, pero el mismo Lucifer en persona se halló&lt;br /&gt;siempre el primero en tentar a María y a su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo en el desierto, y en el discurso de sus vidas,&lt;br /&gt;como en ésta veremos adelante.&lt;br /&gt;695. Por todo este tiempo nuestra divina Princesa&lt;br /&gt;continuaba las congojas y dolor de la ausencia de su&lt;br /&gt;Amado, cuando aquella infernal cuadrilla embistió de&lt;br /&gt;tropel para tentarla. Pero la virtud Divina que la hacía&lt;br /&gt;sombra impidió los conatos de Lucifer para que no&lt;br /&gt;pudiese acercarse mucho a ella, ni ejecutar todo lo que&lt;br /&gt;40&lt;br /&gt;intentaba; pero con permiso del Altísimo le arrojaban en&lt;br /&gt;sus potencias muchas sugestiones y pensamientos varios&lt;br /&gt;de suma iniquidad y malicia; porque no extrañó el Señor&lt;br /&gt;que la Madre de la Gracia fuese también tentada en&lt;br /&gt;todo, pero sin pecado (Heb., 4, 15), como lo había de ser&lt;br /&gt;después su Hijo Santísimo.&lt;br /&gt;696. En este nuevo conflicto no se puede fácilmente&lt;br /&gt;concebir cuánto padeció el purísimo y candidísimo&lt;br /&gt;corazón de María, viéndose rodeada de sugestiones tan&lt;br /&gt;extrañas y distantes de su inefable pureza y de la alteza&lt;br /&gt;de sus divinos pensamientos. Y como la antigua serpiente&lt;br /&gt;la reconocía a la gran Señora afligida y llorosa, pretendió&lt;br /&gt;con esto cobrar mayor esfuerzo, cegándole su misma&lt;br /&gt;soberbia, porque ignoraba el secreto del cielo. Pero&lt;br /&gt;animando a sus infernales ministros, les dijo:&lt;br /&gt;Persigámosla ahora, persigámosla, que ya parece&lt;br /&gt;logramos nuestros intentos y siente la tristeza, camino de&lt;br /&gt;la desconfianza.—Y con este engaño le enviaron nuevos&lt;br /&gt;pensamientos de desmayo y desconfianza y con terribles&lt;br /&gt;imaginaciones la combatieron, aunque en vano, porque&lt;br /&gt;herida la piedra de la generosa virtud, con mayor fuerza&lt;br /&gt;despide más centellas y fuego de divino amor. Estuvo&lt;br /&gt;nuestra invencible Reina tan superior e inmóvil a la&lt;br /&gt;batería del infierno, que en su interior ni se alteró, ni dio&lt;br /&gt;por entendida a tantas sugestiones, más de para&lt;br /&gt;reconcentrarse en sus incomparables virtudes y levantar&lt;br /&gt;más la llama del divino incendio de amor que en su&lt;br /&gt;pecho ardía.&lt;br /&gt;697. Como ignoraba el Dragón la oculta sabiduría y&lt;br /&gt;prudencia de nuestra Soberana Princesa, aunque la&lt;br /&gt;reconocía fuerte y sin turbarle las potencias, y sentía la&lt;br /&gt;resistencia de la virtud Divina, con todo eso perseveraba&lt;br /&gt;en su antigua soberbia, acometiendo a la Ciudad de Dios&lt;br /&gt;por diversos modos y baterías. Pero, aunque el astuto&lt;br /&gt;enemigo con un mismo afecto mudaba los ingenios,&lt;br /&gt;41&lt;br /&gt;venían a ser sus máquinas como las de una débil hormiga&lt;br /&gt;contra un muro diamantino. Era nuestra Princesa la mujer&lt;br /&gt;fuerte, de quien se puede fiar el corazón de su varón&lt;br /&gt;(Prov., 31, 11) sin recelos de hallar frustrados sus deseos.&lt;br /&gt;Era su adorno la fortaleza que la llenaba de hermosura; y&lt;br /&gt;su vestido que le servía de gala, eran la Pureza y&lt;br /&gt;Caridad. No podía sufrir la inmunda y altiva serpiente&lt;br /&gt;este objeto, cuya vista le deslumbraba y turbaba con&lt;br /&gt;nueva confusión; y así trató de quitarla la vida,&lt;br /&gt;forcejando mucho en esto todo aquel escuadrón de&lt;br /&gt;espíritus malignos; y en este conato gastaron algún&lt;br /&gt;tiempo, sin más efecto que en los demás.&lt;br /&gt;698. Grande admiración me ha hecho el conocimiento&lt;br /&gt;de este sacramento tan oculto, considerando a lo que se&lt;br /&gt;extendió el furor de Lucifer contra María Santísima en sus&lt;br /&gt;primeros años, y por otra parte la oculta y vigilante&lt;br /&gt;protección del Altísimo para defenderla. Veo al Señor&lt;br /&gt;cuán atento estaba a su Esposa electa y única entre las&lt;br /&gt;criaturas; y miro juntamente a todo el infierno convertido&lt;br /&gt;en furor contra ella, y estrenando la suma indignación&lt;br /&gt;que hasta entonces no había ejecutado con otra criatura,&lt;br /&gt;y la facilidad en que el poder Divino desvanecía todo el&lt;br /&gt;poder y astucia infernal. ¡Oh más que infeliz y mísero&lt;br /&gt;Lucifer, cuánto es mayor tu soberbia y arrogancia que tu&lt;br /&gt;fortaleza! (Is., 16, 6) Muy débil y enano eres para tan loca&lt;br /&gt;presunción; desconfía ya de ti y no te prometas tantos&lt;br /&gt;triunfos, pues una tierna niña quebrantó tu cabeza, y en&lt;br /&gt;todo y por todo te dejó vencido. Confiesa que vales y&lt;br /&gt;sabes poco, pues ignoraste el mayor sacramento del Rey,&lt;br /&gt;y que te humilló su poder con el instrumento que tú&lt;br /&gt;despreciabas, de una mujer flaca y niña en la&lt;br /&gt;condición de su naturaleza. ¡Oh cómo sería grande tu&lt;br /&gt;ignorancia, si los mortales se valiesen de la protección&lt;br /&gt;del Altísimo, y del ejemplar e imitación e intercesión de&lt;br /&gt;esta victoriosa y triunfadora Señora de los Ángeles y los&lt;br /&gt;hombres!&lt;br /&gt;42&lt;br /&gt;699. Entre estas alternadas tentaciones y combates era&lt;br /&gt;incesante la oración fervorosa de María Santísima, y&lt;br /&gt;decía al Señor: Ahora, Dios mío Altísimo, que estoy en la&lt;br /&gt;tribulación, estaréis conmigo (Sal., 90, 15); ahora que de&lt;br /&gt;todo mi corazón os llamo y busco vuestras justificaciones&lt;br /&gt;(Sal., 118, 145), llegarán mis peticiones a vuestros oídos;&lt;br /&gt;ahora que padezco tan gran violencia, responderéis por&lt;br /&gt;mí (Is., 38, 14); vos, Señor y Padre mío, sois mi fortaleza y&lt;br /&gt;mi refugio (Sal., 30, 4), y por vuestro santo nombre me&lt;br /&gt;sacaréis del peligro, me encaminaréis para el seguro&lt;br /&gt;camino y me alimentaréis como hija vuestra.—Repetía&lt;br /&gt;también muchos misterios de la Sagrada Escritura, y en&lt;br /&gt;especial los Salmos que hablan contra los enemigos&lt;br /&gt;invisibles; y con estas invencibles armas, sin perder un&lt;br /&gt;átomo de la paz, igualdad y conformidad interior, antes&lt;br /&gt;confirmándose más en ella, elevado su purísimo&lt;br /&gt;espíritu en las alturas, peleaba, resistía y vencía a&lt;br /&gt;Lucifer con incomparable agrado del Señor y&lt;br /&gt;merecimientos.&lt;br /&gt;700. Vencidas ya estas ocultas tentaciones y peleas,&lt;br /&gt;comenzó otro nuevo duelo la serpiente por medio e&lt;br /&gt;intervención de las criaturas, y para esto arrojó&lt;br /&gt;ocultamente algunas centellas de envidia y emulación&lt;br /&gt;contra María Santísima en el pecho de las doncellas&lt;br /&gt;compañeras suyas, que asistían en el Templo. Este&lt;br /&gt;contagio tenía el remedio tanto más dificultoso, cuanto se&lt;br /&gt;ocasionaba de la puntualidad con que nuestra divina&lt;br /&gt;Princesa acudía al ejercicio de todas las virtudes,&lt;br /&gt;creciendo en sabiduría y gracia para con Dios y con los&lt;br /&gt;hombres; que donde pica la ambición de la honra, las&lt;br /&gt;mismas luces de la virtud encandilan el juicio y le&lt;br /&gt;deslumbran, y aun encienden la llama de la envidia.&lt;br /&gt;Administrábales el Dragón a las simples doncellas&lt;br /&gt;muchas sugestiones interiores, persuadiéndolas que a&lt;br /&gt;vista del sol de María Santísima quedaban ellas&lt;br /&gt;43&lt;br /&gt;oscurecidas y poco estimadas y que sus propias&lt;br /&gt;negligencias eran más conocidas de la maestra y de los&lt;br /&gt;sacerdotes y que sola María sería la preferida en estado&lt;br /&gt;y estimación de todos.&lt;br /&gt;701. Admitieron esta mala semilla en su pecho las&lt;br /&gt;compañeras de nuestra Reina y, como poco advertidas y&lt;br /&gt;ejercitadas en las batallas espirituales, la dejaron crecer&lt;br /&gt;hasta que llegó a redundar en interior aborrecimiento&lt;br /&gt;con la Purísima María. Este odio pasó a indignación, con&lt;br /&gt;que la miraban y trataban no pudiendo sufrir la modestia&lt;br /&gt;de la cándida paloma; porque el Dragón las incitaba,&lt;br /&gt;revistiendo a las incautas doncellas del mismo furor&lt;br /&gt;que él había concebido contra la Madre de las&lt;br /&gt;virtudes. Perseverando más la tentación se fue también&lt;br /&gt;manifestando en los efectos y llegaron las doncellas a&lt;br /&gt;conferirla entre sí mismas, ignorando de qué espíritu&lt;br /&gt;eran; y concertaron molestar y perseguir a la Princesa del&lt;br /&gt;mundo, no conocida, hasta despedirla del Templo; y&lt;br /&gt;llamándola aparte, la dijeron palabras muy pesadas,&lt;br /&gt;tratándola con modo muy imperioso de gestera,&lt;br /&gt;hipócrita y que sólo trataba de granjear con artificio la&lt;br /&gt;gracia de la Maestra y sacerdotes y desacreditar a las&lt;br /&gt;demás compañeras, murmurando de ellas y encareciendo&lt;br /&gt;sus faltas, siendo ella la más inútil de todas, y que por&lt;br /&gt;esto la aborrecían como al enemigo.&lt;br /&gt;702. Estas contumelias y otras muchas oyó la&lt;br /&gt;prudentísima Virgen sin recibir turbación alguna, y con&lt;br /&gt;igual humildad respondió: Amigas y señoras mías, razón&lt;br /&gt;tenéis por cierto que yo soy la menor y más imperfecta&lt;br /&gt;de todas; pero vosotras, mis hermanas, como más&lt;br /&gt;advertidas habéis de perdonar mis faltas y enseñar mi&lt;br /&gt;ignorancia, encaminándome para que acierte en hacer lo&lt;br /&gt;mejor y en daros gusto. Yo os suplico, amigas, que&lt;br /&gt;aunque soy tan inútil, no me neguéis vuestra gracia, no&lt;br /&gt;creáis de mí que deseo desmerecerla, porque os amo y&lt;br /&gt;44&lt;br /&gt;reverencio como sierva y lo seré en todo lo que gustareis;&lt;br /&gt;haced experiencia de mi buena voluntad; mandadme,&lt;br /&gt;pues, y decidme lo que de mí queréis.&lt;br /&gt;703. No ablandaron estas humildes y suaves razones de&lt;br /&gt;la modestísima María el pecho endurecido de sus amigas&lt;br /&gt;y compañeras, poseídas de la saña furiosa que el Dragón&lt;br /&gt;tenía contra ella; antes irritándose él más, las incitaba e&lt;br /&gt;irritaba también a ellas, para que con la dulce triaca se&lt;br /&gt;entumeciesen más la mordedura y veneno serpentino&lt;br /&gt;derramado contra la mujer que había sido señal grande&lt;br /&gt;en el cielo (Ap., 12, 15). Fuese continuando muchos días&lt;br /&gt;esta persecución, sin que fuesen poderosas la humildad,&lt;br /&gt;paciencia, modestia y tolerancia de la divina Señora para&lt;br /&gt;templar el odio de sus compañeras; antes se avanzó el&lt;br /&gt;demonio a proponerles muchas sugestiones llenas de&lt;br /&gt;temeridad, para que pusiesen las manos en la&lt;br /&gt;humildísima cordera y la maltratasen, y aun le quitasen&lt;br /&gt;la vida. Pero el Señor no permitió que tan sacrílegos&lt;br /&gt;pensamientos se ejecutasen, y a lo que más se&lt;br /&gt;extendieron fue a injuriarla de palabra y darle algunos&lt;br /&gt;empellones. Pasaba esta batalla en secreto, sin haber&lt;br /&gt;llegado a noticia de la Maestra ni de los sacerdotes; y en&lt;br /&gt;este tiempo la Santísima María granjeaba incomparables&lt;br /&gt;merecimientos y dones del Altísimo con la materia que&lt;br /&gt;se le ofrecía de ejercitar todas las virtudes con Su&lt;br /&gt;Majestad y con las criaturas que la perseguían y&lt;br /&gt;aborrecían. Con ellas hizo heroicos actos de Caridad y&lt;br /&gt;humildad, dando bien por mal, bendiciones por&lt;br /&gt;maldiciones, obsecraciones por blasfemias (1 Cor., 4, 12-&lt;br /&gt;13) y cumpliendo en todo con lo perfecto y más alto de la&lt;br /&gt;Divina Ley. Con el Altísimo ejercitó las más excelentes&lt;br /&gt;virtudes, rogando por las criaturas que la perseguían,&lt;br /&gt;humillándose con admiración de los Ángeles, como si&lt;br /&gt;fuera la más vil de los mortales y merecedora de lo que&lt;br /&gt;con ella hacían; y todas estas obras excedían al juicio de&lt;br /&gt;los hombres y al más alto merecimiento de los Serafines.&lt;br /&gt;45&lt;br /&gt;704. Sucedió un día que, atropelladas aquellas mujeres&lt;br /&gt;de la tentación diabólica, llevaron a la princesa María a&lt;br /&gt;un aposento retirado y, pareciéndoles estaban más a su&lt;br /&gt;salvo, la llenaron de injurias y contumelias desmedidas&lt;br /&gt;para irritar su mansedumbre y desquiciar su inmóvil&lt;br /&gt;modestia con algún desairado ademán. Pero como la&lt;br /&gt;Reina de las virtudes no podía ser esclava de algún vicio&lt;br /&gt;ni por sólo un instante, mostróse más invencible su&lt;br /&gt;paciencia cuando fue más necesaria, y las respondió&lt;br /&gt;con mayor agrado y dulzura. Ofendidas ellas de no&lt;br /&gt;conseguir su desordenado intento, alzaron la voz&lt;br /&gt;destempladamente, de manera que siendo oídas en el&lt;br /&gt;Templo, fuera de lo que se acostumbraba, causaron&lt;br /&gt;grande novedad y confusión. Acudieron al ruido los&lt;br /&gt;sacerdotes y Maestra y, dando lugar el Señor a esta&lt;br /&gt;nueva aflicción de su Esposa, preguntaron con severidad&lt;br /&gt;la causa de aquella inquietud. Y callando la mansísima&lt;br /&gt;paloma, respondieron las otras doncellas con mucha&lt;br /&gt;indignación, y dijeron: María de Nazaret nos trae a todas&lt;br /&gt;inquietas y alteradas con su terrible condición, y fuera de&lt;br /&gt;vuestra presencia nos desconsuela y provoca, de suerte&lt;br /&gt;que si no sale del Templo no será posible tener todas paz&lt;br /&gt;con ella. Si la sufrimos, es altiva, y si la reprendemos se&lt;br /&gt;burla de todas, postrándose a los pies con fingida&lt;br /&gt;humildad, y después lo murmura y lo inquieta todo entre&lt;br /&gt;nosotras.&lt;br /&gt;705. Los sacerdotes y Maestra llevaron a otro aposento&lt;br /&gt;a la Señora del mundo y allí la reprendieron con la&lt;br /&gt;severidad consiguiente al crédito que dieron por&lt;br /&gt;entonces a sus compañeras; y habiéndola exhortado que&lt;br /&gt;se enmendase y procediese como quien vivía en la casa&lt;br /&gt;de Dios, la amenazaron que si no lo hacía la despedirían&lt;br /&gt;y echarían del templo. Y esta amenaza fue el mayor&lt;br /&gt;castigo que pudieron darle, aunque hubiera tenido&lt;br /&gt;alguna culpa, siendo ignorante en todas las que le&lt;br /&gt;46&lt;br /&gt;imputaban. Quien tuviere del Señor inteligencia y luz&lt;br /&gt;para conocer alguna parte de la profundísima humildad&lt;br /&gt;de María Santísima, entenderá algo de los efectos que en&lt;br /&gt;su candidísimo corazón obraban estos misterios; porque&lt;br /&gt;se juzgaba por la más vil de los nacidos y la más indigna&lt;br /&gt;de vivir entre ellos y pisar la tierra. Enternecióse un poco&lt;br /&gt;la Prudentísima Virgen con esta conminación y con&lt;br /&gt;lágrimas respondió a los Sacerdotes, y les dijo: Señores,&lt;br /&gt;yo agradezco el favor que me hacéis con reprenderme y&lt;br /&gt;enseñarme como a tan imperfecta y vil mujer; pero&lt;br /&gt;suplicóos me perdonéis, pues sois Ministros del Altísimo,&lt;br /&gt;y disimulando mis defectos me gobernéis en todo para&lt;br /&gt;que yo acierte mejor que hasta ahora a dar gusto a Su&lt;br /&gt;Majestad y a mis hermanas y compañeras; que con la&lt;br /&gt;gracia del Señor lo propongo de nuevo y comenzaré&lt;br /&gt;desde hoy.&lt;br /&gt;706. Añadió nuestra Reina otras razones llenas de&lt;br /&gt;dulcísima candidez y modestia; con que la dejaron la&lt;br /&gt;Maestra y Sacerdotes, advirtiéndola de nuevo de la&lt;br /&gt;misma doctrina de que ella era sapientísima Maestra.&lt;br /&gt;Fuese luego a las demás compañeras y doncellas y&lt;br /&gt;postrándose a sus pies les pidió perdón, como si los&lt;br /&gt;defectos que la imputaban pudieran caer en la que era&lt;br /&gt;Madre de la inocencia. Admitiéronla ellas mejor por&lt;br /&gt;entonces, juzgando que sus lágrimas eran efecto del&lt;br /&gt;castigo y reprensión de los Sacerdotes y Maestra, a&lt;br /&gt;quienes habían reducido a su intento mal gobernado. El&lt;br /&gt;Dragón, que ocultamente iba urdiendo esta tela, levantó&lt;br /&gt;a mayor altivez y presunción los incautos corazones de&lt;br /&gt;todas aquellas mujeres y, como habían hecho camino en&lt;br /&gt;el de los mismos Sacerdotes, prosiguieron con mayor&lt;br /&gt;audacia en desacreditar y descomponer con ellos a la&lt;br /&gt;Purísima Virgen. Para esto fabricaron nuevas&lt;br /&gt;fabulaciones y mentiras con instinto del mismo Demonio;&lt;br /&gt;pero nunca dio lugar el Altísimo que se dijese ni&lt;br /&gt;presumiese cosa muy grave ni indecente de la que tenía&lt;br /&gt;47&lt;br /&gt;escogida para Madre Santísima de su Unigénito. Y sólo&lt;br /&gt;permitió que la indignación y engaño de las doncellas del&lt;br /&gt;templo llegase a encarecer mucho algunas pequeñas&lt;br /&gt;aunque fingidas faltas que la imputaban, y que por mayor&lt;br /&gt;hiciesen muchas hazañerías mujeriles; cuanto bastaba&lt;br /&gt;para que ellas declarasen su inquietud y con ella y con&lt;br /&gt;las reprensiones de la Maestra y Sacerdotes tuviese&lt;br /&gt;nuestra humildísima Señora María ocasión de ejercitar&lt;br /&gt;las virtudes y acrecentar los dones del Altísimo y el colmo&lt;br /&gt;de merecimientos.&lt;br /&gt;707. Todo lo hacía nuestra Reina con plenitud de agrado&lt;br /&gt;en los ojos del Señor, que se recreaba con el olor&lt;br /&gt;suavísimo de aquel humilde nardo (Cant., 1, 11),&lt;br /&gt;maltratado y despreciado de las criaturas que no le&lt;br /&gt;conocían. Repetía sus clamores y gemidos por la&lt;br /&gt;ausencia continuada de su amado, y en una de estas&lt;br /&gt;ocasiones le dijo: Sumo bien y Señor mío de misericordias&lt;br /&gt;infinitas, si vos que sois mi Dueño y mi Hacedor me habéis&lt;br /&gt;desamparado, no es mucho que todo el resto de las&lt;br /&gt;criaturas me aborrezcan y se conviertan contra mí. Todo&lt;br /&gt;lo merece mi ingratitud a vuestros beneficios; pero&lt;br /&gt;siempre os reconozco y os confieso por mi refugio y mi&lt;br /&gt;tesoro; Vos sólo sois mi bien, mi amado y descanso, y si lo&lt;br /&gt;sois y os tengo ausente ¿cómo sosegará mi afligido&lt;br /&gt;corazón? Las criaturas hacen conmigo lo que deben, pero&lt;br /&gt;aun no llegan a tratarme como merezco, porque Vos,&lt;br /&gt;Señor y Padre mío, en afligir sois parco y en premiar&lt;br /&gt;liberalísimo. Descontad, Señor, mis negligencias con el&lt;br /&gt;dolor de haberos ocultado a mi interior y pagad con larga&lt;br /&gt;mano el bien que Vuestras criaturas me granjean,&lt;br /&gt;obligándome a conocer más Vuestra bondad y mi vileza;&lt;br /&gt;levantad, Señor, a la menesterosa del polvo de la tierra&lt;br /&gt;(1 Sam., 2, 8) y renovad a la que es pobre y vilísima entre&lt;br /&gt;las criaturas, y vea yo Vuestro Divino Rostro y seré salva&lt;br /&gt;(Sal., 79, 4).&lt;br /&gt;48&lt;br /&gt;708. No será posible ni necesario referir todo lo que&lt;br /&gt;sucedió a nuestra gran Princesa en esta prueba de sus&lt;br /&gt;virtudes; pero, dejándola por ahora en ella, será vivo&lt;br /&gt;ejemplar para llevar con dilatación cualquiera trabajo los&lt;br /&gt;que necesitamos de las penas y de duros golpes para&lt;br /&gt;satisfacer nuestros pecados y domar nuestra cerviz al&lt;br /&gt;yugo de la mortificación. No cometió culpa ni se halló&lt;br /&gt;dolo en nuestra inocentísima paloma, y padeció con&lt;br /&gt;humilde silencio y tolerancia ser de balde aborrecida y&lt;br /&gt;perseguida; pues hallémonos en su presencia&lt;br /&gt;confundidos los que una leve injuria —que todas son muy&lt;br /&gt;leves para quien tiene a Dios por enemigo— reputamos&lt;br /&gt;por irreparable ofensa hasta vengarla. Poderoso era el&lt;br /&gt;Altísimo para desviar de su escogida y Madre cualquiera&lt;br /&gt;persecución y contrariedad, pero, si en esto usara de su&lt;br /&gt;poder, no le manifestara en conservarla perseguida, ni le&lt;br /&gt;diera prendas tan seguras de su amor, ni ella consiguiera&lt;br /&gt;el dulce fruto de amar a los enemigos y perseguidores.&lt;br /&gt;Indignos nos hacemos de tanto bien cuando en los&lt;br /&gt;agravios levantamos el grito contra las criaturas y el&lt;br /&gt;corazón soberbio contra el mismo Dios que en todo las&lt;br /&gt;gobierna, y no se quieren sujetar a su Hacedor y Justificador&lt;br /&gt;que sabe de lo que necesitan para su salud.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del Cielo María Santísima.&lt;br /&gt;709. Pues adviertes, hija mía, en el ejemplar de estos&lt;br /&gt;sucesos, quiero que él te sirva de doctrina y enseñanza&lt;br /&gt;para que con aprecio la escondas en tu pecho,&lt;br /&gt;dilatándole para recibir con alegría las persecuciones y&lt;br /&gt;calumnias de las criaturas, si fueres participante de este&lt;br /&gt;beneficio. Los hijos de perdición que sirviendo a la&lt;br /&gt;vanidad ignoran el tesoro de padecer injurias y&lt;br /&gt;perdonarlas, hacen honra de la venganza, que aun en los&lt;br /&gt;términos de la ley natural es la mayor vileza y fealdad de&lt;br /&gt;todos los vicios; porque se opone más a la razón natural y&lt;br /&gt;nace de corazón no humano sino brutal o ferino y, por el&lt;br /&gt;49&lt;br /&gt;contrario, el que perdona las injurias y las olvida —&lt;br /&gt;aunque no tenga Fe Divina ni luz del Evangelio— por esta&lt;br /&gt;magnanimidad se hace superior, como rey de la misma&lt;br /&gt;naturaleza; porque tiene de ella lo más noble y excelente&lt;br /&gt;y no paga el vilísimo tributo de hacerse fiera irracional&lt;br /&gt;con la venganza.&lt;br /&gt;710. Y si tanto se opone el vicio de la venganza con la&lt;br /&gt;misma naturaleza, considera, carísima, qué oposición&lt;br /&gt;tendrá con la gracia y cuán odioso y aborrecible será el&lt;br /&gt;vengativo en los ojos de mi Hijo Santísimo, que se hizo&lt;br /&gt;hombre, murió y padeció sólo por perdonar y para que el&lt;br /&gt;linaje humano alcanzase perdón de las injurias cometidas&lt;br /&gt;contra el mismo Señor. Contra esta intención y&lt;br /&gt;obras suyas y contra su misma naturaleza y bondad&lt;br /&gt;infinita se opone la venganza; y cuanto en ella es, el&lt;br /&gt;vengativo destruye todo punto al mismo Dios y sus obras;&lt;br /&gt;y así merece singularmente por este pecado que le&lt;br /&gt;destruya Dios con todo su poder. Entre el que perdona y&lt;br /&gt;sufre las injurias y entre el vengativo, hay la misma&lt;br /&gt;diferencia que entre el hijo único y heredero y el enemigo&lt;br /&gt;mortal: éste provoca toda la fuerza de la indignación de&lt;br /&gt;Dios y el otro merece todos los bienes y los adquiere;&lt;br /&gt;porque en esta gracia es imagen perfectísima del Padre&lt;br /&gt;Celestial.&lt;br /&gt;711. Quiero, alma, entiendas que padecer las injurias&lt;br /&gt;con igualdad de corazón y perdonarlas enteramente por&lt;br /&gt;el Señor, será más grato a sus ojos que si por tu voluntad&lt;br /&gt;hicieres rígidas penitencias y derramares tu propia&lt;br /&gt;sangre. Humíllate a los que te persiguen, ámalos y ruega&lt;br /&gt;por ellos con verdadero corazón; y con esto rendirás a tu&lt;br /&gt;amor el corazón de Dios, subirás a lo perfecto de la&lt;br /&gt;santidad y vencerás a todo el infierno. Aquel gran Dragón&lt;br /&gt;que a todos persigue, le confundía yo con la humildad y&lt;br /&gt;mansedumbre y no podía su furor tolerar estas virtudes y&lt;br /&gt;más veloz que un rayo huía por ellas de mi presencia; y&lt;br /&gt;50&lt;br /&gt;así alcancé con ellas grandes victorias para mi alma y&lt;br /&gt;gloriosos triunfos para la exaltación de divinidad. Cuando&lt;br /&gt;alguna criatura se movía contra mí, no concebía&lt;br /&gt;indignación contra ella, porque de verdad conocía era&lt;br /&gt;instrumento del Altísimo, gobernado por su Providencia&lt;br /&gt;para mi bien propio; y este conocimiento y considerarla&lt;br /&gt;hechura de mi Señor y capaz de su gracia, me atraían&lt;br /&gt;para que la amase con verdad y fuerza, y no sosegaba&lt;br /&gt;hasta remunerarle este beneficio con alcanzarle, en&lt;br /&gt;cuanto me era posible, la salvación eterna.&lt;br /&gt;712. Procura, pues, y trabaja por imitar lo que has&lt;br /&gt;entendido y escrito, y muéstrate mansísima, pacífica y&lt;br /&gt;agradable a los que te fueren molestos; estímalos con&lt;br /&gt;verdad en tu corazón; y no tomes venganza del mismo&lt;br /&gt;Señor por tomarla de sus instrumentos, ni desprecies la&lt;br /&gt;estimable margarita de las injurias; y cuanto es de tu&lt;br /&gt;parte dales siempre bien por mal (Rom., 12, 14),&lt;br /&gt;beneficios por agravios, amor por aborrecimientos,&lt;br /&gt;alabanzas por vituperios, bendición por maldición; y&lt;br /&gt;serás hija perfecta de tu Padre (Mt., 5, 45) y esposa&lt;br /&gt;amada de tu Dueño, mi amiga y mi carísima.&lt;br /&gt;CAPITULO 19&lt;br /&gt;El Altísimo dio luz a los Sacerdotes de la inocencia&lt;br /&gt;inculpable de María Santísima, y a ella de que estaba&lt;br /&gt;cerca el tránsito dichoso de su madre Santa Ana; y&lt;br /&gt;hallóse en él.&lt;br /&gt;713. No dormía el Altísimo ni dormitaba (Sal., 120, 4)&lt;br /&gt;entre les clamores dulces de su dilecta esposa María, si&lt;br /&gt;bien disimulaba oírlos, recreándose con ellos en el&lt;br /&gt;prolongado ejercicio de sus penas, que le ocasionaban&lt;br /&gt;tan gloriosos triunfos y admiración y alabanza de los&lt;br /&gt;espíritus soberanos. Perseveraba siempre el fuego lento&lt;br /&gt;51&lt;br /&gt;de aquella persecución ya dicha para que la divina fénix&lt;br /&gt;María se renovase muchas veces en las cenizas de su&lt;br /&gt;humildad y renaciese su purísimo corazón y espíritu en&lt;br /&gt;nuevo ser y estado de la Divina gracia. Pero cuando ya&lt;br /&gt;era tiempo oportuno de poner término a la ciega envidia&lt;br /&gt;y emulación de aquellas engañadas doncellas, para que&lt;br /&gt;sus parvuleces no pasasen a descrédito de la que había&lt;br /&gt;de ser honra de toda la naturaleza y gracia, habló en&lt;br /&gt;sueños al Sacerdote y le dijo el mismo Señor: Mi Sierva&lt;br /&gt;María es agradable a mis ojos, es perfecta y escogida y&lt;br /&gt;está sin culpa en lo que se le atribuye.—La misma&lt;br /&gt;inteligencia y revelación tuvo Ana, la maestra de las&lt;br /&gt;doncellas. Y a la mañana el Sacerdote y ella confirieron&lt;br /&gt;la Divina luz y aviso que entrambos habían recibido; y con&lt;br /&gt;este conocimiento del cielo se compungieron del engaño&lt;br /&gt;padecido y llamaron a la princesa María pidiéndola perdón&lt;br /&gt;de haber dado crédito a la falsa relación de las&lt;br /&gt;doncellas y la propusieron todo lo que les pareció&lt;br /&gt;conveniente para retirarla y defenderla de la&lt;br /&gt;persecución que la hacían y las penas que la ocasionaban.&lt;br /&gt;714. Oyó esta propuesta la que era Madre y origen de&lt;br /&gt;la humildad y respondió al Sacerdote y Maestra: Señores,&lt;br /&gt;yo soy a quien se deben las reprensiones, y os suplico no&lt;br /&gt;desmerezca oírlas, pues como necesitada las pido y&lt;br /&gt;estimo. La compañía de mis hermanas las doncelias para&lt;br /&gt;mí es muy amable y no quiero perderla por mis deméritos,&lt;br /&gt;pues tanto debo a todas por lo que me han sufrido y&lt;br /&gt;en retorno de este beneficio las deseo más servir; pero si&lt;br /&gt;me mandáis otra cosa, aquí estoy para obedecer a&lt;br /&gt;Vuestra voluntad.—Esta respuesta de María Santísima&lt;br /&gt;confortó y consoló más al Sacerdote y Maestra y&lt;br /&gt;aprobaron su humilde petición; pero de allí adelante&lt;br /&gt;atendieron más a ella mirándola con nueva reverencia y&lt;br /&gt;afecto. Pidió la Virgen humildísima al Sacerdote la mano&lt;br /&gt;y bendición, y también a la Maestra, como lo tenía de&lt;br /&gt;52&lt;br /&gt;costumbre, y con esto la dejaron. Pero como al sediento&lt;br /&gt;se le van los sentidos y el apetito tras del agua cristalina&lt;br /&gt;que se aleja, así quedó el corazón de María Señora&lt;br /&gt;nuestra entre anhelado y dolorido por aquel ejercicio de&lt;br /&gt;padecer, que como sedienta y abrasada en el amor&lt;br /&gt;divino juzgaba que, con la diligencia que el Sacerdote y&lt;br /&gt;Maestra querían hacer, le faltaría para adelante el&lt;br /&gt;tesoro de los trabajos.&lt;br /&gt;715. Retiróse luego nuestra Reina y a solas hablando&lt;br /&gt;con el Altísimo le dijo: ¿Por qué, Señor y amado Dueño&lt;br /&gt;mío, tanto rigor conmigo? ¿Por qué tan larga ausencia y&lt;br /&gt;tanto olvido de quien sin Vos no vive? Y si en mi prolija&lt;br /&gt;soledad sin vuestra vista dulce y amorosa me consolaban&lt;br /&gt;las prendas ciertas de vuestro amor, cuales eran los&lt;br /&gt;pequeños trabajos que padecía por él, ¿cómo viviré&lt;br /&gt;ahora en mi deliquio sin este alivio? ¿Por qué, Señor, tan&lt;br /&gt;presto alzáis la mano de este favor? ¿Quién fuera de vos&lt;br /&gt;pudiera trocar el corazón de mis señores los Sacerdotes y&lt;br /&gt;Maestra? Pero no merecía yo el beneficio de sus&lt;br /&gt;caritativas reprensiones, no soy digna de padecer&lt;br /&gt;trabajos, porque no lo soy tampoco de vuestra deseada&lt;br /&gt;vista y regalada presencia. Si no he sabido obligaros,&lt;br /&gt;Padre y Señor mío, yo enmendaré mis negligencias y si&lt;br /&gt;me dais algún alivio a mi flaqueza, ninguno puede serlo&lt;br /&gt;faltándole a mi alma la alegría de vuestra cara; pero en&lt;br /&gt;todo espero, Esposo mío, con rendido afecto que se&lt;br /&gt;cumpla vuestro Divino beneplácito.&lt;br /&gt;716. Con este desengaño de los Sacerdotes y Maestra&lt;br /&gt;del Templo se atajó la molestia que las doncellas daban&lt;br /&gt;a nuestra soberana Princesa, y a ellas también moderó el&lt;br /&gt;Señor, impidiendo juntamente al demonio que las&lt;br /&gt;irritaba. Pero la ausencia con que estaba escondido de la&lt;br /&gt;divina Esposa duró por diez años; cosa admirable; si bien&lt;br /&gt;la interrumpía el Altísimo algunas veces corriendo la&lt;br /&gt;cortina de su rostro, para que su querida tuviese algún&lt;br /&gt;53&lt;br /&gt;alivio; mas no fueron muchas las que dispensó en este&lt;br /&gt;tiempo, y éstas con menos regalo y caricia que en los&lt;br /&gt;primeros años de la niñez. Fue conveniente esta ausencia&lt;br /&gt;del Señor, para que por el ejercicio de todas las virtudes&lt;br /&gt;se dispusiese nuestra Reina con la perfección ejecutada&lt;br /&gt;para la dignidad que el Altísimo la prevenía; y si gozara&lt;br /&gt;siempre de la vista de Su Majestad por los modos que&lt;br /&gt;sucesivamente la tenía en lo demás del tiempo, y arriba&lt;br /&gt;declaramos (Cf. supra n. 615-645), no pudiera padecer&lt;br /&gt;por el orden común de pura criatura.&lt;br /&gt;717. Pero en este género de retiro y ausencia del Señor,&lt;br /&gt;aunque a María Santísima le faltaban las visiones&lt;br /&gt;intuitivas y de la Divina esencia y las de los Ángeles que&lt;br /&gt;se dijo arriba, tenían su alma santísima y sus potencias&lt;br /&gt;más dones de gracias y luz sobrenatural que alcanzaron&lt;br /&gt;ni recibieron todos los Santos, porque en esto nunca la&lt;br /&gt;mano del Altísimo estuvo abreviada con ella; mas, en&lt;br /&gt;comparación de las visiones frecuentes de los primeros&lt;br /&gt;años, llamo ausencia y retiro del Señor haber estado sin&lt;br /&gt;ellas tanto tiempo. Comenzóle esta ausencia ocho días&lt;br /&gt;antes de la muerte de su padre San Joaquín; y luego&lt;br /&gt;sucedieron las persecuciones del infierno por sí y tras&lt;br /&gt;ellas las de las criaturas, con que llegó nuestra Princesa&lt;br /&gt;a los doce años de su edad. Y entrada ya en ellos, un día&lt;br /&gt;los Santos Ángeles sin manifestársele la hablaron y&lt;br /&gt;dijeron: María, el término de la vida de tu santa madre&lt;br /&gt;Ana está dispuesto por el Altísimo se cumpla ahora, y Su&lt;br /&gt;Majestad ha determinado que sea libre de las prisiones&lt;br /&gt;del cuerpo mortal y sus trabajos tengan dichoso fin.&lt;br /&gt;718. Con este nuevo y doloroso aviso se enterneció el&lt;br /&gt;corazón de la piadosa hija y, postrándose en la presencia&lt;br /&gt;del Altísimo, hizo una fervorosa oración por la buena&lt;br /&gt;muerte de su madre Santa Ana, y dijo: Rey de los siglos&lt;br /&gt;invisible y eterno, Señor inmortal y poderoso, autor de&lt;br /&gt;todo el universo, aunque soy polvo y ceniza y confieso&lt;br /&gt;54&lt;br /&gt;que tendré desobligada a vuestra grandeza, no por eso&lt;br /&gt;dejaré de hablar a mi Señor (Gén., 18, 27) y derramaré&lt;br /&gt;mi corazón en su presencia (Sal., 61, 9), esperando, Dios&lt;br /&gt;mío, que no despreciaréis a la que siempre ha confesado&lt;br /&gt;vuestro Santo Nombre. Enviad, Señor mío, en paz a&lt;br /&gt;vuestra sierva, que con invicta Fe y con Esperanza cierta&lt;br /&gt;ha deseado cumplir vuestro Divino beneplácito. Salga&lt;br /&gt;victoriosa y triunfante de sus enemigos al seguro puerto&lt;br /&gt;de los Santos Vuestros escogidos; confírmela Vuestro&lt;br /&gt;brazo poderoso; asístala en el término de la carrera de&lt;br /&gt;nuestra mortalidad la misma diestra que hizo perfectas&lt;br /&gt;sus pisadas y descanse, Padre mío, en la paz de Vuestra&lt;br /&gt;gracia y amistad la que siempre la procuró con&lt;br /&gt;verdadero corazón.&lt;br /&gt;719. No respondió el Señor de palabra a esta petición&lt;br /&gt;de su amada, pero la respuesta fue un admirable favor&lt;br /&gt;que hizo a ella y a su Santa Madre Ana. Mandó Su&lt;br /&gt;Majestad aquella noche que los Santos Ángeles de María&lt;br /&gt;Santísima la llevasen real y personalmente a la presencia&lt;br /&gt;de su madre enferma y que en su lugar quedase sustituto&lt;br /&gt;uno de ellos, tomando cuerpo aéreo de su misma forma.&lt;br /&gt;Obedecieron los Ángeles al Divino mandato y llevaron a&lt;br /&gt;su Reina y nuestra a la casa y aposento de su madre&lt;br /&gt;Santa Ana. Y hallándose con ella la divina Señora, la dijo&lt;br /&gt;besándole la mano: Madre mía y mi Señora, sea el&lt;br /&gt;Altísimo vuestra luz y fortaleza y sea bendito, pues no ha&lt;br /&gt;querido su dignación que yo, pobre y necesitada,&lt;br /&gt;quedase sin el beneficio de vuestra última bendición;&lt;br /&gt;recíbala yo, madre mía, de vuestra mano.—Diole su&lt;br /&gt;bendición Santa Ana, y con íntimo afecto dio al Señor las&lt;br /&gt;gracias de aquel beneficio, como quien conocía el sacramento&lt;br /&gt;de su hija y Reina, a la cual también agradeció el&lt;br /&gt;amor que en tal ocasión había manifestado.&lt;br /&gt;720. Luego se convirtió nuestra Princesa a su Santa&lt;br /&gt;Madre y la confortó y animó para el trance de la&lt;br /&gt;55&lt;br /&gt;muerte; y entre otras muchas razones de&lt;br /&gt;incomparable consuelo, la dijo éstas: Madre y&lt;br /&gt;querida de mi alma, necesario es que por la puerta de la&lt;br /&gt;muerte pasemos a la eterna vida que esperamos; amargo&lt;br /&gt;es y penoso el tránsito, pero fructuoso; porque se admite&lt;br /&gt;por el Divino beneplácito y es principio de la seguridad y&lt;br /&gt;sosiego y satisface asimismo por las negligencias y&lt;br /&gt;defectos de no haber empleado tan ajustadamente la&lt;br /&gt;vida como debe la criatura. Recibid, madre mía, la&lt;br /&gt;muerte y pagad con ella la común deuda con alegría de&lt;br /&gt;espíritu y partid segura a la compañía de los Santos&lt;br /&gt;Patriarcas, Profetas, Justos y Amigos de Dios, nuestros&lt;br /&gt;padres, donde con ellos esperaréis la Redención que nos&lt;br /&gt;enviará el Altísimo por medio de su salud y nuestro&lt;br /&gt;Salvador; la seguridad de esta esperanza será el alivio&lt;br /&gt;mientras llega la posesión del bien que todos esperamos.&lt;br /&gt;721. Santa Ana respondió a su Hija Santísima con el&lt;br /&gt;recíproco amor y consuelo digno de tal madre y tal hija&lt;br /&gt;en aquella ocasión, y con maternal caricia la dijo: María,&lt;br /&gt;hija mía querida, cumplid ahora con esta obligación, no&lt;br /&gt;me olvidando en la presencia de nuestro Señor Dios y&lt;br /&gt;Criador, representándole mi necesidad de su Divina&lt;br /&gt;protección en esta hora; advertid lo que debéis a quien&lt;br /&gt;os concibió y tuvo en sus entrañas nueve meses y después&lt;br /&gt;sustentó a sus pechos y siempre os tiene en el corazón.&lt;br /&gt;Pedid, hija mía, al Señor extienda la mano de sus&lt;br /&gt;misericordias infinitas sobre esta inútil criatura que salió&lt;br /&gt;de ellas, y venga sobre mí su bendición en esta hora de&lt;br /&gt;mi muerte, pues ahora y siempre he puesto mi confianza&lt;br /&gt;toda en solo su Santo Nombre, y no me desamparéis,&lt;br /&gt;amada mía, antes que cerréis mis ojos. Huérfana quedáis&lt;br /&gt;y sin amparo de los hombres, pero en la protección del&lt;br /&gt;Altísimo viviréis y esperaréis en sus misericordias&lt;br /&gt;antiguas. Caminad, hija de mi corazón, por el camino de&lt;br /&gt;las justificaciones del Señor (Sal., 118, 27) y pedid a Su&lt;br /&gt;Majestad gobierne vuestros afectos y potencias y sea el&lt;br /&gt;56&lt;br /&gt;maestro que os enseñe su Santa Ley. No salgáis del&lt;br /&gt;Templo antes de tomar estado, y éste sea con el sano&lt;br /&gt;consejo de los Sacerdotes del Señor y habiendo pedido&lt;br /&gt;continuamente a Dios que lo disponga de su mano; y si&lt;br /&gt;fuere su voluntad daros esposo, sea de Judá y de linaje&lt;br /&gt;de David. De la hacienda de vuestro padre Joaquín y mía,&lt;br /&gt;que os pertenece, partiréis con los pobres, con quienes&lt;br /&gt;seréis larga y caritativa. Guardaréis vuestro secreto en lo&lt;br /&gt;escondido de vuestro pecho y continuamente pediréis al&lt;br /&gt;Omnipotente quiera su misericordia enviar al mundo su&lt;br /&gt;salud y redención por el Mesías prometido. Ruego y&lt;br /&gt;suplico a su bondad infinita que sea vuestro amparo y&lt;br /&gt;venga sobre vos su bendición con la mía.&lt;br /&gt;722. Entre tan altos y divinos coloquios la dichosa madre&lt;br /&gt;Santa Ana sintió las últimas congojas de la muerte, o de&lt;br /&gt;la vida, y reclinada en el trono de la gracia que eran los&lt;br /&gt;brazos de su Hija Santísima María dio su alma purísima a&lt;br /&gt;su Criador. Y habiéndole cerrado los ojos, como lo pidió a&lt;br /&gt;su hija, dejando el sagrado cuerpo compuesto, volvieron&lt;br /&gt;los Santos Ángeles a su reina María Purísima y la restituyeron&lt;br /&gt;a su lugar en el Templo. No impidió el Altísimo la&lt;br /&gt;fuerza del natural amor para que la divina Señora no&lt;br /&gt;sintiera con gran ternura y dolor la muerte de su feliz&lt;br /&gt;madre y con ella su propia soledad sin tal amparo. Pero&lt;br /&gt;estos movimientos dolorosos fueron en nuestra Reina&lt;br /&gt;santos y perfectísimos, gobernados y regulados por la&lt;br /&gt;gracia de su inocente pureza y de su prudentísima&lt;br /&gt;inocencia; y con ella alabó al Muy Alto por las&lt;br /&gt;misericordias infinitas que en su Santa Madre había&lt;br /&gt;mostrado en su vida y muerte; y siempre se continuaban&lt;br /&gt;las querellas dulces y amorosas de tener oculto al Señor.&lt;br /&gt;723. Mas no pudo saber la hija santísima todo el&lt;br /&gt;consuelo de su dichosa madre en tenerla presente a su&lt;br /&gt;muerte, porque ignoraba la hija su propia dignidad y&lt;br /&gt;sacramento que conocía la madre, la cual guardó&lt;br /&gt;57&lt;br /&gt;siempre este secreto, como el Altísimo se lo había&lt;br /&gt;mandado Pero hallándose a su cabecera la que era&lt;br /&gt;lumbre de sus ojos, y la había de ser de todo el universo,&lt;br /&gt;y expirando en sus manos, no pudo desear más en su vida&lt;br /&gt;mortal, para darle fin más dichoso que todos los mortales&lt;br /&gt;hasta ella. Murió llena no tanto de años como de merecimientos,&lt;br /&gt;y su alma santísima fue colocada por los&lt;br /&gt;ángeles en el seno de Abrahán y reconocida y venerada&lt;br /&gt;por todos los Patriarcas, Profetas y Justos que allí&lt;br /&gt;estaban. Fue esta santísima matrona en lo natural de&lt;br /&gt;dilatado y magnánimo corazón, de claro y alto entendimiento,&lt;br /&gt;fervorosa, y con esto muy sosegada y pacífica;&lt;br /&gt;la persona de mediana estatura, algo menor que su hija&lt;br /&gt;Santísima María, el rostro algo redondo, el semblante&lt;br /&gt;siempre igual y muy compuesto, el color blanco y&lt;br /&gt;colorado; y al fin fue madre de la que lo fue del mismo&lt;br /&gt;Dios, y en esta dignidad encierra juntas muchas&lt;br /&gt;perfecciones. Vivió Santa Ana cincuenta y seis años,&lt;br /&gt;repartidos de esta manera: de veinte y cuatro se casó con&lt;br /&gt;San Joaquín, veinte estuvo casada sin sucesión y en el&lt;br /&gt;cuarenta y cuatro parió a María Santísima, y doce que&lt;br /&gt;sobrevivió de la edad de esta Reina, que fueron tres que&lt;br /&gt;la tuvo en su compañía y nueve en el templo, hacen todos&lt;br /&gt;cincuenta y seis.&lt;br /&gt;724. De esta grande y admirable Señora he oído que&lt;br /&gt;algunos autores graves afirman se casó tres veces y en&lt;br /&gt;cada uno de los matrimonios fue madre de una de las&lt;br /&gt;tres Marías, y que otros sienten lo contrario (Según esta&lt;br /&gt;opinión el matrimonio de Santa Ana se estructuraría de&lt;br /&gt;esta manera: se casó primero con San Joaquín y de este&lt;br /&gt;matrimonio nació María, la Madre de Dios; muerto San&lt;br /&gt;Joaquín se casó con Cleofás y de este matrimonio nació&lt;br /&gt;María Cleofás; muerto Cleofás se casó con Salomé y nace&lt;br /&gt;María Salomé. Samaniego cita en favor de esta&lt;br /&gt;sentencia, entre otros, a Estrabón, Haymon Albertense,&lt;br /&gt;Hugo de S. Víctor, Pedro Comestor, Ludulfo Cartujano,&lt;br /&gt;58&lt;br /&gt;San Antonio de Florencia y Pedro Sutor Cartujano, quien&lt;br /&gt;escribió De triplici connubio D. Annae, donde a su vez&lt;br /&gt;cita en su favor a Alberto Magno, Pedro de Tarantasia&lt;br /&gt;[Inocencio V] y Vincencio Belvacense --- Notas a la MCD,&lt;br /&gt;nota 35 a la primera parte). A mí me ha dado el Señor —&lt;br /&gt;por sola su bondad inmensa— luz grande de la vida de&lt;br /&gt;esta dichosa Santa y nunca se me ha mostrado que se&lt;br /&gt;casase más de con San Joaquín, ni que haya tenido otra&lt;br /&gt;hija fuera de María, Madre de Cristo; puede ser que, por&lt;br /&gt;no ser perteneciente ni necesario a la Historia divina que&lt;br /&gt;escribo, no se me haya declarado si fue o no tres veces&lt;br /&gt;casada Santa Ana, o que las otras Marías, que se llaman&lt;br /&gt;sus hermanas, fuesen primas hermanas, hijas de hermana&lt;br /&gt;de Santa Ana. Cuando murió su esposo San Joaquín&lt;br /&gt;quedó en cuarenta y ocho años de edad, y la escogió y&lt;br /&gt;entresacó el Altísimo del linaje de las mujeres, para que&lt;br /&gt;fuese madre de la que fue superior a todas las criaturas y&lt;br /&gt;sólo a Dios inferior, pero madre suya; y por haber tenido&lt;br /&gt;esta hija, y por ella ser abuela del Humanado Verbo,&lt;br /&gt;todas las naciones pueden llamarla bienaventurada a la&lt;br /&gt;felicísima Santa Ana.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina Santísima María.&lt;br /&gt;725. Hija mía, la mayor ciencia de la criatura es dejarse&lt;br /&gt;toda en manos de su Criador, que sabe para qué la formó&lt;br /&gt;y cómo la ha de gobernar. A ella sólo le pertenece vivir&lt;br /&gt;atenta a la obediencia y amor de su Señor; y él es&lt;br /&gt;fidelísimo en el cuidado de quien así le obliga y toma por&lt;br /&gt;su cuenta todos los negocios y sucesos para sacar de&lt;br /&gt;ellos victorioso y acrecentado a quien de su verdad se fía.&lt;br /&gt;Aflige y corrige con adversidades a los justos, consuela y&lt;br /&gt;vivifica (1 Sam., 2, 6) con favores, alienta con promesas y&lt;br /&gt;atemoriza con amenazas; auséntase para más solicitar&lt;br /&gt;los afectos del amor, manifiéstase para premiarlos y&lt;br /&gt;conservarlos y con esta variedad hace más hermosa y&lt;br /&gt;agradable la vida de los escogidos. Todo esto es lo que&lt;br /&gt;59&lt;br /&gt;me sucedía a mí en lo que has escrito, visitándome y&lt;br /&gt;preparándome su Misericordia por diversos modos de&lt;br /&gt;favores, de trabajos del adversario, persecuciones de&lt;br /&gt;criaturas, desamparo de mis padres y de todos.&lt;br /&gt;726. Entre esta variedad de ejercicios no se olvidaba de&lt;br /&gt;mi flaqueza el Señor y con el dolor de la muerte de mi&lt;br /&gt;madre Santa Ana juntó el consuelo y alivio de hallarme&lt;br /&gt;presente a ella. ¡Oh alma, y cuántos bienes pierden las&lt;br /&gt;criaturas por no alcanzar esta sabiduría! Niéganse&lt;br /&gt;ignorantes a la Divina Providencia, que es fuerte, suave y&lt;br /&gt;eficaz, que mide los orbes y elementos (Is., 40, 12; Job 31,&lt;br /&gt;4), cuenta los pasos, numera los pensamientos y todo lo&lt;br /&gt;dispone en beneficio de la criatura; y entréganse de todo&lt;br /&gt;punto a su misma solicitud, que es dura, ineficaz y flaca,&lt;br /&gt;ciega, incierta y precipitada. De este mal principio se originan&lt;br /&gt;y se siguen para la criatura irreparables daños,&lt;br /&gt;porque ella misma se priva de la Divina protección y se&lt;br /&gt;degradúa de la dignidad de tener a su Criador por&lt;br /&gt;amparo y tutor suyo. Y a más de esto, si por la sabiduría&lt;br /&gt;carnal y diabólica a quien se somete le sucede alcanzar&lt;br /&gt;alguna vez lo que con ella busca, se juzga por dichosa&lt;br /&gt;su infelicidad y con sensible gusto bebe el mortal veneno&lt;br /&gt;de la eterna muerte entre la engañosa delectación que&lt;br /&gt;desamparada y aborrecida de Dios consigue.&lt;br /&gt;727. Conoce, pues, hija mía, este peligro, y sea toda tu&lt;br /&gt;solicitud en arrojarte segura en la Providencia de tu Dios&lt;br /&gt;y Señor, que, siendo infinito en sabiduría y poder, te ama&lt;br /&gt;mucho más que tú a ti misma y sabe y quiere para ti&lt;br /&gt;mayores bienes que tú sabes desear ni pedir. Fíate de&lt;br /&gt;esta bondad y de sus promesas que no admiten engaño;&lt;br /&gt;oye lo que dice por su profeta (Is., 3, 10): Al justo, que&lt;br /&gt;bien está, aceptando sus deseos y cuidados y&lt;br /&gt;encargándose de ellos para remunerarlos con largueza.&lt;br /&gt;Con esta segurísima confianza llegarás en la vida mortal&lt;br /&gt;a una participación de bienaventuranza en la&lt;br /&gt;60&lt;br /&gt;tranquilidad y paz de tu conciencia; y aunque te halles&lt;br /&gt;rodeada de las impetuosas olas de las tentaciones y&lt;br /&gt;adversidades, que te acometen los dolores de la muerte y&lt;br /&gt;te cercan las penalidades del infierno (Sal., 17, 5-6),&lt;br /&gt;espera y sufre con paciencia, que no perderás el puerto&lt;br /&gt;de la gracia y beneplácito del Altísimo.&lt;br /&gt;CAPITULO 20&lt;br /&gt;Manifiéstase el Altísimo a su dilecta María nuestra&lt;br /&gt;Princesa con un singular favor.&lt;br /&gt;728. Sentía ya nuestra divina Princesa que se llegaba el&lt;br /&gt;claro día de la vista deseada del sumo bien y, como por&lt;br /&gt;crepúsculos y anuncios, reconocía en sus potencias la&lt;br /&gt;fuerza de los rayos de aquella luz Divina que ya se le&lt;br /&gt;acercaba. Enardecíase toda con la vecindad de la&lt;br /&gt;invisible llama que alumbra y no consume, y retocado su&lt;br /&gt;espíritu con los asomos de esta nueva claridad&lt;br /&gt;preguntaba a sus Ángeles y les decía: Amigos y señores,&lt;br /&gt;centinelas mías vigilantes y fidelísimas, decidme: ¿qué&lt;br /&gt;hora es de mi noche? ¿y cuándo llegará el alba de mi&lt;br /&gt;claro día en que verán mis ojos al Sol de Justicia que los&lt;br /&gt;alumbra y da vida a mis afectos y espíritu?—&lt;br /&gt;Respondiéronla los Santos Príncipes, y dijeron: Esposa del&lt;br /&gt;Altísimo, cerca está vuestra deseada verdad y luz y no&lt;br /&gt;tardará mucho, que ya viene.—Con esta respuesta se&lt;br /&gt;corrió algo la cortina que encubría la vista de las sustancias&lt;br /&gt;espirituales y se le manifestaron los Santos&lt;br /&gt;Ángeles y los vio, como solía, en su mismo ser, sin estorbo&lt;br /&gt;ni dependencia del cuerpo ni sentidos.&lt;br /&gt;729. Y con estas esperanzas y con la vista de los espíritus&lt;br /&gt;divinos se alentaron algo las ansias de María Santísima&lt;br /&gt;por la vista de su amado. Pero aquel linaje de amor que&lt;br /&gt;busca al objeto nobilísimo de la voluntad sólo con él se&lt;br /&gt;satisface, y sin él, aunque sea con los mismos ángeles y&lt;br /&gt;61&lt;br /&gt;santos, no descansa el corazón herido de las flechas del&lt;br /&gt;Todopoderoso. Con todo eso alegre nuestra divina&lt;br /&gt;Princesa con este refrigerio, habló a los Ángeles y les&lt;br /&gt;dijo: Príncipes soberanos y luceros de la inaccesible luz&lt;br /&gt;donde mi amado habita, ¿por qué tan largo tiempo he&lt;br /&gt;desmerecido vuestra vista? ¿En qué os desagradé&lt;br /&gt;faltando a vuestro gusto? Decidme, mis señores y&lt;br /&gt;maestros, en qué fui negligente, para que no me&lt;br /&gt;desamparéis por culpa mía.—Señora y Esposa del&lt;br /&gt;Todopoderoso —respondieron ellos— a la voz de nuestro&lt;br /&gt;Criador obedecemos y por su santa voluntad nos&lt;br /&gt;gobernamos todos, y como a espíritus que somos suyos&lt;br /&gt;nos envía y ordena lo que es de su servicio; mandónos&lt;br /&gt;ocultar de vuestra vista cuando encubrió la suya, pero&lt;br /&gt;que disimulados asistiéramos cuidadosos a vuestro&lt;br /&gt;amparo y defensa; y así lo hemos cumplido estando en&lt;br /&gt;vuestra compañía, aunque encubiertos a la vista.&lt;br /&gt;730. Decidme, pues, ahora —replicó María Santísima—&lt;br /&gt;dónde está mi dueño, mi bien, mi Hacedor; decidme si le&lt;br /&gt;verán mis ojos luego o si por ventura le tengo disgustado,&lt;br /&gt;para que esta vilísima criatura llore amargamente la&lt;br /&gt;causa de su pena. Ministros y embajadores del Supremo&lt;br /&gt;Rey, doleos de mi aflicción amorosa, y dadme señas de&lt;br /&gt;mi amado.—Luego, Señora —le respondieron—, veréis al&lt;br /&gt;que desea vuestra alma, entretenga la confianza vuestra&lt;br /&gt;dulce pena; no se niega nuestro Dios a quien le busca tan&lt;br /&gt;de veras; grande es, Señora, el amor de su bondad con&lt;br /&gt;quien le admite y no será escaso en satisfacer vuestros&lt;br /&gt;clamores.—Llamábanla los Santos Ángeles Señora, y sin&lt;br /&gt;recelo, así como seguros de su prudentísima humildad,&lt;br /&gt;como porque disimulaban este honroso título con el de&lt;br /&gt;Esposa del Altísimo, habiendo sido testigos del&lt;br /&gt;desposorio que con la Reina celebró Su Majestad. Y como&lt;br /&gt;su sabiduría pudo disponer que, ocultándole los ángeles&lt;br /&gt;sólo el título y dignidad de Madre del Verbo hasta su&lt;br /&gt;tiempo, en lo demás le diesen grande reverencia, así la&lt;br /&gt;62&lt;br /&gt;trataban con ella en muchas demostraciones, aunque en&lt;br /&gt;lo oculto la respetaban mucho más que en lo manifiesto.&lt;br /&gt;731. Entre estas conferencias y coloquios amorosos&lt;br /&gt;aguardaba la divina Princesa la llegada de su Esposo y&lt;br /&gt;sumo bien, cuando los Serafines que la asistían&lt;br /&gt;comenzaron a prepararla con nueva iluminación de sus&lt;br /&gt;potencias, prenda cierta y exordio del bien que la&lt;br /&gt;esperaba. Pero como estos beneficios encendían más&lt;br /&gt;la ardiente llama de su amor, y aún no se conseguía su&lt;br /&gt;deseado fin, crecía siempre el movimiento de sus&lt;br /&gt;congojas amorosas, y con ellas, hablando con los&lt;br /&gt;Serafines, les dijo: Espíritus supremos que estáis más&lt;br /&gt;inmediatos a mi bien, espejos lucidísimos donde&lt;br /&gt;reverberando su retrato le solía mirar con alegría de mi&lt;br /&gt;alma, decidme ¿dónde está la luz que os ilumina y llena&lt;br /&gt;de hermosura? Decid ¿por qué tanto mi amado se&lt;br /&gt;detiene? Decidme ¿qué le impide, para que mis ojos no lo&lt;br /&gt;vean? Si es por culpa mía, enmendaré mis yerros; si es&lt;br /&gt;que no merezco la ejecución de mi deseo,&lt;br /&gt;conformaréme con su gusto; y si le tiene en mi dolor, le&lt;br /&gt;padeceré con alegría del corazón; pero decidme ¿cómo&lt;br /&gt;viviré, sin mi propia vida? ¿cómo me gobernaré sin mi luz?&lt;br /&gt;732. A estas querellas dulces la respondieron los Santos&lt;br /&gt;Serafines: Señora, no tarda vuestro amado, cuando por&lt;br /&gt;vuestro bien y amor se ausenta y se detiene; pues para&lt;br /&gt;consolar, aflige a quien más ama, para dar más alegría,&lt;br /&gt;entristece y para ser hallado, se retira; y quiere que&lt;br /&gt;sembréis con lágrimas (Sal., 125, 5), para coger después&lt;br /&gt;con alegría el dulce fruto del dolor; y si el bien amado no&lt;br /&gt;se encubriera nunca se buscara con las ansias que&lt;br /&gt;resultan de su ausencia, ni renovara el alma sus afectos,&lt;br /&gt;ni creciera tanto la debida estimación de su tesoro.&lt;br /&gt;733. Diéronla aquel lumen que dije (Cf. supra n. 626)&lt;br /&gt;para purificarle las potencias, no porque tuviese culpas&lt;br /&gt;63&lt;br /&gt;de que ser purificada, que no las pudo cometer, mas,&lt;br /&gt;aunque todos sus movimientos y operaciones en aquella&lt;br /&gt;ausencia del Señor habían sido meritorios y santos, con&lt;br /&gt;todo eso eran necesarios estos nuevos dones para&lt;br /&gt;sosegar el espíritu y sus potencias de los movimientos&lt;br /&gt;causados con los trabajos y congojas afectuosas de tener&lt;br /&gt;al Señor oculto; y para mudarla de aquel estado a este&lt;br /&gt;otro de diferentes y nuevos favores y proporcionar las&lt;br /&gt;potencias con el objeto y con el modo de verle, era&lt;br /&gt;menester renovarlas y disponerlas. Y todo esto hacían los&lt;br /&gt;Santos Serafines por el modo que arriba se dijo, libro II,&lt;br /&gt;capítulo 14; y después le dio el mismo Señor el último&lt;br /&gt;adorno y cualidad, para estar dispuesta con la última&lt;br /&gt;disposición, inmediata a la visión que la quería&lt;br /&gt;manifestar.&lt;br /&gt;734. Este orden de elevaciones iban causando en las&lt;br /&gt;potencias de la divina Reina los efectos y operaciones de&lt;br /&gt;amor y virtudes que pretendía el mismo Señor, que es&lt;br /&gt;cuanto puedo explicarlas; y en medio de ellas corrió Su&lt;br /&gt;Majestad el velo y, después de haber estado tanto&lt;br /&gt;tiempo oculto, se manifestó a su esposa única y dilecta&lt;br /&gt;María Santísima por visión abstractiva de la Divinidad. Y&lt;br /&gt;aunque esta visión fue por especies y no inmediata, pero&lt;br /&gt;fue clarísima y altísima en su género; y con ella el Señor&lt;br /&gt;enjugó las continuadas lágrimas de nuestra Reina,&lt;br /&gt;premió sus afectos y ansias amorosas, satisfizo a su&lt;br /&gt;deseo y toda descansó con afluencia de delicias,&lt;br /&gt;reclinada en los brazos de su amado (Cant., 8, 5). Allí se&lt;br /&gt;renovó la juventud (Sal., 102, 5) de esta ardiente y&lt;br /&gt;fervorosa águila para levantar más el vuelo a la región&lt;br /&gt;impenetrable de la Divinidad, y, con las especies que&lt;br /&gt;después de la visión por admirable modo le quedaron,&lt;br /&gt;subía hasta donde no pudo llegar ni comprender ninguna&lt;br /&gt;criatura después del mismo Dios.&lt;br /&gt;735. El gozo que recibió la Purísima Señora con esta&lt;br /&gt;64&lt;br /&gt;visión se debía regular así por el extremo del dolor de&lt;br /&gt;donde pasó como por los méritos a que sucedió. Pero yo&lt;br /&gt;sólo puedo decir que donde y como abundó el dolor&lt;br /&gt;abundó también la consolación (2 Cor., 1, 5), y que la&lt;br /&gt;paciencia, la humildad, la fortaleza, la constancia, los&lt;br /&gt;afectos y las ansias amorosas, fueron en María todo el&lt;br /&gt;tiempo de esta ausencia los más insignes y excelentes&lt;br /&gt;que hasta entonces hubo, ni después pueden caber en&lt;br /&gt;otra criatura. Sola esta única Señora entendió el primor&lt;br /&gt;de esta sabiduría y supo dar el peso al carecer de la&lt;br /&gt;vista del Señor y sentir su ausencia; y, sintiéndola y&lt;br /&gt;pesando lo que monta, supo también buscarle con&lt;br /&gt;paciencia y padecer con humildad, tolerar con fortaleza y&lt;br /&gt;santificarlo todo con su inefable amor y estimar después&lt;br /&gt;el beneficio y gozar de él.&lt;br /&gt;736. Levantada a esta visión María Santísima,&lt;br /&gt;postrándose con el afecto en la presencia Divina, dijo a&lt;br /&gt;Su Majestad: Señor y Dios altísimo, incomprensible y&lt;br /&gt;sumo bien de mi alma, pues levantáis del polvo a este&lt;br /&gt;pobre y vil gusanillo, recibid, Señor, Vuestra misma&lt;br /&gt;bondad y gloria con la que os dan vuestros cortesanos en&lt;br /&gt;humilde agradecimiento de mi alma; y si como de&lt;br /&gt;criatura baja y terrena os desagradaron mis obras,&lt;br /&gt;reformad, Dueño mío, ahora lo que en mí os descontenta.&lt;br /&gt;¡Oh bondad y sabiduría única e infinita!, purificad este&lt;br /&gt;corazón y renovadle, para que os sea grato, humilde y&lt;br /&gt;arrepentido para que no le despreciéis. Si los pequeños&lt;br /&gt;trabajos y muerte de mis padres no los recibí como debía&lt;br /&gt;y en algo me desvié de vuestro beneplácito, ordenad,&lt;br /&gt;Altísimo, mis potencias y obras como Señor poderoso,&lt;br /&gt;como Padre y como Esposo único de mi alma.&lt;br /&gt;737. A esta humilde oración respondió el Altísimo:&lt;br /&gt;Esposa y paloma mía, el dolor de la muerte de tus padres&lt;br /&gt;y el sentimiento de otros trabajos es natural efecto de la&lt;br /&gt;condición humana y no es culpa; y por el amor con que te&lt;br /&gt;65&lt;br /&gt;conformaste en todo con la disposición de mi Divina&lt;br /&gt;voluntad, mereciste de nuevo mi gracia y beneplácito. Yo&lt;br /&gt;dispenso la verdadera luz y sus efectos con mi sabiduría,&lt;br /&gt;como Señor de todo, y formo sucesivamente el día y la&lt;br /&gt;noche, hago serenidad y doy también su tiempo a la&lt;br /&gt;tormenta, para que mi poder y gloria se engrandezcan, y&lt;br /&gt;con ellas camine el alma más segura con el lastre de su&lt;br /&gt;conocimiento, y con las violentas olas de la tribulación&lt;br /&gt;apresure más el viaje y llegue al puerto seguro de mi&lt;br /&gt;amistad y gracia, y más llena de merecimientos me&lt;br /&gt;obligue a recibirla con mayor agrado. Este es, querida&lt;br /&gt;mía, el orden admirable de mi sabiduría, y por esto me&lt;br /&gt;escondí tanto tiempo de tu vista; porque de ti quiero lo&lt;br /&gt;más santo y más perfecto. Sírveme, pues, hermosa mía,&lt;br /&gt;que soy tu Esposo y Dios de misericordias infinitas, y mi&lt;br /&gt;nombre es admirable en la diversidad y variedad de mis&lt;br /&gt;grandes obras.&lt;br /&gt;738. Salió de esta visión nuestra princesa María toda&lt;br /&gt;renovada y deificada, llena de nueva ciencia de la&lt;br /&gt;Divinidad y de los ocultos sacramentos del Rey,&lt;br /&gt;confesándole, adorándole y alabándole con&lt;br /&gt;incesantes cánticos y vuelos de su pacífico y tranquilísimo&lt;br /&gt;espíritu; y al mismo paso eran los aumentos de la&lt;br /&gt;humildad y todas las demás virtudes. Su continua petición&lt;br /&gt;era siempre inquirir la más perfecta y agradable&lt;br /&gt;voluntad del Altísimo y en todo y por todo ejecutarla y&lt;br /&gt;cumplirla; y así pasó algunos días, hasta que sucedió lo&lt;br /&gt;que se dirá en el capítulo siguiente.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del Cielo Señora nuestra.&lt;br /&gt;739. Hija mía, muchas veces te repetiré la lección de la&lt;br /&gt;mayor sabiduría de las almas, que consiste en alcanzar el&lt;br /&gt;conocimiento de la Cruz por el amor de los trabajos y la&lt;br /&gt;imitación en padecerlos. Y si la condición de los mortales&lt;br /&gt;no fuera tan grosera, debían codiciarlos sólo por el gusto&lt;br /&gt;66&lt;br /&gt;de su Dios y Señor, que en esto les ha declarado su&lt;br /&gt;voluntad y beneplácito; pues en el servicio fiel debe el&lt;br /&gt;siervo afectuoso anteponer siempre el agrado de su&lt;br /&gt;dueño a su misma comodidad. Pero a la torpeza de los&lt;br /&gt;mundanos, ni les obliga esta buena correspondencia con&lt;br /&gt;su Padre y Señor, ni tampoco el haberles declarado que&lt;br /&gt;todo su remedio está librado en seguir a Cristo por la&lt;br /&gt;Cruz y padecer los hijos pecadores con su padre&lt;br /&gt;inocente, para que el fruto de la Redención se logre en&lt;br /&gt;ellos, conformándose los miembros con su Cabeza.&lt;br /&gt;740. Admite, pues, carísima, esta disciplina y escríbela&lt;br /&gt;en medio del corazón; y entiende que por hija del&lt;br /&gt;Altísimo, por esposa de mi Hijo Santísimo y por mi&lt;br /&gt;discípula, cuando no tuvieras otro interés, debías para tu&lt;br /&gt;adorno comprar la preciosa margarita del padecer, para&lt;br /&gt;ser grata a tu Señor y Esposo. Y te advierto, hija mía, que&lt;br /&gt;entre los regalos y favores de su mano y los trabajos de&lt;br /&gt;su Cruz debes anteponer y elegir el padecer y abrazarle&lt;br /&gt;antes que ser regalada de sus caricias; porque en elegir&lt;br /&gt;los favores y delicias puede tener parte el amor que a ti&lt;br /&gt;misma tienes; pero en admitir las tribulaciones y penas&lt;br /&gt;sólo puede obrar el amor de Cristo. Y si entre regalos del&lt;br /&gt;mismo Señor y trabajos, cualesquiera que sean sin culpa,&lt;br /&gt;se han de preferir las penas al gusto del mismo espíritu,&lt;br /&gt;¿qué estulticia será de los hombres amar tan ciegamente&lt;br /&gt;los deleites sensibles y feos y aborrecer tanto todo lo que&lt;br /&gt;es padecer por Cristo y por la salud de su alma?&lt;br /&gt;741. Tu incesante oración, hija mía, será repitiendo&lt;br /&gt;siempre: Aquí estoy, Señor, ¿qué queréis hacer de mí?&lt;br /&gt;Preparado está mi corazón, aparejado está y no turbado,&lt;br /&gt;¿qué queréis, Señor, que yo haga por Vos? El sentir de&lt;br /&gt;estas palabras sea en ti verdadero y de todo corazón,&lt;br /&gt;pronunciándolas con lo íntimo y fervoroso de tu afecto&lt;br /&gt;más que con los labios. Tus pensamientos sean altos, tu&lt;br /&gt;intención muy recta, pura y noble, sólo de hacer en todo&lt;br /&gt;67&lt;br /&gt;el mayor agrado del Señor, que con medida y peso&lt;br /&gt;dispensa los trabajos y la gracia y sus favores. Examínate&lt;br /&gt;y remírate siempre con qué pensamientos, qué acciones y&lt;br /&gt;en qué ocasiones puedes ofender o agradar más a tu&lt;br /&gt;amado, para que conozcas aquello que debes en ti&lt;br /&gt;reformar o codiciar. Y cualquier desorden, por pequeño&lt;br /&gt;que sea, o lo que fuere menos puro y perfecto, cercénalo&lt;br /&gt;y apártalo luego, aunque parezca lícito y de algún&lt;br /&gt;provecho; porque todo lo qué no agrada más al Señor&lt;br /&gt;debes juzgar por malo, o por inútil para ti; y ninguna&lt;br /&gt;imperfección te parezca pequeña si a Dios le desagrada.&lt;br /&gt;Con este cuidadoso temor y santo cuidado caminarás&lt;br /&gt;segura; y está cierta, carísima hija mía, que no cabe en la&lt;br /&gt;ponderación humana el premio tan copioso que reserva&lt;br /&gt;el Altísimo Señor para las almas fieles que viven con esta&lt;br /&gt;atención y cuidado.&lt;br /&gt;CAPITULO 21&lt;br /&gt;Manda el Altísimo a María Santísima que tome&lt;br /&gt;estado de matrimonio, y la respuesta de este mandato.&lt;br /&gt;742. A los trece años y medio, estando ya en esta edad&lt;br /&gt;muy crecida nuestra hermosísima princesa María&lt;br /&gt;Purísima, tuvo otra visión abstractiva de la Divinidad por&lt;br /&gt;el mismo orden y forma que las otras de este género&lt;br /&gt;hasta ahora referidas (Cf. supra n. 229, 237, 312, 383, 389,&lt;br /&gt;734); en esta visión, podemos decir sucedió lo mismo que&lt;br /&gt;dice la Escritura de Abrahán, cuando le mandó Dios&lt;br /&gt;sacrificar a su querido hijo Isaac, única prenda de todas&lt;br /&gt;sus esperan/as. Tentó Dios a Abrahán (Gén., 22, 1) —dice&lt;br /&gt;Moisés— probando y examinando su pronta obediencia&lt;br /&gt;para coronarla. A nuestra gran Señora podemos decir&lt;br /&gt;también que tentó Dios en esta visión, mandándola que&lt;br /&gt;tomase el estado de matrimonio. Donde también entenderemos&lt;br /&gt;la verdad que dice: ¡Cuan ocultos son los juicios&lt;br /&gt;y pensamientos del Señor (Rom., 11, 33) y cuánto se&lt;br /&gt;68&lt;br /&gt;levantan sus caminos y pensamientos sobre los nuestros!&lt;br /&gt;(Is., 55, 9) Distaban como el cielo de la tierra los de&lt;br /&gt;María Santísima de los que el Altísimo le manifestó,&lt;br /&gt;ordenándole que recibiese esposo para su guarda y&lt;br /&gt;compañía; porque toda su vida había deseado y&lt;br /&gt;propuesto no tenerle (Cf. supra n. 434, 589), cuanto era&lt;br /&gt;de su propia voluntad, repitiendo y renovando el voto de&lt;br /&gt;castidad que tan anticipadamente había hecho.&lt;br /&gt;743. Había celebrado el Altísimo con la divina princesa&lt;br /&gt;María aquel solemne desposorio, que arriba se dijo (Cf.&lt;br /&gt;supra n. 435) —cuando fue llevada al Templo—&lt;br /&gt;confirmándole con la aprobación del voto de castidad&lt;br /&gt;que hizo, y con la gloria y presencia de todos los espíritus&lt;br /&gt;angélicos; habíase despedido la candidísima paloma de&lt;br /&gt;todo humano comercio, sin atención, sin cuidado, sin&lt;br /&gt;esperanza y sin amor a ninguna criatura, convertida toda&lt;br /&gt;y transformada en el amor casto y puro de aquel sumo&lt;br /&gt;bien que nunca desfallece, sabiendo que sería «más&lt;br /&gt;casta con amarle, más limpia con tocarle y más virgen&lt;br /&gt;con recibirle» (Oficio de la Festividad de Santa Inés);&lt;br /&gt;hallándola en esta confianza el mandato del Señor que&lt;br /&gt;recibiese esposo terreno y varón, sin manifestarle luego&lt;br /&gt;otra cosa, ¿qué novedad y admiración haría en el pecho&lt;br /&gt;inocentísimo de esta divina doncella, que vivía segura de&lt;br /&gt;tener por esposo a solo el mismo Dios que se lo&lt;br /&gt;mandaba? Mayor fue esta prueba que la de Abrahán,&lt;br /&gt;pues no amaba él tanto a Isaac cuanto María Santísima&lt;br /&gt;amaba la inviolable castidad.&lt;br /&gt;744. Pero a tan impensado mandato suspendió la&lt;br /&gt;Prudentísima Virgen su juicio y sólo le tuvo en esperar y&lt;br /&gt;creer, mejor que Abrahán, en la esperanza contra la&lt;br /&gt;esperanza (Rom., 4, 18), y respondió al Señor y dijo:&lt;br /&gt;Eterno Dios de majestad incomprensible. Criador del&lt;br /&gt;cielo y tierra y todo lo que en ellos se contiene; vos,&lt;br /&gt;Señor, que ponderáis los vientos (Job 28, 25) y con&lt;br /&gt;69&lt;br /&gt;vuestro imperio al mar le ponéis términos (Sal., 103, 9) y&lt;br /&gt;a vuestra voluntad todo lo criado está sujeto (Est., 13, 9),&lt;br /&gt;podéis hacer de este gusanillo vil a vuestro beneplácito,&lt;br /&gt;sin que yo falte a lo que os tengo prometido; y si no me&lt;br /&gt;desvío, mi bien y mi Señor, de vuestro gusto, de nuevo&lt;br /&gt;confirmo y ratifico que quiero ser casta en lo que tuviere&lt;br /&gt;vida y a vos quiero por dueño y por Esposo; y pues a mí&lt;br /&gt;sólo me toca y pertenece como criatura vuestra&lt;br /&gt;obedeceros, mirad, Esposo mío, que por la Vuestra corre&lt;br /&gt;sacar a mi flaqueza humana de este empeño en que&lt;br /&gt;Vuestro santo amor me pone.—Turbóse algún poco la&lt;br /&gt;castísima doncella María, según la parte inferior, como&lt;br /&gt;sucedió después con la embajada del Arcángel San&lt;br /&gt;Gabriel (Lc., 1, 29); pero aunque sintió alguna tristeza, no&lt;br /&gt;le impidió la más heroica obediencia que hasta entonces&lt;br /&gt;había tenido, con que se resignó toda en las manos del&lt;br /&gt;Señor. Su Majestal la respondió: María, no se turbe tu&lt;br /&gt;corazón, que tu rendimiento me es agradable y mi brazo&lt;br /&gt;poderoso no está sujeto a leyes; por mi cuenta correrá lo&lt;br /&gt;que a ti más conviene.&lt;br /&gt;745. Con sola esta promesa del Altísimo volvió María&lt;br /&gt;Santísima de la visión a su ordinario estado; y entre la&lt;br /&gt;suspensión y la esperanza que la dejaron el divino&lt;br /&gt;mandato y promesa, quedó siempre cuidadosa,&lt;br /&gt;obligándola el Señor por este medio a que multiplicase&lt;br /&gt;con lágrimas nuevos afectos de amor y de confianza, de&lt;br /&gt;fe, de humildad, de obediencia, de castidad purísima y&lt;br /&gt;de otras virtudes, que sería imposible referirlas. En el&lt;br /&gt;ínterin que nuestra gran Princesa se ocupaba cuidadosa&lt;br /&gt;con esta oración, ansias y congojas rendidas y prudentes,&lt;br /&gt;habló Dios en sueños al Sumo Sacerdote, que era el&lt;br /&gt;Santo Simeón, y le mandó que dispusiese cómo dar&lt;br /&gt;estado de casada a María hija de Joaquín y Ana de&lt;br /&gt;Nazaret; porque Su Majestad la miraba con especial&lt;br /&gt;cuidado y amor. El Santo Sacerdote respondió a Dios,&lt;br /&gt;preguntándole su voluntad en la persona con quien la&lt;br /&gt;70&lt;br /&gt;doncella María tomaría estado dándosela por esposa.&lt;br /&gt;Ordenóle el Señor que juntase a los otros sacerdotes y&lt;br /&gt;letrados y les propusiese cómo aquella doncella era sola&lt;br /&gt;y huérfana y no tenía voluntad de casarse, pero que,&lt;br /&gt;según la costumbre de no salir del Templo las&lt;br /&gt;primogénitas sin tomar estado, era conveniente hacerlo&lt;br /&gt;con quien más a propósito les pareciese.&lt;br /&gt;746. Obedeció el Sacerdote Simeón a la ordenación&lt;br /&gt;Divina; y, habiendo congregado a los demás, les dio&lt;br /&gt;noticia de la voluntad del Altísimo y les propuso el&lt;br /&gt;agrado que Su Majestad tenía de aquella doncella María&lt;br /&gt;de Nazaret, según se le había revelado; y que hallándose&lt;br /&gt;en el templo, y faltándole sus padres, era obligación de&lt;br /&gt;todos ellos cuidar de su remedio y buscarle esposo digno&lt;br /&gt;de mujer tan honesta, virtuosa, y de costumbres tan&lt;br /&gt;irreprensibles, como todos habían conocido de ella en el&lt;br /&gt;Templo; y a más de esto la persona, la hacienda, la&lt;br /&gt;calidad y las demás partes eran muy señaladas, para que&lt;br /&gt;se reparase mucho a quien se había de entregar todo.&lt;br /&gt;Añadió también que María de Nazaret no deseaba tomar&lt;br /&gt;estado de matrimonio, pero que no era justo saliese del&lt;br /&gt;Templo sin él, porque era huérfana y primogénita.&lt;br /&gt;747. Conferido este negocio en la junta de los&lt;br /&gt;sacerdotes y letrados y movidos todos con impulso y luz&lt;br /&gt;del cielo, determinaron que en cosa donde se deseaba&lt;br /&gt;tanto el acierto, y el mismo Señor había declarado su&lt;br /&gt;beneplácito, convenía inquirir su santa voluntad en lo&lt;br /&gt;restante y pedirle señalase por algún modo la persona&lt;br /&gt;que más a propósito fuese para esposo de María, y que&lt;br /&gt;fuese de la casa y linaje de David, para que se cumpliese&lt;br /&gt;con la ley. Determinaron para esto un día señalado, en&lt;br /&gt;que todos los varones libres y solteros de este linaje que&lt;br /&gt;estaban en Jerusalén se juntasen en el Templo; y vino a&lt;br /&gt;ser aquel día el mismo en que la Princesa del cielo&lt;br /&gt;cumplía catorce años de su edad. Y como era necesario&lt;br /&gt;71&lt;br /&gt;darle a ella noticia de este acuerdo y pedirle su&lt;br /&gt;consentimiento, el Sacerdote Simeón la llamó y le&lt;br /&gt;propuso el intento que tenían él y los demás Sacerdotes&lt;br /&gt;de darle esposo antes que saliese del templo.&lt;br /&gt;748. La prudentísima Virgen, lleno el rostro de virginal&lt;br /&gt;pudor, respondió al Sacerdote con gran modestia y&lt;br /&gt;humildad, y le dijo: Yo, señor mío, cuanto es de mi&lt;br /&gt;voluntad he deseado toda mi vida guardar castidad&lt;br /&gt;perpetua, dedicándome a Dios en el servicio de este&lt;br /&gt;Santo Templo, en retorno de los bienes grandes que en él&lt;br /&gt;he recibido, y jamás tuve intento, ni me incliné al estado&lt;br /&gt;del matrimonio, juzgándome por inhábil para los&lt;br /&gt;cuidados que trae consigo. Esta es mi inclinación, pero&lt;br /&gt;vos, señor, que estáis en lugar de Dios, me enseñaréis lo&lt;br /&gt;que fuere de su santa voluntad.—Hija mía —replicó el&lt;br /&gt;sacerdote—, vuestros deseos santos recibirá el Señor,&lt;br /&gt;pero advertid que ninguna de las doncellas de Israel se&lt;br /&gt;abstiene ahora del matrimonio, mientras aguardamos&lt;br /&gt;conforme a las Divinas Profecías la venida del Mesías, y&lt;br /&gt;por esto se juzga por feliz y bendita la que tiene sucesión&lt;br /&gt;de hijos en nuestro pueblo. En el estado del matrimonio&lt;br /&gt;podéis servir a Dios con muchas veras y perfección; y&lt;br /&gt;para que tengáis en él quien os acompañe y a vuestros&lt;br /&gt;intentos se conforme, haremos oración, pidiendo al Señor,&lt;br /&gt;como os he dicho, señale de su mano esposo que sea más&lt;br /&gt;conforme a su Divina voluntad, entre los del linaje de&lt;br /&gt;[Santo Rey] David; y vos pedid lo mismo con oración&lt;br /&gt;continua, para que el Altísimo os mire y nos encamine a&lt;br /&gt;todos.&lt;br /&gt;749. Esto sucedió nueve días antes del que estaba&lt;br /&gt;señalado para la última resolución y ejecución del&lt;br /&gt;acuerdo. Y en este tiempo la Santísima Virgen multiplicó&lt;br /&gt;sus peticiones al Señor con incesantes lágrimas y&lt;br /&gt;suspiros, pidiendo el cumplimiento de su Divina voluntad,&lt;br /&gt;en lo que tanto según sus cuidados le importaba. Un día&lt;br /&gt;72&lt;br /&gt;de estos nueve se le apareció el Señor, y la dijo: Esposa y&lt;br /&gt;paloma mía, dilata tu afligido corazón y no se turbe ni&lt;br /&gt;contriste; yo estoy atento a tus deseos y ruegos y lo&lt;br /&gt;gobierno todo y por mi luz va regido el sacerdote; yo te&lt;br /&gt;daré esposo de mi mano, que no impida tus santos&lt;br /&gt;deseos, pero que con mi gracia te ayude en ellos; yo te&lt;br /&gt;buscaré varón perfecto conforme a mi corazón y le&lt;br /&gt;elegiré entre mis siervos; mi poder es infinito, y no te&lt;br /&gt;faltará mi protección y amparo.&lt;br /&gt;750. Respondió María Santísima, y dijo al Señor: Sumo&lt;br /&gt;Bien y amor de mi alma, bien sabéis el secreto de mi&lt;br /&gt;pecho y los deseos que en él habéis depositado desde el&lt;br /&gt;instante que de vos recibí todo el ser que tengo;&lt;br /&gt;conservadme, pues, Esposo mío, casta y pura, como por&lt;br /&gt;vos mismo y para vos lo he deseado. No despreciéis mis&lt;br /&gt;suspiros, ni me apartéis de vuestro Divino rostro.&lt;br /&gt;Atended, Señor y Dueño mío, que soy un gusanillo vil y&lt;br /&gt;flaco y despreciable por mi bajeza; y si en el estado del&lt;br /&gt;matrimonio desfallezco, faltaré a vos y a mis deseos;&lt;br /&gt;determinad mi seguro acierto y no os desobliguéis de que&lt;br /&gt;no lo he merecido; aunque soy polvo inútil, clamaré a los&lt;br /&gt;pies de vuestra grandeza, esperando, Señor, vuestras&lt;br /&gt;misericordias infinitas.&lt;br /&gt;751. Acudía también la castísima doncella a sus Ángeles&lt;br /&gt;Santos, a quienes excedía en la santidad y pureza, y&lt;br /&gt;confería con ellos muchas veces el cuidado de su corazón&lt;br /&gt;sobre el nuevo estado que esperaba. Dijéronla un día los&lt;br /&gt;santos espíritus: Esposa del Altísimo, pues no podéis&lt;br /&gt;ignorar ni olvidar este título, ni menos el amor que os&lt;br /&gt;tiene, y que es todopoderoso y verdadero, sosegad,&lt;br /&gt;Señora, vuestro corazón; pues faltarán primero los cielos&lt;br /&gt;y la tierra que falte la verdad y cumplimiento de sus&lt;br /&gt;promesas (Mt., 24, 35). Por cuenta de vuestro Esposo&lt;br /&gt;corren vuestros sucesos; y su brazo poderoso, que impera&lt;br /&gt;sobre los elementos y criaturas, puede suspender la&lt;br /&gt;73&lt;br /&gt;fuerza de las impetuosas olas e impedir la vehemencia&lt;br /&gt;de sus operaciones, para que ni el fuego queme, ni la&lt;br /&gt;tierra sea grave. Sus altos juicios son ocultos y santos, sus&lt;br /&gt;decretos rectísimos y admirables, y no pueden las criaturas&lt;br /&gt;comprenderlos; pero deben reverenciarlos. Si&lt;br /&gt;quiere su grandeza que le sirváis en el matrimonio, mejor&lt;br /&gt;será para vos obligarle con él que disgustarle en otro&lt;br /&gt;estado; Su Majestad sin duda hará con vos lo mejor y más&lt;br /&gt;perfecto y santo; estad segura de sus promesas.—Con&lt;br /&gt;esta exhortación angélica sosegó nuestra Princesa algo&lt;br /&gt;de sus cuidados y de nuevo les pidió la asistiesen y&lt;br /&gt;guardasen y representasen al Señor su rendimiento,&lt;br /&gt;aguardando lo que de ella ordenase su Divino&lt;br /&gt;beneplácito.&lt;br /&gt;Doctrina que me dio la Princesa del Cielo.&lt;br /&gt;752. Hija mía carísima, altísimos y venerables son los&lt;br /&gt;juicios del Señor y no deben investigarlos las criaturas,&lt;br /&gt;pues no pueden penetrarlos. Mandóme Su Alteza tomar&lt;br /&gt;estado de casada y encubrióme entonces el sacramento,&lt;br /&gt;pero convenía así que le tomase para que mi parto se&lt;br /&gt;honestase al mundo, reputando al Verbo Humanado en&lt;br /&gt;mis entrañas por hijo de mi esposo, porque ignoraba entonces&lt;br /&gt;el misterio. Fue también oportuno medio para&lt;br /&gt;ocultarle de Lucifer y sus demonios, que estaban muy&lt;br /&gt;feroces contra mí, procurando ejecutar su indignado furor&lt;br /&gt;conmigo. Y cuando me vio tomar el común estado de las&lt;br /&gt;mujeres casadas, se deslumbró creyendo no fuera&lt;br /&gt;compatible tener esposo varón y ser Madre del mismo&lt;br /&gt;Dios; y con esto sosegó un poco y dio treguas a su&lt;br /&gt;malicia. Otros fines tuvo el Altísimo en mi estado que han&lt;br /&gt;sido manifiestos, aunque entonces a mí se me ocultaron,&lt;br /&gt;porque así convenía.&lt;br /&gt;753. Y quiero que entiendas, hija mía, que fue para mí&lt;br /&gt;el mayor dolor y aflicción que hasta aquel día había&lt;br /&gt;74&lt;br /&gt;padecido, saber que había de tener por esposo a ninguno&lt;br /&gt;de los hombres, no declarándome el Señor entonces el&lt;br /&gt;misterio; y si en esta pena no me confortara su virtud&lt;br /&gt;Divina y me dejara alguna confianza, aunque oscura y sin&lt;br /&gt;determinación, con el dolor hubiera perdido la vida. Pero&lt;br /&gt;de este suceso quedarás enseñada, cuál ha de ser el&lt;br /&gt;rendimiento de la criatura a la voluntad del Altísimo y&lt;br /&gt;cómo ha de cautivar su corto entendimiento, sin&lt;br /&gt;escudriñar los secretos de la majestad tan levantados y&lt;br /&gt;ocultos. Y cuando a la criatura se le representa alguna&lt;br /&gt;dificultad o peligro en lo que el Señor dispone o manda,&lt;br /&gt;sepa confiar en él y crea que no la pone en ellos para&lt;br /&gt;dejarla, mas para sacarla victoriosa y con triunfo, si de su&lt;br /&gt;parte coopera con el auxilio del mismo Señor; y cuando&lt;br /&gt;quiere el alma escudriñar los juicios de su sabiduría y&lt;br /&gt;satisfacerse primero que obedezca y crea, sepa que defrauda&lt;br /&gt;la gloria y grandeza de su Criador y pierde&lt;br /&gt;juntamente el propio merecimiento.&lt;br /&gt;754. Yo reconocía que el Altísimo es superior a todas las&lt;br /&gt;criaturas y que no ha menester nuestro discurso y sólo&lt;br /&gt;quiere el rendimiento de la voluntad, pues la criatura no&lt;br /&gt;le puede dar consejo, sino obediencia y alabanza. Y&lt;br /&gt;aunque, por no saber lo que me mandaría y ordenaría en&lt;br /&gt;el estado del matrimonio, me afligía mucho por el amor&lt;br /&gt;de la castidad, pero este dolor y pena no me hicieron&lt;br /&gt;curiosa en escudriñar, antes sirvieron para que mi&lt;br /&gt;obediencia fuese más excelente y agradable en sus ojos.&lt;br /&gt;Con este ejemplo debes tú regular el rendimiento que&lt;br /&gt;has de tener a todo lo que entendieres del gusto de tu&lt;br /&gt;Esposo y Señor, dejándote en su protección y en la&lt;br /&gt;firmeza de sus promesas infalibles; y en lo que tuvieres&lt;br /&gt;aprobación de sus Sacerdotes y tus Prelados, déjate&lt;br /&gt;gobernar sin resistir a sus mandatos, ni a las Divinas&lt;br /&gt;inspiraciones.&lt;br /&gt;CAPITULO 22&lt;br /&gt;75&lt;br /&gt;Celébrase el desposorio de María Santísima con el&lt;br /&gt;Santo y Castísimo José.&lt;br /&gt;755. Llegó el día señalado, en que dijimos cumplía&lt;br /&gt;nuestra princesa María los catorce años de su edad,&lt;br /&gt;capítulo precedente, y en él se juntaron los varones&lt;br /&gt;descendientes del tribu de Judá y linaje de [Santo Rey]&lt;br /&gt;David, de quien descendía la soberana Señora, que a la&lt;br /&gt;sazón estaban en la ciudad de Jerusalén. Entre los&lt;br /&gt;demás fue llamado José, natural de Nazaret y morador&lt;br /&gt;de la misma ciudad santa, porque era uno de los del&lt;br /&gt;linaje real de David. Era entonces de edad de treinta y&lt;br /&gt;tres años, de persona bien dispuesta y agradable rostro,&lt;br /&gt;pero de incomparable modestia y gravedad; y sobre todo&lt;br /&gt;era castísimo de obras y pensamientos, con inclinaciones&lt;br /&gt;santísimas, y que desde doce años de edad tenía hecho&lt;br /&gt;voto de castidad; era deudo de la Virgen María en tercer&lt;br /&gt;grado; y de vida purísima, santa e irreprensible en los&lt;br /&gt;ojos de Dios y de los hombres.&lt;br /&gt;756. Congregados todos estos varones libres en el&lt;br /&gt;Templo, hicieron oración al Señor junto con los&lt;br /&gt;Sacerdotes, para que todos fuesen gobernados por su&lt;br /&gt;divino Espíritu en lo que debían hacer. El Altísimo habló&lt;br /&gt;al corazón del Sumo Sacerdote, inspirándole que a cada&lt;br /&gt;uno de los jóvenes allí congregados pusiese una vara&lt;br /&gt;seca en las manos y todos pidiesen con fe viva a Su&lt;br /&gt;Majestad declarase por aquel medio a quién había&lt;br /&gt;elegido para esposo de María. Y como el buen olor de su&lt;br /&gt;virtud y honestidad y la fama de su hermosura, hacienda&lt;br /&gt;y calidad y ser primogénita y sola en su casa era&lt;br /&gt;manifiesto a todos, cada cual codiciaba la dichosa suerte&lt;br /&gt;de merecerla por esposa. Sólo el humilde y rectísimo José&lt;br /&gt;entre los congregados se reputaba por indigno de tanto&lt;br /&gt;bien; y acordándose del voto de castidad que tenía hecho&lt;br /&gt;y proponiendo de nuevo su perpetua observancia, se&lt;br /&gt;76&lt;br /&gt;resignó en la Divina voluntad, dejándose a lo que de él&lt;br /&gt;quisiera disponer, pero con mayor veneración y aprecio&lt;br /&gt;que otro alguno de la honestísima doncella María.&lt;br /&gt;757. Estando todos los congregados en esta oración se&lt;br /&gt;vio florecer la vara sola que tenía José y al mismo tiempo&lt;br /&gt;bajar de arriba una paloma candidísima, llena de&lt;br /&gt;admirable resplandor, que se puso sobre la cabeza del&lt;br /&gt;mismo Santo; juntamente habló Dios a su interior, y le&lt;br /&gt;dijo: José, siervo mío, tu esposa será María, admítela con&lt;br /&gt;atención y reverencia, porque en mis ojos es acepta,&lt;br /&gt;justa y purísima en alma y cuerpo y tú harás todo lo que&lt;br /&gt;ella te dijere.—Con la declaración y señal del cielo los&lt;br /&gt;sacerdotes dieron a San José por esposo elegido del&lt;br /&gt;mismo Dios para la doncella María. Y llamándola para el&lt;br /&gt;desposorio, salió la escogida como el sol, más hermosa&lt;br /&gt;que la luna (Cant., 6, 9), y pareció en presencia de todos&lt;br /&gt;con un semblante más que de Ángel de incomparable&lt;br /&gt;hermosura, honestidad y gracia; y los Sacerdotes la&lt;br /&gt;desposaron con el más casto y santo de los varones, José.&lt;br /&gt;758. La divina Princesa, más pura que las estrellas del&lt;br /&gt;firmamento, con semblante lloroso y grave, y como reina&lt;br /&gt;de majestad humildísima, juntando todas estas&lt;br /&gt;perfecciones, se despidió de los Sacerdotes, pidiéndoles&lt;br /&gt;la bendición, y a la Maestra también, y a las doncellas&lt;br /&gt;perdón, y a todos dando gracias por los beneficios&lt;br /&gt;recibidos de sus manos en el Templo. Todo esto hizo en&lt;br /&gt;parte con el semblante humildísimo y parte con muy&lt;br /&gt;breves y prudentísimas razones; porque en todas&lt;br /&gt;ocasiones hablaba pocas y de gran peso. Despidióse del&lt;br /&gt;Templo, no sin grave dolor de dejarle contra inclinación y&lt;br /&gt;deseo; y acompañándola algunos ministros de los que&lt;br /&gt;servían al Templo en las cosas temporales, y eran legos y&lt;br /&gt;de los más principales, con su mismo esposo José&lt;br /&gt;caminaron a Nazaret, patria natural de los dos felicísimos&lt;br /&gt;desposados. Y aunque San José había nacido en aquel&lt;br /&gt;77&lt;br /&gt;lugar, disponiéndolo el Altísimo por medio de algunos sucesos&lt;br /&gt;de fortuna, había ido a vivir algún tiempo a&lt;br /&gt;Jerusalén, para que allí la mejorase tan dichosamente&lt;br /&gt;como llegando a ser esposo de la que había elegido el&lt;br /&gt;mismo Dios para Madre suya.&lt;br /&gt;759. Llegando a su lugar de Nazaret, donde la Princesa&lt;br /&gt;del Cielo tenía la hacienda y casas de sus dichosos&lt;br /&gt;padres, fueron recibidos y visitados de todos los amigos y&lt;br /&gt;parientes con el regocijo y aplauso que en tales&lt;br /&gt;ocasiones se acostumbra. Y habiendo cumplido con la&lt;br /&gt;natural obligación y urbanidad santamente, satisfaciendo&lt;br /&gt;a estas deudas temporales de la conversación y comercio&lt;br /&gt;de los hombres, quedaron libres y desocupados los dos&lt;br /&gt;Santos Esposos José y María en su casa. La costumbre&lt;br /&gt;había introducido entre los hebreos que en algunos&lt;br /&gt;primeros días del matrimonio hiciesen los esposos examen&lt;br /&gt;y experiencia de las costumbres y condición de cada&lt;br /&gt;uno, para ajustarse mejor recíprocamente el uno con la&lt;br /&gt;del otro.&lt;br /&gt;760. En estos días habló el Santo José a su esposa&lt;br /&gt;María, y la dijo: Esposa y Señora mía, yo doy gracias al&lt;br /&gt;Altísimo Dios por la merced de haberme señalado sin&lt;br /&gt;méritos por vuestro esposó, cuando me juzgaba indigno&lt;br /&gt;de vuestra compañía; pero Su Majestad, que puede&lt;br /&gt;cuando quiere levantar al pobre, hizo esta misericordia&lt;br /&gt;conmigo, y deseo me ayudéis, como lo espero de vuestra&lt;br /&gt;discreción y virtud, a dar el retorno que le debo,&lt;br /&gt;sirviéndole con rectitud de corazón; para esto me&lt;br /&gt;tendréis por vuestro siervo, y, con el verdadero afecto&lt;br /&gt;que os estimo, os pido queráis suplir lo mucho que me&lt;br /&gt;falta de hacienda y otras partes que para ser esposo&lt;br /&gt;vuestro convenían; decidme, Señora, cuál es vuestra&lt;br /&gt;voluntad, para que yo la cumpla.&lt;br /&gt;761. Oyó estas razones la divina esposa con humilde&lt;br /&gt;78&lt;br /&gt;corazón y apacible severidad en el semblante, y&lt;br /&gt;respondió al Santo: Señor mío, yo estoy gozosa de que el&lt;br /&gt;Altísimo, para ponerme en este estado, se dignase de&lt;br /&gt;señalaros para mi esposo y dueño y que el serviros fuese&lt;br /&gt;con el testimonio de su voluntad Divina; pero si me dais&lt;br /&gt;licencia diré los intentos y pensamientos que para esto os&lt;br /&gt;deseo manifestar.—Prevenía el Altísimo con su gracia el&lt;br /&gt;sencillo y recto corazón de San José y por medio de las&lt;br /&gt;razones de María Santísima le inflamó de nuevo en el&lt;br /&gt;divino amor, y respondióla diciendo: Hablad, Señora, que&lt;br /&gt;vuestro siervo oye.—Asistían en esta ocasión a la Señora&lt;br /&gt;del mundo los mil Ángeles de su guarda en forma visible,&lt;br /&gt;como ella se lo había pedido. La causa de esta petición&lt;br /&gt;fue porque el Altísimo, para que la Purísima Virgen en&lt;br /&gt;todo obrase con mayor gracia y mérito, dio lugar a que&lt;br /&gt;sintiese el respeto y cuidado con que había de hablar a&lt;br /&gt;su esposo y la dejó en el natural encogimiento y temor&lt;br /&gt;que siempre había tenido de hablar con hombre a solas,&lt;br /&gt;que nunca hasta aquel día lo había hecho, sino es si&lt;br /&gt;acaso sucedía con el Sumo Sacerdote.&lt;br /&gt;762. Los Santos Ángeles obedecieron a su Reina, y&lt;br /&gt;manifiestos a sólo su vista la asistieron; y con esta&lt;br /&gt;compañía habló a su esposo san José, y díjole: Señor y&lt;br /&gt;esposo mío, justo es que demos alabanza y gloria con&lt;br /&gt;toda reverencia a nuestro Dios y Criador, que en bondad&lt;br /&gt;es infinito y en sus juicios incomprensible y con nosotros&lt;br /&gt;pobres ha manifestado su grandeza y misericordia,&lt;br /&gt;escogiéndonos para su servicio. Yo me reconozco entre&lt;br /&gt;todas las criaturas por más obligada y deudora a Su&lt;br /&gt;Alteza que otra alguna y que todas juntas; porque&lt;br /&gt;mereciendo menos, he recibido de su mano liberalísima&lt;br /&gt;más que ellas. En mi tierna edad, compelida de la fuerza&lt;br /&gt;de esta verdad que con desengaño de todo lo visible me&lt;br /&gt;comunicó la Divina luz, me consagré a Dios con perpetuo&lt;br /&gt;voto de ser casta en alma y cuerpo; suya soy y le&lt;br /&gt;reconozco por Esposo y Dueño, con voluntad inmutable de&lt;br /&gt;79&lt;br /&gt;guardarle la fe de la castidad. Para cumplir esto, quiero,&lt;br /&gt;señor mío, que me ayudéis, que en lo demás yo seré&lt;br /&gt;vuestra fiel sierva para cuidar de vuestra vida, cuanto&lt;br /&gt;durare la mía. Admitid, esposo mío, esta santa&lt;br /&gt;determinación y confirmadla con la vuestra, para que&lt;br /&gt;ofreciéndonos en sacrificio aceptable a nuestro Dios&lt;br /&gt;eterno, nos reciba en olor de suavidad, y alcancemos los&lt;br /&gt;bienes eternos que esperamos.&lt;br /&gt;763. El castísimo esposo José, lleno de interior júbilo con&lt;br /&gt;las razones de su divina esposa, la respondió: Señora&lt;br /&gt;mía, declarándome vuestros pensamientos castos y&lt;br /&gt;propósitos, habéis penetrado y desplegado mi corazón,&lt;br /&gt;que no os manifesté antes de saber el vuestro. Yo&lt;br /&gt;también me reconozco más obligado entre los hombres al&lt;br /&gt;Señor de todo lo criado, porque muy temprano me llamó&lt;br /&gt;con su verdadera luz para que le amase con rectitud de&lt;br /&gt;corazón; y quiero, Señora, que entendáis cómo de doce&lt;br /&gt;años hice también promesa de servir al Altísimo en&lt;br /&gt;castidad perpetua; y ahora vuelvo a ratificar el mismo&lt;br /&gt;voto, para no impedir el vuestro, antes en la presencia de&lt;br /&gt;Su Alteza os prometo de ayudaros, cuanto en mí fuere,&lt;br /&gt;para que en toda pureza le sirváis y améis según vuestro&lt;br /&gt;deseo. Yo seré con la Divina gracia vuestro fidelísimo&lt;br /&gt;siervo y compañero; yo os suplico recibáis mi casto afecto&lt;br /&gt;y me tengáis por vuestro hermano, sin admitir jamás otro&lt;br /&gt;peregrino amor, fuera del que debéis a Dios y después a&lt;br /&gt;mí.—En esta plática confirmó el Altísimo de nuevo en el&lt;br /&gt;corazón de San José la virtud de la castidad y el amor&lt;br /&gt;santo y puro que había de tener a su esposa Santísima&lt;br /&gt;María, y así le tuvo el Santo en grado eminentísimo; y la&lt;br /&gt;misma Señora con su prudentísima conversación se le&lt;br /&gt;aumentaba dulcemente, llevándole el corazón.&lt;br /&gt;764. Con la virtud Divina que el brazo poderoso obraba&lt;br /&gt;en los dos santísimos y castísimos esposos sintieron&lt;br /&gt;incomparable júbilo y consolación; y la divina Princesa&lt;br /&gt;80&lt;br /&gt;ofreció a San José corresponderle a su deseo, como la&lt;br /&gt;que era Señora de las virtudes y sin contradicción obraba&lt;br /&gt;en todas lo más alto y excelente de ellas. Diole también&lt;br /&gt;el Altísimo a San José nueva pureza y dominio sobre la&lt;br /&gt;naturaleza y sus pasiones, para que sin rebelión ni fomes,&lt;br /&gt;pero con admirable y nueva gracia, sirviese a su esposa&lt;br /&gt;María, y en ella a la voluntad y beneplácito del mismo&lt;br /&gt;Señor. Luego distribuyeron la hacienda heredada de San&lt;br /&gt;Joaquín y Santa Ana, padres de la santísima Señora; y&lt;br /&gt;una parte ofreció al Templo donde había estado, otra se&lt;br /&gt;aplicó a los pobres y la tercera quedó a cuenta del Santo&lt;br /&gt;esposo José para que la gobernase. Sólo reservó nuestra&lt;br /&gt;Reina para sí el cuidado de servirle y trabajar dentro de&lt;br /&gt;casa; porque del comercio de fuera y manejo de&lt;br /&gt;hacienda, comprando ni vendiendo, se eximió siempre la&lt;br /&gt;Virgen Prudentísima, como dije (Cf. supra n. 555, 556) en&lt;br /&gt;otra parte.&lt;br /&gt;765. En sus primeros años había deprendido san José el&lt;br /&gt;oficio de carpintero por más honesto y acomodado para&lt;br /&gt;adquirir el sustento de la vida; porque era pobre de&lt;br /&gt;fortuna, como arriba dije; y preguntóle a la Santísima&lt;br /&gt;Esposa si gustaría que ejercitase aquel oficio para&lt;br /&gt;servirla y granjear algo para los pobres; pues era forzoso&lt;br /&gt;trabajar y no vivir ocioso. Aprobólo la Virgen&lt;br /&gt;Prudentísima, advirtiendo a San José que el Señor no los&lt;br /&gt;quería ricos, sino pobres y amadores de los pobres y para&lt;br /&gt;su amparo en lo que su caudal se extendiese. Luego&lt;br /&gt;tuvieron los dos Santos Esposos una santa contienda&lt;br /&gt;sobre cuál de los dos había de dar la obediencia al otro&lt;br /&gt;como superior. Pero la que entre los humildes era&lt;br /&gt;humildísima, venció en humildad María Santísima y no&lt;br /&gt;consintió que siendo el varón la cabeza se pervirtiese el&lt;br /&gt;orden de la misma naturaleza; y quiso en todo obedecer&lt;br /&gt;a su esposo José, pidiéndole consentimiento sólo para&lt;br /&gt;dar limosna a los pobres del Señor; y el santo le dio&lt;br /&gt;licencia para hacerlo.&lt;br /&gt;81&lt;br /&gt;766. Reconociendo el Santo José en estos días con nueva&lt;br /&gt;luz del cielo las condiciones de su esposa María, su rara&lt;br /&gt;prudencia, humildad, pureza y todas las virtudes sobre su&lt;br /&gt;pensamiento y ponderación, quedó admirado de nuevo y&lt;br /&gt;con gran júbilo de su espíritu no cesaba con ardientes&lt;br /&gt;afectos de alabar al Señor y darle nuevas gracias por&lt;br /&gt;haberle dado tal compañía y esposa sobre sus&lt;br /&gt;merecimientos. Y para que esta obra fuese del todo&lt;br /&gt;perfectísima —porque era principio de la mayor que Dios&lt;br /&gt;había de obrar con toda su omnipotencia— hizo que la&lt;br /&gt;Princesa del cielo infundiese con su presencia y vista en&lt;br /&gt;el corazón de su mismo esposo un temor y reverencia tan&lt;br /&gt;grande, que con ningún linaje de palabras se puede&lt;br /&gt;explicar. Y esto le resultaba a San José de una&lt;br /&gt;refulgencia o rayos de divina luz que despedía de su&lt;br /&gt;rostro nuestra Reina, junto con una majestad inefable&lt;br /&gt;que siempre la acompañaba, con tanto mayor causa que&lt;br /&gt;a Moisés cuando bajó del monte (Ex., 34, 29) cuanto&lt;br /&gt;había sido más largo y más íntimo el trato y conversación&lt;br /&gt;con Dios.&lt;br /&gt;767. Luego tuvo María Santísima una visión Divina del&lt;br /&gt;Señor, en que la habló Su Majestad y la dijo: Esposa mía&lt;br /&gt;dilectísima y escogida, atiende cómo soy fiel en mis&lt;br /&gt;palabras con los que me aman y temen; corresponde,&lt;br /&gt;pues, ahora a mi fidelidad, guardando las leyes de&lt;br /&gt;esposa mía en santidad, pureza y toda perfección; para&lt;br /&gt;esto te ayudará la compañía de mi siervo José que te he&lt;br /&gt;dado; obedécele como debes y atiende a su consuelo,&lt;br /&gt;que así es mi voluntad.—Respondió María Santísima:&lt;br /&gt;Altísimo Señor, yo os alabo y magnifico por vuestro&lt;br /&gt;admirable consejo y providencia conmigo, indigna y&lt;br /&gt;pobre criatura; mi deseo es obedeceros y daros gusto&lt;br /&gt;como vuestra sierva, más obligada que ninguna otra&lt;br /&gt;criatura. Dadme, Señor mío, vuestro favor Divino, para&lt;br /&gt;que en todo me asista y me gobierne con mayor agrado&lt;br /&gt;82&lt;br /&gt;vuestro; y para que también atienda a las obligaciones&lt;br /&gt;del estado en que me ponéis, para que como esclava&lt;br /&gt;vuestra no salga de vuestros órdenes y beneplácito.&lt;br /&gt;Dadme vuestra licencia y bendición, que con ella&lt;br /&gt;acertaré a obedecer y servir a vuestro siervo José, como&lt;br /&gt;vos, mi Dueño y mi Hacedor, me lo mandáis.&lt;br /&gt;768. Con estos divinos apoyos se fundó la casa y&lt;br /&gt;matrimonio de María Santísima y de San José; y desde 8&lt;br /&gt;de septiembre, que se hizo el desposorio, hasta 25 de&lt;br /&gt;marzo siguiente, que sucedió la Encarnación del Verbo&lt;br /&gt;Divino, como diré en la segunda parte (Cf. infra p.II n.&lt;br /&gt;138), vivieron los dos esposos, disponiéndolos el Altísimo&lt;br /&gt;respectivamente para la obra que los había elegido; y la&lt;br /&gt;divina Señora ordenó las cosas de su persona y las de su&lt;br /&gt;casa, como diré en los capítulos siguientes.&lt;br /&gt;769. Pero no puedo antes contener mi afecto en&lt;br /&gt;gratificar la buena dicha del más feliz de los nacidos, San&lt;br /&gt;José. ¿De dónde, oh varón de Dios, os vino tanta felicidad&lt;br /&gt;y dicha, que entre los hijos de Adán sólo de vos se dijese&lt;br /&gt;que el mismo Dios era vuestro, y tan sólo vuestro que se&lt;br /&gt;tuviese y reputase por vuestro único hijo? El Eterno Padre&lt;br /&gt;os da su Hija, y el Hijo os da su verdadera y real Madre,&lt;br /&gt;el Espíritu Santo os entrega y fía su Esposa y da sus&lt;br /&gt;veces, y toda la Beatísima Trinidad a su electa, única y&lt;br /&gt;escogida como el sol, os la concede y entrega por vuesta&lt;br /&gt;legítima mujer. ¿Conocéis, santo mío, vuestra dignidad?&lt;br /&gt;¿Sabéis vuestra excelencia? ¿Entendéis que vuestra&lt;br /&gt;esposa es Reina y Señora del cielo y tierra, y vos&lt;br /&gt;depositario de los tesoros inestimables del mismo Dios?&lt;br /&gt;Atended, varón divino, a vuestro empeño, y sabed que si&lt;br /&gt;no tenéis envidiosos a los Ángeles y Serafines los tenéis&lt;br /&gt;admirados y suspensos de vuestra suerte y el sacramento&lt;br /&gt;que contiene vuestro matrimonio. Recibid la enhorabuena&lt;br /&gt;de tanta felicidad en nombre de todo el linaje humano.&lt;br /&gt;Archivo sois del registro de las Divinas misericordias,&lt;br /&gt;83&lt;br /&gt;dueño y esposo de la que sólo el mismo Dios es mayor&lt;br /&gt;que ella; rico y próspero os hallaréis entre los hombres y&lt;br /&gt;entre los mismos Ángeles. Acordaos de nuestra pobreza y&lt;br /&gt;miseria, y de mí el más vil gusano de la tierra, que deseo&lt;br /&gt;ser vuestra fiel devota y beneficiada y favorecida de&lt;br /&gt;vuestra poderosa intercesión.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;770. Hija mía, con el ejemplo de mi vida en el estado del&lt;br /&gt;matrimonio en que el Altísimo me puso, hallarás&lt;br /&gt;reprendida la disculpa que alegan, para no ser perfectas,&lt;br /&gt;las almas que le tienen en el mundo. Para Dios nada es&lt;br /&gt;imposible, y tampoco lo es para quien con viva fe espera&lt;br /&gt;en él y se remite en todo a su Divina disposición. Yo vivía&lt;br /&gt;en casa de mi esposo con la misma perfección que en el&lt;br /&gt;templo; porque no mudé con el estado el afecto, ni el&lt;br /&gt;deseo y cuidado de amarle y de servirle, antes lo&lt;br /&gt;aumenté para que nada me impidiese de las&lt;br /&gt;obligaciones de esposa; y por eso me asistió más el favor&lt;br /&gt;Divino y me disponía y acomodaba su maño poderosa&lt;br /&gt;todas las cosas conforme a mi deseo. Esto mismo haría el&lt;br /&gt;Señor con todas las criaturas si de su parte&lt;br /&gt;correspondiesen, pero culpan al estado del matrimonio&lt;br /&gt;engañándose a sí mismas; porque el impedimento para&lt;br /&gt;no ser perfectas y santas no es el estado, sino los&lt;br /&gt;cuidados y solicitud vana y superflua a que se entregan,&lt;br /&gt;olvidando el gusto del Señor y buscando y anteponiendo&lt;br /&gt;el suyo propio.&lt;br /&gt;771. Y si en el mundo no hay excusa para no seguir la&lt;br /&gt;perfección de la virtud, menos se admitirá en la religión&lt;br /&gt;por los oficios y ocupaciones que ella tiene. Nunca te&lt;br /&gt;imagines impedida por el que tienes de Prelada; pues&lt;br /&gt;habiéndote puesto Dios en él por mano de la obediencia,&lt;br /&gt;no debes desconfiar de su asistencia y amparo, que ese&lt;br /&gt;mismo día tomó por cuenta suya el darte fuerzas y auxi84&lt;br /&gt;lios para que atendieses a la obligación de Prelada y a la&lt;br /&gt;particular de la perfección con que debes amar a tu Dios&lt;br /&gt;y Señor. Oblígale con el sacrificio de tu voluntad,&lt;br /&gt;humillándote con paciencia a todo lo que su Divina&lt;br /&gt;providencia ordena, que, si no le impidieres, yo te&lt;br /&gt;aseguro de su protección y que por la experiencia&lt;br /&gt;conocerás siempre el poder de su brazo en gobernarte y&lt;br /&gt;encaminar todas tus acciones perfectamente.&lt;br /&gt;CAPITULO 23&lt;br /&gt;Explícase parte del capítulo 31 de las Parábolas de&lt;br /&gt;Salomón, a donde me remitió el Señor para manifestar el&lt;br /&gt;orden de vida que María Santísima dispuso en el&lt;br /&gt;matrimonio.&lt;br /&gt;772. Hallándose la Princesa del Cielo María en el&lt;br /&gt;impensado y nuevo estado de su matrimonio, levantó&lt;br /&gt;luego su mente purísima al Padre de las lumbres, para&lt;br /&gt;entender cómo se gobernaría con mayor agrado suyo&lt;br /&gt;entre las nuevas obligaciones de su estado. Para dar yo&lt;br /&gt;alguna noticia de lo que Su Alteza pensó tan santamente,&lt;br /&gt;me remitió el mismo Señor a las condiciones de la mujer&lt;br /&gt;fuerte, que por esta Señora dejó escritas Salomón en el&lt;br /&gt;último capítulo de sus Parábolas; y discurriendo por él,&lt;br /&gt;diré lo que pudiere de lo que me ha dado a entender.&lt;br /&gt;Comienza, pues, el capítulo, y dice la letra: ¿Quién&lt;br /&gt;hallará una mujer fuerte? Su precio viene de lejos y de los&lt;br /&gt;últimos fines (Prov., 31, 10). Esta pregunta es admirativa,&lt;br /&gt;entendiéndola de nuestra grande y fuerte mujer María; y&lt;br /&gt;de otra cualquiera en su comparación será negativa,&lt;br /&gt;pues en todo el resto de la humana naturaleza y ley&lt;br /&gt;común no se puede hallar otra mujer fuerte como la&lt;br /&gt;Princesa del Cielo. Todas las demás fueron y serán flacas&lt;br /&gt;y débiles, sin exceptuar alguna que no sea tributaria del&lt;br /&gt;demonio en la culpa. ¿Quién hallará, pues, otra mujer&lt;br /&gt;fuerte? No los reyes, ni monarcas, ni los príncipes&lt;br /&gt;85&lt;br /&gt;poderosos de la tierra, ni los Ángeles del Cielo, ni el mismo&lt;br /&gt;poder Divino hallará otra, porque no la criará como&lt;br /&gt;María Santísima; ella es la única y sola sin ejemplo y sola&lt;br /&gt;sin semejante y la que sola en la dignidad midió el brazo&lt;br /&gt;del Omnipotente; no le pudo dar más que a su mismo Hijo&lt;br /&gt;Eterno y de su misma sustancia, igual, inmenso, increado&lt;br /&gt;e infinito.&lt;br /&gt;773. Consiguiente era que el precio de esta mujer fuerte&lt;br /&gt;viniera de lejos, pues en la tierra y entre las criaturas no&lt;br /&gt;le había. Precio se llama aquel valor en que una cosa se&lt;br /&gt;compra o se estima, y entonces se sabe cuánto vale,&lt;br /&gt;cuando se aprecia y se valorea. El precio de esta mujer&lt;br /&gt;fuerte María fue valoreado en el consejo de la Beatísima&lt;br /&gt;Trinidad, cuando antes de todas las otras puras&lt;br /&gt;criaturas la rescató o compró el mismo Dios para sí, como&lt;br /&gt;recibiéndola de la misma humana naturaleza por algún&lt;br /&gt;retorno, que esto es comprar en rigor. El retorno y precio&lt;br /&gt;que dio por María fue el mismo Verbo Eterno Humanado,&lt;br /&gt;y se dio por satisfecho el Padre Eterno —a nuestro modo&lt;br /&gt;de entender— con María; pues en hallando esta mujer&lt;br /&gt;fuerte en su mente Divina, la estimó y apreció tanto, que&lt;br /&gt;determinó dar a su mismo Hijo, para que fuese justa y&lt;br /&gt;dignamente Hijo de María Santísima y sólo por ella&lt;br /&gt;tomara carne humana y la eligiera para Madre. Con este&lt;br /&gt;precio dio el Altísimo todos sus atributos, sabiduría,&lt;br /&gt;bondad, omnipotencia, justicia y los demás, y todos los&lt;br /&gt;méritos de su Hijo Humanado para adquirirla y&lt;br /&gt;apropiarla a sí mismo, quitándola a la naturaleza&lt;br /&gt;anticipadamente, para que si toda se perdiese, como se&lt;br /&gt;perdió en Adán, sola María con su Hijo quedase&lt;br /&gt;reservada, como apreciada tan de lejos que no alcanzó&lt;br /&gt;toda la naturaleza criada al decreto de su estimación y&lt;br /&gt;aprecio; así vino de lejos.&lt;br /&gt;774. Este lejos son también los fines de la tierra; porque&lt;br /&gt;Dios es el último fin y principio de todo lo criado, de&lt;br /&gt;86&lt;br /&gt;donde todo sale y a donde todo vuelve, como los ríos al&lt;br /&gt;mar (Ecl., 1 , 7). También el cielo empíreo es el fin&lt;br /&gt;corporal y material de todo lo demás corpóreo; y&lt;br /&gt;singularmente se llama asiento de la divinidad (Is., 66, 1).&lt;br /&gt;Pero en otra consideración se llaman fines de la tierra los&lt;br /&gt;términos naturales de la vida y el fin de las virtudes, en&lt;br /&gt;que se le pone la última línea a donde se ordena la vida y&lt;br /&gt;ser que tienen los hombres, que todos son criados para el&lt;br /&gt;conocimiento y amor del Criador, como fin inmediato del&lt;br /&gt;vivir y obrar. Todo esto comprende el venir de los últimos&lt;br /&gt;fines el precio de María Santísima; porque su gracia,&lt;br /&gt;dones y merecimientos vinieron y comenzaron de los&lt;br /&gt;últimos fines de los demás Santos, vírgenes,&lt;br /&gt;confesores, mártires, apóstoles y patriarcas; no&lt;br /&gt;llegaron todos en los fines de sus vidas y santidad a&lt;br /&gt;donde María comenzó la suya. Y si también Cristo&lt;br /&gt;Hijo suyo y Señor nuestro se llama fin de las obras del&lt;br /&gt;Altísimo, con igual verdad se dice que el precio de María&lt;br /&gt;Santísima fue de los últimos fines; pues toda su pureza,&lt;br /&gt;inocencia y santidad vino de su Hijo Santísimo, como de&lt;br /&gt;causa ejemplar y dechado y de principal autor de sola&lt;br /&gt;ella.&lt;br /&gt;775. Confía en ella el corazón de su varón y no se&lt;br /&gt;hallará pobre de despojos (Prov., 31, 11). Cierto es que el&lt;br /&gt;divino José se llamó varón de esta mujer fuerte, pues la&lt;br /&gt;tuvo por legítima esposa; y también es cierto que confió&lt;br /&gt;en ella su corazón, esperando que por su incomparable&lt;br /&gt;virtud le habían de venir todos los bienes verdaderos.&lt;br /&gt;Pero singularmente confió en ella, hallándola preñada,&lt;br /&gt;cuando ignoraba el misterio; porque entonces creyó y&lt;br /&gt;confió en la esperanza contra la esperanza (Rom., 4, 18)&lt;br /&gt;de los indicios que conocía, sin tener otra satisfacción de&lt;br /&gt;aquella verdad notoria más de la misma santidad de tal&lt;br /&gt;esposa y mujer. Y aunque se determinó a dejarla (Mt., 1,&lt;br /&gt;19), porque veía el efecto a los ojos y no sabía la causa,&lt;br /&gt;pero nunca se atrevió a desconfiar de su honestidad y&lt;br /&gt;87&lt;br /&gt;recato, ni a despedirse del amor santo y puro que le tenía&lt;br /&gt;preso el corazón rectísimo de tal esposa. Y no se halló&lt;br /&gt;frustrado en cosa alguna, ni pobre de despojos; porque si&lt;br /&gt;son despojos lo que sobra a lo necesario, todo fue&lt;br /&gt;superabundante para este varón, cuando conoció quién&lt;br /&gt;era su esposa y lo que en ella tenía.&lt;br /&gt;776. Otro varón tuvo esta divina Señora que confió en&lt;br /&gt;ella, de quien principalmente habló Salomón; y este&lt;br /&gt;varón suyo fue su mismo Hijo, verdadero Dios y hombre,&lt;br /&gt;que fió de esta mujer fuerte hasta su propio ser y su&lt;br /&gt;honra para con todas las criaturas. En esta confianza que&lt;br /&gt;hizo de María se encierra toda la grandeza de entrambos;&lt;br /&gt;porque ni Dios pudo confiarle más, ni ella pudo&lt;br /&gt;corresponder le mejor, para que no se hallase frustrado&lt;br /&gt;ni pobre de despojos. ¡Oh estupenda maravilla del poder&lt;br /&gt;y sabiduría infinita, que confiase Dios de una pura&lt;br /&gt;criatura y mujer tomar carne humana en su vientre y de&lt;br /&gt;su misma sustancia! ¡Llamarla Madre con inmutable&lt;br /&gt;verdad, y ella a él Hijo, criarle a sus pechos y a su&lt;br /&gt;obediencia, hacerla coadjutora del rescate del mundo y&lt;br /&gt;su reparación, depositaría de la Divinidad y dispensera&lt;br /&gt;de sus tesoros infinitos y merecimientos de su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, de su vida, de sus milagros, predicación,&lt;br /&gt;muerte, y todos los demás sacramentos! Todo lo confió de&lt;br /&gt;María Santísima. Pero extiéndase más la admiración&lt;br /&gt;sabiendo que en esta confianza no se halló frustrado;&lt;br /&gt;porque una mujer pura criatura supo y pudo satisfacer&lt;br /&gt;adecuadamente a todo cuanto le fiaron, sin que faltase o&lt;br /&gt;sin que pudiese obrar en todo con mayor fe, esperanza,&lt;br /&gt;amor, prudencia, humildad y plenitud de toda santidad.&lt;br /&gt;No se halló su varón pobre de despojos, sino rico,&lt;br /&gt;próspero y abundante de alabanza y gloria; y así añade:&lt;br /&gt;777. Dárale retribución del bien, y no del mal, todos los&lt;br /&gt;días de su vida (Prov., 31, 12). En este retorno entendía el&lt;br /&gt;que a María Santísima dio su varón propio, Cristo su Hijo&lt;br /&gt;88&lt;br /&gt;verdadero —que de su parte de ella ya queda&lt;br /&gt;declarado—; y si remunera el Altísimo a todos las&lt;br /&gt;menores obras hechas por su amor con retribución&lt;br /&gt;superabundante y excesiva, no sólo de gloria pero&lt;br /&gt;también de gracia en esta vida, ¿cuál sería el retorno de&lt;br /&gt;bienes y tesoros que la Divinidad le daría, con que remuneró&lt;br /&gt;las obras de su misma Madre? Solo el mismo que lo&lt;br /&gt;hizo, lo conoce. Pero en el comercio y correspondencia&lt;br /&gt;que guarda la equidad del Señor, remunerando con un&lt;br /&gt;beneficio y auxilio más grande a quien se aprovecha bien&lt;br /&gt;del menor, se entenderá algo de lo que en toda la vida&lt;br /&gt;de nuestra Reina sucedía entre ella y el poder Divino.&lt;br /&gt;Comenzó del primer instante, recibiendo más gracia que&lt;br /&gt;los supremos Ángeles con la preservación del pecado&lt;br /&gt;original, correspondió a este beneficio adecuadamente,&lt;br /&gt;creció en gracia y obró con ella en proporción; y así&lt;br /&gt;fueron los pasos de toda su vida sin tibieza, negligencia&lt;br /&gt;ni tardanza. Pues ¿qué mucho que sólo su Hijo Santísimo&lt;br /&gt;fuese más que ella y todo lo restante de las criaturas&lt;br /&gt;quedasen inferiores casi infinitamente?&lt;br /&gt;778. Buscó lino y lana y trabajó con el consejo de sus&lt;br /&gt;manos (Ib. 13). Legítima alabanza y digna de la mujer&lt;br /&gt;fuerte: que sea oficiosa y hacendosa de sus puertas&lt;br /&gt;adentro, hilando lino y lana para el abrigo y socorro de&lt;br /&gt;su familia en lo que necesita de estas cosas y de otras&lt;br /&gt;que con este medio se pueden adquirir. Este es consejo&lt;br /&gt;sano, que se ejecuta con las manos trabajadoras y no&lt;br /&gt;ociosas; que la ociosidad de la mujer, viviendo mano&lt;br /&gt;sobre mano, es argumento de su torpe estulticia y de&lt;br /&gt;otros vicios que no sin vergüenza se pueden referir. En&lt;br /&gt;esta virtud exterior, que de parte de una mujer casada es&lt;br /&gt;el fundamento del gobierno doméstico, fue María&lt;br /&gt;Santísima mujer fuerte y digno ejemplar de todas las&lt;br /&gt;mujeres; porque jamás estuvo ociosa, y de hecho&lt;br /&gt;trabajaba lino y lana para su esposo y para su Hijo y&lt;br /&gt;muchos pobres que de su trabajo socorría. Pero como jun89&lt;br /&gt;taba en sumo grado de perfección las acciones de Marta&lt;br /&gt;con las de María, era más laboriosa con el consejo de&lt;br /&gt;las obras interiores que con las exteriores y,&lt;br /&gt;conservando las especies de las visiones Divinas y la&lt;br /&gt;lección de las Sagradas Escrituras, jamás estuvo ociosa&lt;br /&gt;en su interior sin trabajar y acrecentar los dones y&lt;br /&gt;virtudes del alma; y por esto dice el texto:&lt;br /&gt;779. Fue como nave del mercader, que trae su pan de&lt;br /&gt;lejos (Ib. 14). Como este mundo visible se llama mar&lt;br /&gt;inquieto y proceloso, es consiguiente que se llamen naves&lt;br /&gt;los que le viven y surcan sus inconstantes olas. Trabajan&lt;br /&gt;todos en esta navegación para traer su pan, que es el&lt;br /&gt;sustento y alimento de la vida debajo el nombre de pan;&lt;br /&gt;y aquel le trae de más lejos que más lejos estaba de&lt;br /&gt;tener lo que adquiere con su trabajo; y aquel que más&lt;br /&gt;trabaja, granjea mucho más y lo trae de lejos con su&lt;br /&gt;mayor sudor. Es un género de contrato entre Dios y el&lt;br /&gt;nombre: que trabaje y sude el que es siervo negociando&lt;br /&gt;la tierra y cultivándola y que el Señor de todo le acuda&lt;br /&gt;por medio de las causas segundas con quien concurre,&lt;br /&gt;para que dándole pan al hombre le sustenten y paguen el&lt;br /&gt;sudor de su cara. Y lo mismo que sucede en este contrato&lt;br /&gt;en lo temporal, pasa también en lo espiritual, donde no&lt;br /&gt;come quien no trabaja (2 Tes., 3, 10).&lt;br /&gt;780. Entre todos los hijos de Adán, María Santísima fue&lt;br /&gt;la nave rica y próspera del mercader que trajo su pan y&lt;br /&gt;nuestro pan de lejos. Nadie fue tan discretamente&lt;br /&gt;diligente y laboriosa en el gobierno de su familia; nadie&lt;br /&gt;tan prevenida en lo que con Divina prudencia entendía&lt;br /&gt;ser necesario para su pobre familia y para el socorro de&lt;br /&gt;los pobres; y todo lo mereció y granjeó con su Fe y solicitud&lt;br /&gt;prudentísima, con que lo trajo de lejos; porque&lt;br /&gt;estaba muy lejos de nuestra viciosa naturaleza humana y&lt;br /&gt;aun de su hacienda. Lo mucho que en esto hizo, adquirió,&lt;br /&gt;mereció y distribuyó a los pobres, es imposible poderlo&lt;br /&gt;90&lt;br /&gt;ponderar. Pero más fuerte y admirable fue en traernos el&lt;br /&gt;pan espiritual y vivo que bajó del cielo; pues le trajo, no&lt;br /&gt;sólo del seno del Padre, de donde no saliera si no hubiera&lt;br /&gt;esta mujer fuerte, pero ni llegara al mundo, de cuyos&lt;br /&gt;merecimientos estaba lejos, si no fuera en la nave de&lt;br /&gt;María. Y aunque no pudo, siendo criatura, merecer que&lt;br /&gt;Dios viniese al mundo, pero mereció que acelerase el&lt;br /&gt;paso y que viniese en la nave rica de su vientre: porque&lt;br /&gt;no pudiera caber en otra que fuera menor en&lt;br /&gt;merecimientos; Ella sola hizo que este pan Divino se viese&lt;br /&gt;y se comunicase y alimentase a los que le tenían lejos.&lt;br /&gt;781. De noche se levantó y proveyó lo necesario a sus&lt;br /&gt;domésticos y el mantenimiento a sus criados (Prov., 31,&lt;br /&gt;15). No es menos loable esta condición de la mujer&lt;br /&gt;fuerte, privarse del reposo y descanso delicioso de la&lt;br /&gt;noche para gobernar su familia, distribuyendo a sus&lt;br /&gt;domésticos, esposo, hijos y allegados, y luego a sus&lt;br /&gt;criados, las ocupaciones legítimas a cada uno con todo lo&lt;br /&gt;necesario para ellas. Esta fortaleza y prudencia no&lt;br /&gt;conocen la noche para entregarse ni absorberse en el&lt;br /&gt;sueño y olvido de las propias obligaciones, porque el&lt;br /&gt;alivio del trabajo no se toma por fin del apetito, sino por&lt;br /&gt;medio de la necesidad. Fue nuestra Reina en esta&lt;br /&gt;prudencia económica admirable; y aunque no tuvo&lt;br /&gt;criados ni criadas en su familia, porque la emulación de&lt;br /&gt;la obediencia y humildad servil en los oficios domésticos&lt;br /&gt;no le consintió que fiase de nadie estas virtudes, pero en&lt;br /&gt;el cuidado de su Hijo Santísimo y de su esposo San José&lt;br /&gt;era vigilantísima sierva, y jamás hubo en ella descuido, ni&lt;br /&gt;olvido, ni tardanza o inadvertencia en lo que había de&lt;br /&gt;prevenir y proveer para ellos, como en todo este discurso&lt;br /&gt;diré adelante.&lt;br /&gt;782. Pero ¿qué lengua puede explicar la vigilancia de&lt;br /&gt;esta mujer fuerte? Levantóse y estuvo en pie en la noche&lt;br /&gt;oculta de su secreto corazón y en el oculto entonces&lt;br /&gt;91&lt;br /&gt;misterio de su matrimonio esperó atenta qué se le&lt;br /&gt;mandaba, para ejecutarlo humilde y obediente. Previno a&lt;br /&gt;sus domésticos y siervos, las potencias interiores y&lt;br /&gt;sentidos exteriores, de todo el alimento necesario y&lt;br /&gt;distribuyóles a cada cual su legítimo sustento, para que&lt;br /&gt;en el trabajo del día, acudiendo al servicio de fuera, no&lt;br /&gt;se hallase el espíritu necesitado y desproveído. Mandó a&lt;br /&gt;las potencias del alma con inviolable precepto que su&lt;br /&gt;alimento fuese la luz de la Divinidad, su ocupación&lt;br /&gt;incesante la abrasada meditación y contemplación de&lt;br /&gt;día y de noche en la Divina Ley, sin que jamás se&lt;br /&gt;interrumpiese por alguna extraña obra y ocupación de su&lt;br /&gt;estado. Este era el gobierno y alimento de los domésticos&lt;br /&gt;del alma.&lt;br /&gt;783. A los siervos, que son los sentidos exteriores,&lt;br /&gt;distribuyó también sus legítimas ocupaciones y sustento;&lt;br /&gt;y usando de la jurisdicción que tenía sobre estas&lt;br /&gt;potencias, las mandó que como siervas del espíritu le&lt;br /&gt;sirviesen y, aunque vivían en el mundo, ignorasen su&lt;br /&gt;vanidad y viviesen muertas para ella, sin vivir más de&lt;br /&gt;para lo necesario a la naturaleza y a la gracia; que no se&lt;br /&gt;alimentasen tanto del deleite de lo sensible, cuanto del&lt;br /&gt;que la parte superior del alma les comunicase y&lt;br /&gt;dispensase de su influencia superabundante. Puso término&lt;br /&gt;y límites a todas las operaciones, para que todas sin&lt;br /&gt;faltar ninguna quedasen reducidas a la esfera del Divino&lt;br /&gt;amor, sirviéndole y obedeciéndole todas sin resistencia,&lt;br /&gt;sin réplica ni tardanza. Levantóse de noche y gobernó&lt;br /&gt;también a sus domésticos. —&lt;br /&gt;784. Otra noche hubo en que también se levantó esta&lt;br /&gt;mujer fuerte y otros domésticos a quien proveyese.&lt;br /&gt;Levantóse en la noche de la antigua ley oscura con las&lt;br /&gt;sombras de la futura luz; salió al mundo en la declinación&lt;br /&gt;de esta noche y con su inefable providencia a todos sus&lt;br /&gt;domésticos y siervos, los de su pueblo y de lo restante de&lt;br /&gt;92&lt;br /&gt;la humana naturaleza, a los Santos Padres y justos&lt;br /&gt;domésticos suyos, a los pecadores, siervos y cautivos, a&lt;br /&gt;todos dio y distribuyó el alimento de la gracia y de la&lt;br /&gt;eterna vida. Y dieseles con tanta verdad y propiedad,&lt;br /&gt;que se les dio hecho alimento de su misma sustancia y de&lt;br /&gt;su misma sangre, que recibió en su tálamo virginal.&lt;br /&gt;CAPITULO 24&lt;br /&gt;Prosigue el mismo asunto con la explicación de lo&lt;br /&gt;restante del capítulo 31 de las Parábolas (Prov., 31, 16).&lt;br /&gt;785. Ninguna condición de mujer fuerte pudo faltar a&lt;br /&gt;nuestra Reina, porque lo fue de las virtudes y fuente de la&lt;br /&gt;gracia. Consideró —prosigue él texto— el campo y le&lt;br /&gt;compró, del fruto de sus manos plantó una viña (Prov., 31,&lt;br /&gt;16). El campo de la más levantada perfección, donde se&lt;br /&gt;cría lo fértil y fragante de las virtudes, éste fue el que&lt;br /&gt;consideró nuestra mujer fuerte María Santísima y,&lt;br /&gt;considerándole y ponderándole a la claridad de la Divina&lt;br /&gt;luz, conoció el tesoro que encerraba. Y para comprar este&lt;br /&gt;campo vendió todo lo terreno de que era&lt;br /&gt;verdaderamente Reina y Señora, posponiéndolo todo a la&lt;br /&gt;posesión del campo que compró, con negarse al uso de lo&lt;br /&gt;que podía tener. Sola esta Señora pudo venderlo todo,&lt;br /&gt;porque de todo lo era, para comprar el espacioso campo&lt;br /&gt;de la santidad; sola ella lo consideró y conoció&lt;br /&gt;adecuadamente y se apropió a sí misma, después de&lt;br /&gt;Dios, el campo de la Divinidad y sus atributos infinitos, de&lt;br /&gt;que los demás santos recibieron alguna parte. Del fruto&lt;br /&gt;de sus manos plantó la viña. Plantó la Iglesia Santa, no&lt;br /&gt;sólo dándonos a su Hijo Santísimo para que la formase y&lt;br /&gt;fabricase, pero siendo ella coadjutora suya, y después de&lt;br /&gt;su ascensión quedando por Maestra de la Iglesia, como&lt;br /&gt;diré en la tercera parte de esta Historia. Plantó la viña&lt;br /&gt;del paraíso celestial, que aquella singular fiera de Lucifer&lt;br /&gt;había disipado y devastado (Prov., 31, 16); porque se&lt;br /&gt;93&lt;br /&gt;pobló de nuevas plantas por la solicitud y fruto de María&lt;br /&gt;Purísima. Plantó la viña de su espacioso y magnánimo&lt;br /&gt;corazón con los renuevos de las virtudes, con la vid&lt;br /&gt;fértilísima, Cristo, que destiló en el lagar de la cruz el&lt;br /&gt;vino suavísimo del amor con que son embriagados sus&lt;br /&gt;carísimos y alimentados los amigos (Cant., 5, 1).&lt;br /&gt;786. Ciñó su cuerpo de fortaleza y corroboró su brazo&lt;br /&gt;(Prov., 31, 17). La mayor fortaleza de los que se llaman&lt;br /&gt;fuertes consiste en el brazo, con que se hacen las obras&lt;br /&gt;arduas y dificultosas; y cono la mayor dificultad de la&lt;br /&gt;criatura terrena sea el ceñirse en sus pasiones e&lt;br /&gt;inclinaciones ajustándolas a la razón, por eso juntó el&lt;br /&gt;Texto Sagrado el ceñirse la mujer fuerte y corroborar su&lt;br /&gt;brazo. No tuvo nuestra Reina pasiones ni movimientos&lt;br /&gt;desordenados que ceñir en su inocentísima persona; mas&lt;br /&gt;no por eso dejó de ser más fuerte en ceñirse que todos&lt;br /&gt;los hijos de Adán, a quienes desconcertó el fomes del&lt;br /&gt;pecado. Mayor virtud fue y más fuerte el amor que hizo&lt;br /&gt;obras de mortificación y penalidad cuando y donde no&lt;br /&gt;eran menester, que si por necesidad se hicieran. Ninguno&lt;br /&gt;de los enfermos de la culpa y obligados a su satisfacción&lt;br /&gt;puso tanta fuerza en mortificar sus desordenadas pasiones,&lt;br /&gt;como nuestra princesa María en gobernar y&lt;br /&gt;santificar más todas sus potencias y sentidos. Castigaba&lt;br /&gt;su castísimo y virgíneo cuerpo con penitencias&lt;br /&gt;incesantes, vigilias, ayunos, postraciones en cruz, como&lt;br /&gt;adelante diremos (Cf. infra p.II n. 12, 232, 442, 658, 898,&lt;br /&gt;990, 991; p. III n. 581) ; y siempre negaba a sus&lt;br /&gt;sentidos el descanso y lo deleitable, no porque se&lt;br /&gt;desconcertaran, mas por obrar lo más santo y acepto al&lt;br /&gt;Señor, sin tibieza, remisión o negligencia; porque todas&lt;br /&gt;sus obras fueron con toda la eficacia y fuerza de la&lt;br /&gt;gracia.&lt;br /&gt;787. Gustó y conoció cuán buena era su negociación; no&lt;br /&gt;será extinguida su luz en la noche (Prov., 31, 18). Es tan&lt;br /&gt;94&lt;br /&gt;benigno y fiel con sus criaturas el Señor que, cuando nos&lt;br /&gt;manda ceñir con la mortificación y penitencia, porque el&lt;br /&gt;Reino de los Cielos padece violencia y se ha de ganar por&lt;br /&gt;fuerza (Mt., 11, 12), pero a esa misma violencia de&lt;br /&gt;nuestras inclinaciones tiene vinculado en esta vida un&lt;br /&gt;gusto y consolación que llena todo nuestro corazón de&lt;br /&gt;alegría. En este gozo se conoce cuán buena es la&lt;br /&gt;negociación del sumo bien por medio de la mortificación&lt;br /&gt;con que ceñimos las inclinaciones a otros gustos&lt;br /&gt;terrenos; porque de contado recibimos el gozo de la&lt;br /&gt;verdad cristiana y en él una prenda del que esperamos&lt;br /&gt;en la eterna vida; y el que más negocia más le gusta y&lt;br /&gt;más granjea para ella y más estima la negociación.&lt;br /&gt;788. Esta verdad, que con experiencia conocemos&lt;br /&gt;nosotros sujetos a pecados, ¿cómo la conocería y gustaría&lt;br /&gt;nuestra mujer fuerte María Santísima? Y si en nosotros,&lt;br /&gt;donde la noche de la culpa es tan prolija y repetida, se&lt;br /&gt;puede conservar la Divina luz de la gracia por medio de&lt;br /&gt;la penitencia y mortificación de las pasiones, ¿cómo ardería&lt;br /&gt;esta luz en el corazón de esta purísima criatura? No la&lt;br /&gt;oprimía el sinsabor de la pesada y corrupta naturaleza,&lt;br /&gt;no la desazonaba la contradicción del fomes, no la&lt;br /&gt;turbaba el remordimiento de la mala conciencia, no el&lt;br /&gt;temor de las culpas experimentadas y sobre todo esto&lt;br /&gt;era su luz sobre todo humano y angélico pensamiento;&lt;br /&gt;muy bien conocería y gustaría de esta negociación, sin&lt;br /&gt;extinguirse en la noche de sus trabajos y peligros de la&lt;br /&gt;vida la lucerna del Cordero que la iluminaba (Ap., 21, 23).&lt;br /&gt;789. Extendió su mano a cosas fuertes, y sus dedos&lt;br /&gt;apretaron el huso (Prov., 31, 19). La mujer fuerte, que con&lt;br /&gt;el trato y trabajo de sus manos acrecienta sus virtudes y&lt;br /&gt;bienes de su familia y se ciñe de fortaleza contra sus&lt;br /&gt;pasiones, gusta y conoce la negociación de la virtud, ésta&lt;br /&gt;bien puede extender y alargar el brazo a cosas grandes.&lt;br /&gt;Hízolo María Santísima sin embarazo de su estado y de&lt;br /&gt;95&lt;br /&gt;sus obligaciones, porque levantándose sobre sí misma y&lt;br /&gt;todo lo terreno extendió sus deseos y obras a lo más&lt;br /&gt;grande y fuerte del amor Divino y conocimiento de Dios&lt;br /&gt;sobre toda naturaleza humana y angélica. Y como desde&lt;br /&gt;su desposorio se iba acercando a la dignidad y oficio de&lt;br /&gt;madre, iba también extendiendo su corazón y alargando&lt;br /&gt;el brazo de sus obras santas, hasta llegar a cooperar en&lt;br /&gt;la obra más ardua y más fuerte de la omnipotencia&lt;br /&gt;Divina, que fue la Encarnación del Verbo. De todo esto&lt;br /&gt;diré más en la segunda parte (Cf., infla p. II n. 1-106),&lt;br /&gt;declarando la preparación que tuvo nuestra Reina para&lt;br /&gt;este Gran Misterio. Y porque la determinación y&lt;br /&gt;propósitos de cosas grandes, si no llegan a la ejecución,&lt;br /&gt;serían apariencia y sin efecto, por esto dice que&lt;br /&gt;apretaron el huso los dedos de esta mujer fuerte, y es&lt;br /&gt;decir que ejecutó nuestra Reina todo lo grande, arduo y&lt;br /&gt;dificultoso, como lo entendió y lo propuso en su rectísima&lt;br /&gt;intención. En todo fue verdadera y no ruidosa y aparente,&lt;br /&gt;como lo fuera la mujer que estuviera con la rueca en la&lt;br /&gt;cinta, pero ociosa y sin apretar el huso; y así añade:&lt;br /&gt;790. Alargó su mano al necesitado y desplegó sus&lt;br /&gt;palmas al pobre (Prov., 31, 20). Fortaleza grande es de la&lt;br /&gt;mujer prudente y casera ser liberal con los pobres y no&lt;br /&gt;rendirse con flaqueza de ánimo y desconfianza al temor&lt;br /&gt;cobarde de que por esto le faltará para su familia; pues&lt;br /&gt;el medio más poderoso para multiplicar todos los&lt;br /&gt;bienes ha de ser repartir liberalmente los de fortuna con&lt;br /&gt;los pobres de Cristo, que aun en esta vida presente sabe&lt;br /&gt;dar ciento por uno (Mc., 10, 30). Distribuyó María&lt;br /&gt;santísima con los pobres y con el Templo la hacienda que&lt;br /&gt;de sus padres heredó, como ya dije arriba, capítulo 22 de&lt;br /&gt;este libro (Cf. supra n. 764); y a más de esto, trabajaba&lt;br /&gt;de sus manos para ayudar a esta misericordia, porque si&lt;br /&gt;no les diera su propio sudor y trabajo no satisfacía a su&lt;br /&gt;piadoso y liberal amor de los pobres. No es maravilla que&lt;br /&gt;la avaricia del mundo sienta hoy la falta y pobreza que&lt;br /&gt;96&lt;br /&gt;padece en los bienes temporales, pues tan pobres están&lt;br /&gt;los hombres de piedad y misericordia con los&lt;br /&gt;necesitados, sirviendo a la inmoderada vanidad lo que&lt;br /&gt;hizo Dios y lo crió para sustento de los pobres y para&lt;br /&gt;remedio de los ricos.&lt;br /&gt;791. No sólo desplegó sus manos propias al pobre&lt;br /&gt;nuestra piadosa Reina y Señora, pero también desplegó&lt;br /&gt;las palmas del brazo poderoso del omnipotente Dios, que&lt;br /&gt;parece las tenía cerradas deteniendo al Verbo Divino,&lt;br /&gt;porque no le merecían, o porque le desmerecían los&lt;br /&gt;mortales. Esta mujer fuerte le dio manos, y manos extendidas&lt;br /&gt;y abiertas para los pobres cautivos y afligidos en la&lt;br /&gt;miseria de la culpa; y porque esta necesidad y pobreza&lt;br /&gt;siendo general de todos era de cada uno, los llama la&lt;br /&gt;Escritura pobre en singular; pues todo el linaje humano&lt;br /&gt;era un pobre y no podía más que si fuera sólo uno. Estas&lt;br /&gt;manos de Cristo Señor nuestro, extendidas para trabajar&lt;br /&gt;nuestra redención y abiertas para derramar los tesoros&lt;br /&gt;de sus merecimientos y dones, fueron manos propias de&lt;br /&gt;María Santísima, porque eran de su Hijo y porque sin ella&lt;br /&gt;no las conociera abiertas el pobre linaje humano, y por&lt;br /&gt;otros muchos títulos.&lt;br /&gt;792. No temerá para su casa el frío de las nieves, porque&lt;br /&gt;todos sus domésticos tienen doblados los vestidos (Prov.,&lt;br /&gt;31, 21). Perdido el sol de justicia y el calor de la gracia y&lt;br /&gt;justicia original, quedó nuestra naturaleza debajo de la&lt;br /&gt;nieve helada de la culpa, que encoge, impide y&lt;br /&gt;entorpece para el bien obrar. De aquí nace la dificultad&lt;br /&gt;en la virtud, la tibieza en las acciones, la inadvertencia y&lt;br /&gt;negligencia, la instabilidad y otros defectos&lt;br /&gt;innumerables, y hallarnos después del pecado helados en&lt;br /&gt;el amor Divino, sin abrigo ni amparo para las tentaciones.&lt;br /&gt;De todos estos impedimentos y daños estuvo libre nuestra&lt;br /&gt;divina Reina en su casa y en su alma, porque todos sus&lt;br /&gt;domésticos, potencias interiores y exteriores, estuvieron&lt;br /&gt;97&lt;br /&gt;defendidos del frío de la culpa con dobladas vestiduras.&lt;br /&gt;La una fue de la original justicia y virtudes infusas, la otra&lt;br /&gt;de las adquiridas por sí misma desde el primer instante&lt;br /&gt;que comenzó a obrar. También fueron vestiduras dobladas&lt;br /&gt;la gracia común que tuvo como persona particular&lt;br /&gt;y la que la dio el Altísimo especialísima para la dignidad&lt;br /&gt;de Madre del Verbo. En el gobierno de su casa no me&lt;br /&gt;detengo sobre esta providencia; porque en las demás&lt;br /&gt;mujeres puede ser loable como necesario este cuidado,&lt;br /&gt;pero en casa de la Reina del Cielo y tierra, María&lt;br /&gt;Santísima, no fue menester doblar las vestiduras para su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo, que sola una tenía; ni tampoco para sí ni&lt;br /&gt;para su esposo San José, donde la pobreza era el mayor&lt;br /&gt;adorno y abrigo.&lt;br /&gt;793. Hizo para sí una vestidura muy tejida y se adornó&lt;br /&gt;de púrpura y holanda (Ib. 22). Esta metáfora también&lt;br /&gt;declara el adorno espiritual de esta mujer fuerte; y éste&lt;br /&gt;fue una vestidura tejida con fortaleza y variedad para&lt;br /&gt;cubrirse toda y defenderse de las inclemencias y rigores&lt;br /&gt;de las lluvias, que para esto se tejen los paños fuertes o&lt;br /&gt;los fieltros y otros semejantes. La vestidura talar de&lt;br /&gt;las virtudes y dones de María fue impenetrable del rigor&lt;br /&gt;de las tentaciones y avenidas de aquel río que derramó&lt;br /&gt;contra ella el Dragón grande y rojo, o sanguinolento, que&lt;br /&gt;vio San Juan en el Apocalipsis (Ap., 12, 15); y a más de la&lt;br /&gt;fortaleza de este vestido, era grande su hermosura y&lt;br /&gt;variedad de sus virtudes, entretejidas y no postizas,&lt;br /&gt;porque estaban como entrañadas y sustanciadas en su&lt;br /&gt;misma naturaleza, desde que fue formada en gracia y en&lt;br /&gt;justicia original. Allí estaban la púrpura de la Caridad, lo&lt;br /&gt;blanco de la Castidad y Pureza, lo celeste de la&lt;br /&gt;Esperanza, con toda la variedad de dones y virtudes, que&lt;br /&gt;vistiéndola juntamente la adornaban y hermoseaban.&lt;br /&gt;También fue adorno de María aquel color blanco y&lt;br /&gt;colorado (Cant., 5, 10) que por la humanidad y divinidad&lt;br /&gt;entendió la esposa, dándolos por señas de su esposo;&lt;br /&gt;98&lt;br /&gt;porque dándole ella al Verbo lo colorado de su&lt;br /&gt;humanidad santísima, le dio Él en retorno la Divinidad, no&lt;br /&gt;sólo uniéndolas en su virginal vientre, pero dejando en su&lt;br /&gt;Madre unos visos y rayos de Divinidad más que en todas&lt;br /&gt;las criaturas juntas.&lt;br /&gt;794. Será noble su varón en las puertas, cuando se&lt;br /&gt;asentare con los senadores de la tierra (Prov., 31, 23). En&lt;br /&gt;las puertas de la eterna vida se hace el juicio particular&lt;br /&gt;de cada uno, y después se hará el general que&lt;br /&gt;esperamos, como en las puertas de la ciudad lo hacían&lt;br /&gt;las antiguas repúblicas. En el juicio universal tendrá&lt;br /&gt;lugar entre los nobles del reino de Dios San José, el&lt;br /&gt;uno de los varones de María Santísima; porque tendrá&lt;br /&gt;silla entre los Apóstoles para juzgar al mundo y gozará&lt;br /&gt;este privilegio por esposo de la mujer fuerte, que es&lt;br /&gt;Reina de todos, y por padre putativo que fue del supremo&lt;br /&gt;Juez. El otro varón de esta Señora, que es su Hijo&lt;br /&gt;Santísimo, como antes dije (Cf. supra n. 776), es tenido y&lt;br /&gt;reconocido por supremo Señor y Juez verdadero en el&lt;br /&gt;juicio que hace y en el que hará de los ángeles y todos&lt;br /&gt;los hombres. Y de esta excelencia se le da parte a María&lt;br /&gt;Santísima, porque le dio ella la carne humana con que&lt;br /&gt;redimió al mundo y la sangre que derramó en precio y&lt;br /&gt;rescate de los hombres; y todo se conocerá cuando con&lt;br /&gt;grande potestad venga al juicio universal, sin quedar&lt;br /&gt;alguno que entonces no lo conozca y confiese.&lt;br /&gt;795. Hizo una sábana y la vendió, y entregó un cíngulo&lt;br /&gt;al cananeo (Prov., 31, 24). En esta solicitud laboriosa de&lt;br /&gt;la mujer fuerte se contienen dos grandezas en nuestra&lt;br /&gt;Reina: la una, que hizo la sábana tan pura, espaciosa y&lt;br /&gt;grande, que pudo caber en ella, aunque estrechándose y&lt;br /&gt;encogiéndose, el Verbo Eterno; y vendióla no a otro sino&lt;br /&gt;al mismo Señor, que le dio en retorno a su mismo Hijo,&lt;br /&gt;porque no se hallara en todo lo criado precio digno para&lt;br /&gt;comprar esta sábana de la pureza y santidad de María,&lt;br /&gt;99&lt;br /&gt;ni quien dignamente pudiera ser Hijo suyo, fuera del&lt;br /&gt;mismo Hijo de Dios. Entregó también, no vendido pero&lt;br /&gt;graciosamente, el cíngulo al cananeo, hijo de Canaán,&lt;br /&gt;maldito de su padre (Gén., 9, 25), porque todos los que&lt;br /&gt;participaron de la primera maldición, y quedaron&lt;br /&gt;desceñidos y sueltas las pasiones y desordenados apetitos,&lt;br /&gt;se pudieron ceñir de nuevo con el cíngulo que María&lt;br /&gt;Santísima les entregó en su Hijo Primogénito y Unigénito,&lt;br /&gt;y en su Ley de Gracia, para renovarse, reformarse y&lt;br /&gt;ceñirse. No tendrán excusa los prescitos y condenados,&lt;br /&gt;ángeles y hombres, pues todos tuvieron con qué se&lt;br /&gt;contener y ceñir en sus desordenados afectos, como lo&lt;br /&gt;hacen los predestinados, valiéndose de esta gracia, que&lt;br /&gt;por María Santísima tuvieron de gracia y sin pedirles&lt;br /&gt;precio para merecerla o comprarla.&lt;br /&gt;796. La fortaleza y hermosura le sirven de vestido, y se&lt;br /&gt;reirá en el último día (Prov., 31, 25). Otro nuevo adorno y&lt;br /&gt;vestidura de la mujer fuerte son la fortaleza y hermosura;&lt;br /&gt;la fortaleza la hace invencible en el padecer y en obrar&lt;br /&gt;contra las potestades infernales, la hermosura le dio&lt;br /&gt;gracia exterior y decoro admirable en todas las acciones.&lt;br /&gt;Con estas dos excelencias y condiciones era nuestra&lt;br /&gt;Reina amable a los ojos de Dios, de los ángeles y del&lt;br /&gt;mundo; no sólo no tenía culpa ni defecto que se le&lt;br /&gt;reprendiese, pero tenía esta doblada gracia y hermosura&lt;br /&gt;que tanto le agradó y ponderó el Esposo, repitiendo que&lt;br /&gt;era muy hermosa y muy agraciada toda ella (Cant., 4, 1-&lt;br /&gt;7). Y donde no se pudo hallar defecto reprensible,&lt;br /&gt;tampoco había causa para llorar el día último, cuando&lt;br /&gt;ninguno de los mortales, fuera de esta Señora y de su&lt;br /&gt;Hijo Santísimo, todos estarán y parecerán con alguna&lt;br /&gt;culpa que tuvieron de que dolerse, y los condenados&lt;br /&gt;llorarán entonces el no haberlas llorado antes&lt;br /&gt;dignamente. En aquel día estará alegre y risueña esta&lt;br /&gt;fuerte mujer con el agradecimiento de su incomparable&lt;br /&gt;felicidad y de que se ejecute la Divina justicia en los&lt;br /&gt;100&lt;br /&gt;protervos y rebeldes a su Hijo Santísimo.&lt;br /&gt;797. Abrió su boca para la sabiduría y en su lengua&lt;br /&gt;estuvo la ley de la clemencia (Prov., 31, 26). Gran&lt;br /&gt;excelencia es de la mujer fuerte no abrir su boca para&lt;br /&gt;otra cosa que no sea para enseñar el temor santo del&lt;br /&gt;Señor y ejecutar alguna obra de clemencia. Esto cumplió&lt;br /&gt;con suma perfección nuestra Reina y Señora; abrió su&lt;br /&gt;boca como maestra de la divina sabiduría, cuando dijo al&lt;br /&gt;santo arcángel: Fiat mihi secundum verbum tuum (Lc., 1,&lt;br /&gt;38); y siempre que hablaba era como Virgen&lt;br /&gt;Prudentísima y llena de ciencia del Altísimo para&lt;br /&gt;enseñarla a todos y para interceder por los miserables&lt;br /&gt;hijos de Eva. Estaba y está siempre en su lengua la ley de&lt;br /&gt;la clemencia, como en piadosa Madre de Misericordia;&lt;br /&gt;porque sola su intercesión y palabra es la ley inviolable&lt;br /&gt;de donde depende nuestro remedio en todas las&lt;br /&gt;necesidades, si sabemos obligarla a que abra su boca y&lt;br /&gt;mueva su lengua para pedirlo.&lt;br /&gt;798. Consideró las sendas de su casa y no comió el pan&lt;br /&gt;estando ociosa (Prov., 31, 27). No es pequeña alabanza&lt;br /&gt;de la madre de familia considerar también atentamente&lt;br /&gt;todos los caminos más seguros para aumentarla en&lt;br /&gt;muchos bienes; pero en esta divina prudencia sola María&lt;br /&gt;fue la que dio forma a los mortales, porque sólo ella supo&lt;br /&gt;considerar e investigar todos los caminos de la justicia y&lt;br /&gt;las sendas y atajos por donde con mayor seguridad y&lt;br /&gt;brevedad llegaría a la Divinidad. Alcanzó esta ciencia&lt;br /&gt;tan altamente que dejó atrás a todos los mortales y a los&lt;br /&gt;mismos Querubines y Serafines. Conoció y consideró el&lt;br /&gt;bien y el mal, lo profundo y oculto de la santidad, la&lt;br /&gt;condición de la humana flaqueza, la astucia de los&lt;br /&gt;enemigos, el peligro del mundo y todo lo terreno; y como&lt;br /&gt;todo lo conoció, obró lo que conocía sin comer ociosa el&lt;br /&gt;pan y sin recibir en vano el alma (Sal., 23, 4) ni la Divina&lt;br /&gt;gracia; y mereció lo que se sigue.&lt;br /&gt;101&lt;br /&gt;799. Levantáronse y predicáronla sus hijos por beatísima&lt;br /&gt;y su varón se levantó para alabarla (Prov., 31, 28).&lt;br /&gt;Grandes cosas y gloriosas han dicho en la Militante&lt;br /&gt;Iglesia los hijos verdaderos de esta mujer fuerte,&lt;br /&gt;predicándola por beatísima entre las mujeres; y los que&lt;br /&gt;no se levantan y no la predican, no se tengan por sus&lt;br /&gt;hijos, ni por doctos, ni sabios, ni devotos. Pero aunque&lt;br /&gt;todos han hablado inspirados y movidos por su varón y&lt;br /&gt;esposo Cristo y el Espíritu Santo, con todo eso hasta&lt;br /&gt;ahora parece que se ha callado y no se ha levantado&lt;br /&gt;para predicarla respecto de los muchos y altos&lt;br /&gt;sacramentos que ha tenido ocultos de su Madre&lt;br /&gt;Santísima. Y son tantos, que se me ha dado a entender&lt;br /&gt;los reserva el Señor para manifestarlos en la Iglesia&lt;br /&gt;triunfante después del juicio universal; porque no es&lt;br /&gt;conveniente manifestarlos todos ahora al mundo indigno&lt;br /&gt;y no capaz de tantas maravillas. Allí hablará Cristo, varón&lt;br /&gt;de María, manifestando para gloria de los dos y gozo de&lt;br /&gt;los Santos las prerrogativas y excelencias de esta&lt;br /&gt;Señora, y allí las conoceremos; basta ahora que con veneración&lt;br /&gt;las creamos debajo del velo de la fe y esperanza&lt;br /&gt;de tantos bienes.&lt;br /&gt;800. Muchas hijas congregaron las riquezas, pero tú&lt;br /&gt;excediste a todas ellas (Ib. 29). Todas las almas que&lt;br /&gt;llegaron a conseguir la gracia del Altísimo se llaman&lt;br /&gt;hijas suyas, y todos los merecimientos, dones y virtudes&lt;br /&gt;que con ella pudieron granjear, y de hecho los&lt;br /&gt;granjearon, son riquezas verdaderas; que todo lo demás&lt;br /&gt;terreno tiene injustamente usurpado el nombre de&lt;br /&gt;riqueza. Muy grande será el nombre de los&lt;br /&gt;predestinados; el que numera las estrellas por sus&lt;br /&gt;nombres (Sal., 146, 4), los conoce. Pero sola María&lt;br /&gt;congregó más que todas juntas estas criaturas, hijas del&lt;br /&gt;Altísimo y suyas, y sola ella se aventajará, como la&lt;br /&gt;excelencia de ser ella, no sólo Madre suya y ellas hijas&lt;br /&gt;102&lt;br /&gt;en gracia y gloria, pero como Madre del mismo Dios;&lt;br /&gt;porque según esta dignidad excede a toda la excelencia&lt;br /&gt;de los mayores Santos, así la gracia y gloria de esta&lt;br /&gt;Reina se adelantará a toda la que tienen y tendrán todos&lt;br /&gt;los predestinados. Y porque, en comparación de estas&lt;br /&gt;riquezas y dones de la gracia interior y gloria que le&lt;br /&gt;corresponde, es vana la exterior y aparente en las&lt;br /&gt;mujeres que tanto la aprecian, añade y dice:&lt;br /&gt;801. Engañosa es la gracia y vana la hermosura; la mujer&lt;br /&gt;que teme a Dios, aquella será alabada; denle a ésta del&lt;br /&gt;fruto de sus manos y alaben sus obras en las puertas&lt;br /&gt;(Prov., 31, 30-31). El mundo reputa falsamente por gracia&lt;br /&gt;muchas cosas visibles que no lo son, y no tienen más de&lt;br /&gt;gracia y hermosura de lo que les da el engaño de los&lt;br /&gt;ignorantes, corno son: la apariencia de las buenas obras&lt;br /&gt;en la virtud, el agrado en las palabras dulces o&lt;br /&gt;elocuentes, el donaire en hablar y moverse; y también&lt;br /&gt;llaman gracia a la benevolencia de los mayores y del&lt;br /&gt;pueblo. Todo esto es engaño y falacia, como la&lt;br /&gt;hermosura de la mujer que en breve se desvanece. La&lt;br /&gt;que teme a Dios y enseña a temerle, ésta merece&lt;br /&gt;dignamente la alabanza de los hombres y del mismo&lt;br /&gt;Señor. Y porque él mismo quiere alabarla, dice que le&lt;br /&gt;den del fruto de sus manos, y remite su alabanza a sus&lt;br /&gt;grandes obras puestas en público a vista de todos, para&lt;br /&gt;que ellas mismas sean lenguas en su alabanza; porque&lt;br /&gt;importa muy poco que alaben los hombres a la mujer a&lt;br /&gt;quien sus mismas obras la vituperan. Para esto quiere el&lt;br /&gt;Altísimo que las obras de su Madre Santísima se&lt;br /&gt;manifiesten en las puertas de su Iglesia Santa, en cuanto&lt;br /&gt;ahora es posible y conveniente, como arriba dije (Cf.&lt;br /&gt;supra n. 798), reservando la mayor alabanza y gloria&lt;br /&gt;para que después permanezca por todos los siglos de los&lt;br /&gt;siglos. Amén.&lt;br /&gt;Doctrina de la Reina del cielo.&lt;br /&gt;103&lt;br /&gt;802. Hija mía, grande enseñanza tienes para tu gobierno&lt;br /&gt;en este capítulo; y aunque no todo lo que contiene has&lt;br /&gt;escrito, pero así lo que has declarado como lo que dejas&lt;br /&gt;oculto, quiero todo lo escribas en lo íntimo de tu corazón&lt;br /&gt;y con inviolable ley lo ejecutes en ti misma. Para esto es&lt;br /&gt;necesario estar retirada dentro de tu interior, olvidado&lt;br /&gt;todo lo visible y terreno, y atentísima a la divina luz que&lt;br /&gt;te asiste y defiende todas tus potencias con vestiduras&lt;br /&gt;dobladas, para que no sientas la frialdad y tibieza en la&lt;br /&gt;perfección y también resistas a los movimientos&lt;br /&gt;desmandados de las pasiones. Cíñelas y mortifícalas con&lt;br /&gt;el apretador del temor Divino y, alejada de lo aparente y&lt;br /&gt;engañoso, levanta tu mente a considerar y entender los&lt;br /&gt;caminos de tu interior y las sendas que Dios te ha&lt;br /&gt;enseñado para buscarle en tu secreto y hallarle sin&lt;br /&gt;peligro del engaño. Y habiendo gustado de la&lt;br /&gt;negociación del Cielo, no consientas por tu descuido que&lt;br /&gt;se extinga en tu mente la Divina luz que te enciende y&lt;br /&gt;alumbra en las tinieblas. No comas el pan estando&lt;br /&gt;ociosa, pero trabaja sin dar treguas al cuidado, y&lt;br /&gt;comerás el fruto de tus diligencias; y esforzada en el&lt;br /&gt;Señor harás obras dignas de su beneplácito y agrado y&lt;br /&gt;correrás tras el olor de sus ungüentos hasta llegar a&lt;br /&gt;poseerle eternamente. Amén.&lt;br /&gt;SEGUNDA PARTE&lt;br /&gt;ONTIENE LOS MISTERIOS DESDE&lt;br /&gt;ENCARNACIÓN DEL VERBO DIVINO EN SU&lt;br /&gt;VIRGINAL VIENTRE HASTA LA ASCENSIÓN A LOS&lt;br /&gt;CIELOS.&lt;br /&gt;INTRODUCCIÓN A LA SEGUNDA PARTE&lt;br /&gt;C&lt;br /&gt;104&lt;br /&gt;DE LA DIVINA HISTORIA Y VIDA SANTÍSIMA&lt;br /&gt;DE MARÍA MADRE DE DIOS&lt;br /&gt;1. Al tiempo de presentar ante el Divino acatamiento el&lt;br /&gt;pequeño servicio y trabajo de haber escrito la primera&lt;br /&gt;parte de la Vida Santísima de María Madre del mismo&lt;br /&gt;Dios, para poner a la enmienda y registro de la Divina luz&lt;br /&gt;lo que con ella misma había copiado, pero con mi&lt;br /&gt;cortedad; por lo que quise para consuelo mío saber de&lt;br /&gt;nuevo si lo escrito era del beneplácito del Altísimo y si&lt;br /&gt;me mandaba continuar o suspender esta obra tan&lt;br /&gt;superior a mi insuficiencia; a esta proposición me&lt;br /&gt;respondió el Señor: Bien has escrito y ha sido de nuestro&lt;br /&gt;beneplácito, pero queremos entiendas que, para&lt;br /&gt;manifestar los misterios y altísimos sacramentos que&lt;br /&gt;encierra lo restante de la vida de nuestra única y dilecta&lt;br /&gt;Esposa, Madre de nuestro Unigénito, necesitas de nueva&lt;br /&gt;y mayor disposición. Queremos que mueras del todo a lo&lt;br /&gt;imperfecto y visible y vivas según el espíritu, que renuncies&lt;br /&gt;todas las operaciones de criatura terrena y sus&lt;br /&gt;costumbres y que sean de ángel, con mayor pureza y&lt;br /&gt;conformidad a lo que has de entender y escribir.&lt;br /&gt;2. En esta respuesta del Altísimo entendí que se me&lt;br /&gt;intimaba y se me pedía tan nuevo modo de obrar las&lt;br /&gt;virtudes y tan alta perfección de vida y costumbres, que,&lt;br /&gt;como confiada de mí, quedé turbada y temerosa de&lt;br /&gt;emprender negocio tan arduo y difícil para una criatura&lt;br /&gt;terrena. Sentí grandes contiendas en mí misma, entre la&lt;br /&gt;carne y el espíritu. Éste me llamaba con fuerza interior,&lt;br /&gt;compeliéndome a procurar la gran disposición que se me&lt;br /&gt;pedía, administrándome razones del grande agrado del&lt;br /&gt;Señor y conveniencias mías. Y por el contrario la ley del&lt;br /&gt;pecado, que sentía en mis miembros, me contradecía&lt;br /&gt;(gal.,5, 17; Rom., 7, 23), repugnaba a la Divina luz y me&lt;br /&gt;desconfiaba, temiendo yo misma mi inconstancia.&lt;br /&gt;Sentía en este conflicto una fuerte remora que me&lt;br /&gt;105&lt;br /&gt;detenía, una cobardía que me aterraba; y con esta&lt;br /&gt;turbación se me hacía más creíble el concepto de que yo&lt;br /&gt;no era idónea para tratar cosas tan altas, y más siendo&lt;br /&gt;ellas tan ajenas de la condición y profesión de mujeres.&lt;br /&gt;3. Vencida del temor y dificultad, determiné no proseguir&lt;br /&gt;esta obra y poner todos los medios posibles para&lt;br /&gt;conseguirlo. Conoció el común enemigo mi temor y&lt;br /&gt;cobardía y, como su crueldad pésima se enfurece más&lt;br /&gt;contra los más flacos y desvalidos, valiéndose de la&lt;br /&gt;ocasión me acometió con increíble saña, pareciéndole&lt;br /&gt;me hallaba desamparada de quien me librase de sus&lt;br /&gt;manos; y para disfrazar su malicia procuraba&lt;br /&gt;transformarse en ángel de luz, fingiéndose muy celoso de&lt;br /&gt;mi alma y de mi acierto, y debajo de este falso pretexto&lt;br /&gt;me arrojaba porfiadamente continuas sugestiones y&lt;br /&gt;pensamientos, ponderándome el peligro de mi&lt;br /&gt;condenación, amenazándome con otro castigo&lt;br /&gt;semejante al del primer ángel (Is., 14, 10-13), porque me&lt;br /&gt;representaba había yo querido comprender con soberbia&lt;br /&gt;lo que era sobre mis fuerzas y contra el mismo Dios.&lt;br /&gt;4. Proponíame muchas almas que, profesando&lt;br /&gt;virtud, habían sido engañadas por alguna oculta&lt;br /&gt;presunción y por dar lugar a las fabulaciones de la&lt;br /&gt;serpiente, y que escudriñar yo los secretos de la&lt;br /&gt;Majestad divina (Prov., 25, 27) no podía ser sin soberbia&lt;br /&gt;muy presuntuosa, en que yo estaba metida. Encarecióme&lt;br /&gt;mucho que los tiempos presentes eran mal afortunados&lt;br /&gt;para estas materias, y lo confirmaba con algunos sucesos&lt;br /&gt;de personas conocidas en quien se halló dolo y engaño,&lt;br /&gt;con el terror que otras han cobrado para emprender la&lt;br /&gt;vida espiritual, con el descrédito que ocasionaría&lt;br /&gt;cualquiera cosa malsonante en mí, el efecto que causaría&lt;br /&gt;en los que tienen poca piedad; que todo esto conocería&lt;br /&gt;yo por experiencia y para mi daño, si proseguía en&lt;br /&gt;escribir esta materia. Y siendo verdad, como lo es, que&lt;br /&gt;106&lt;br /&gt;toda la contradicción que padece la vida espiritual, y el&lt;br /&gt;ser la virtud en lo místico menos recibida en el mundo, es&lt;br /&gt;obra de este mortal enemigo que, para extinguir la&lt;br /&gt;devoción y piedad cristiana en muchos, procura engañar&lt;br /&gt;algunos y sembrar su zizaña en la semilla pura (Mt., 13,&lt;br /&gt;25) del Señor, para ofuscarla y torcer el sentido&lt;br /&gt;verdadero, con que se dificulte más apartar las tinieblas&lt;br /&gt;de la luz; y no me admiro, porque éste es oficio del mismo&lt;br /&gt;Dios y de quien participa de la verdadera sabiduría y no&lt;br /&gt;se gobierna sólo por la terrena.&lt;br /&gt;5. No es fácil en la vida mortal discernir entre la&lt;br /&gt;prudencia verdadera y falsa, porque tal vez aun la buena&lt;br /&gt;intención y celo equivoca el juicio humano, si falta el&lt;br /&gt;acuerdo y luz de lo alto. Yo he tenido ocasión para&lt;br /&gt;conocer esto en lo que voy tratando; porque algunas&lt;br /&gt;personas conocidas y devotas, otras que por su piedad&lt;br /&gt;me amaban y deseaban mi bien, otras con desprecio y&lt;br /&gt;menos afecto, todas a un tiempo me procuraron divertir&lt;br /&gt;de esta ocupación, y aun del camino por donde iba, como&lt;br /&gt;si fuera elección propia; y no me turbó poco el enemigo&lt;br /&gt;por medio de estas personas, porque el temor de alguna&lt;br /&gt;confusión o descrédito que podía resultar a los que conmigo&lt;br /&gt;ejercitaban su piedad, a la religión y a mis&lt;br /&gt;propincuos, y singularmente al convento que vivo, les&lt;br /&gt;daba cuidado y a mí aflicción. Llevábame mucho la&lt;br /&gt;seguridad que se me representaba siguiendo el camino&lt;br /&gt;ordinario de las demás religiosas. Confieso se ajustaba&lt;br /&gt;más a mi dictamen o mi natural inclinación y deseo y&lt;br /&gt;mucho más a mi encogimiento y grandes temores.&lt;br /&gt;6. Fluctuando mi corazón entre estas olas impetuosas,&lt;br /&gt;procuré llegar al puerto de la obediencia, que me&lt;br /&gt;aseguraba en el mar amargo de mi confusión. Y porque&lt;br /&gt;mi tribulación fuese mayor, sucedió que en esta ocasión&lt;br /&gt;se trataba en la religión de ocupar en oficios superiores a&lt;br /&gt;mi Padre Espiritual y Prelado, que muchos años había&lt;br /&gt;107&lt;br /&gt;gobernado mi espíritu y tenía comprendido mi interior y&lt;br /&gt;persecuciones y me había ordenado escribiese todo lo&lt;br /&gt;que estaba tratado y con su dirección me prometía&lt;br /&gt;acierto, quietud y consuelo. No se consiguió este intento,&lt;br /&gt;pero ausentóse en esta ocasión por muchos días (El P.&lt;br /&gt;Franciscano Andrés de la Torre fue tres veces Ministro&lt;br /&gt;Provincial y dirigió a la Venerable de 1627-1647. El P.&lt;br /&gt;Andrés de Fuenmayor, también provincial, la dirigió&lt;br /&gt;desde 1650 a 1665). Y de todo se valía el Dragón grande&lt;br /&gt;para derramar contra mi el furioso río (Ap., 12 15) de sus&lt;br /&gt;tentaciones, y así en esta ocasión como en otras trabajó&lt;br /&gt;con suma malicia por desviarme de la obediencia y&lt;br /&gt;doctrina de mi superior y maestro, aunque fue en vano.&lt;br /&gt;7. A todas las contradicciones y tentaciones que digo, y&lt;br /&gt;otras muchas que no puedo referir, añadió el demonio&lt;br /&gt;quitarme la salud del cuerpo, causándome muchos&lt;br /&gt;achaques, destemplanzas y desconcertándome toda.&lt;br /&gt;Movióme una invencible tristeza, turbóme la cabeza y&lt;br /&gt;parece me quería oscurecer el entendimiento e impedir&lt;br /&gt;el discurso y debilitar la voluntad y trasegarme toda en&lt;br /&gt;alma y cuerpo. Y sucedió así, porque en medio de esta&lt;br /&gt;confusión vine a cometer algunas faltas y culpas, para mí&lt;br /&gt;harto graves, y aunque no fueron tanto de malicia como&lt;br /&gt;de fragilidad humana, pero valióse de ellas la serpiente&lt;br /&gt;para destruirme más que de ningún otro medio; porque&lt;br /&gt;habiéndome turbado el corriente de las buenas&lt;br /&gt;operaciones para que cayese, soltó después su furor,&lt;br /&gt;desembarazándome para que con mayor ponderación&lt;br /&gt;conociese las faltas cometidas. Ayudóme a esto con&lt;br /&gt;sugestiones impías y muy sagaces, queriendo&lt;br /&gt;persuadirme que todo cuanto por mí había pasado en el&lt;br /&gt;camino que llevo era falso y mentiroso.&lt;br /&gt;8. Como tenía esta tentación tan aparente color, así por&lt;br /&gt;mis faltas cometidas como por mis continuos&lt;br /&gt;sobresaltos y temores, resistíala menos que a otras, y&lt;br /&gt;108&lt;br /&gt;fue singular misericordia del Señor no desfallecer del&lt;br /&gt;todo en la esperanza y en la fe del remedio. Pero hálleme&lt;br /&gt;tan poseída de la confusión y sumergida en tinieblas, que&lt;br /&gt;puedo decir me rodearon los gemidos de la muerte y me&lt;br /&gt;ciñeron los dolores del infierno (Sal., 17, 5-6), llevándome&lt;br /&gt;hasta reconocer el último peligro; determiné quemar los&lt;br /&gt;papeles en que tenía escrita la primera parte de esta&lt;br /&gt;divina Historia para no proseguir la segunda. Y a esta&lt;br /&gt;determinación el ángel de Satanás que me la&lt;br /&gt;administraba añadió también el proponerme que me&lt;br /&gt;retirase de todo, que no tratase de camino ni vida&lt;br /&gt;espiritual, ni atendiese al interior, ni lo comunicase con&lt;br /&gt;nadie, y con esto podía hacer penitencia de mis pecados&lt;br /&gt;y aplacar al Señor y desenojarle, que lo estaba conmigo.&lt;br /&gt;Y para asegurar más su iniquidad disimulada me propuso&lt;br /&gt;hiciera voto de no escribir, por el peligro de ser&lt;br /&gt;engañada y engañar, pero que me enmendase la vida y&lt;br /&gt;cercenase imperfecciones y abrazase la penitencia.&lt;br /&gt;9. Con esta máscara de aparente virtud pretendía&lt;br /&gt;el Dragón acreditar sus dañados consejos y cubrirse con&lt;br /&gt;piel de oveja el que era sangriento y carnicero lobo.&lt;br /&gt;Perseveró algún tiempo en esta porfía, y singularmente&lt;br /&gt;estuve quince días en una tenebrosa noche sin sosiego ni&lt;br /&gt;consuelo alguno Divino ni humano: sin éste, porque me&lt;br /&gt;faltaba el consejo y alivio de la obediencia, y sin aquél,&lt;br /&gt;porque había suspendido el Señor el influjo de sus&lt;br /&gt;favores, las inteligencias y continua luz interior. Y sobre&lt;br /&gt;todo esto me apretaba la falta de salud, y en ella la&lt;br /&gt;persuasión de que se allegaba la muerte y el peligro de&lt;br /&gt;mi condenación; que todo lo maquinaba y representaba&lt;br /&gt;el enemigo.&lt;br /&gt;10. Pero como sus dejos son tan amargos y todos&lt;br /&gt;paran en desesperación, la misma turbación con que&lt;br /&gt;alteraba toda la república de mis potencias y los hábitos&lt;br /&gt;adquiridos me hizo más atenta para no ejecutar cosa&lt;br /&gt;109&lt;br /&gt;alguna de las que me inclinaba, o yo proponía. Valíase&lt;br /&gt;del temor continuamente, el cual me tenía crucificada&lt;br /&gt;sobre si ofendería a Dios y perdería su amistad, y&lt;br /&gt;aplicándomele con mi ignorancia a las cosas Divinas&lt;br /&gt;para que me recelase de ellas. Y este mismo temor me&lt;br /&gt;hacía dudar en lo que el astuto Dragón me persuadía y&lt;br /&gt;dudando me detenía a no darle asenso. Ayudábame&lt;br /&gt;también el respeto de la obediencia, que me había&lt;br /&gt;mandado escribir y todo lo contrario de lo que sentía en&lt;br /&gt;mis sugestiones y persuasiones, y que las resistiese y&lt;br /&gt;anatematizase. Sobre todo esto era el amparo oculto&lt;br /&gt;del Altísimo, que me defendía y no quería entregar a las&lt;br /&gt;bestias el alma que en medio de tales tribulaciones,&lt;br /&gt;siquiera con gemidos y suspiros, le confesaba. No puedo&lt;br /&gt;con palabras encarecer las tentaciones, combates,&lt;br /&gt;desconsuelos, despechos, aflicciones, que en esta batalla&lt;br /&gt;padecí, porque me vi en tal estado que, a mi juicio, de él&lt;br /&gt;al de los condenados no había en el interior más diferencia&lt;br /&gt;de que en el infierno no hay redención y en el otro&lt;br /&gt;la puede haber.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La parte 6ª la pondré proximamente.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/9122733768348033420-1523202720934797444?l=misticaciudaddedios5.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://misticaciudaddedios5.blogspot.com/feeds/1523202720934797444/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=9122733768348033420&amp;postID=1523202720934797444' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9122733768348033420/posts/default/1523202720934797444'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/9122733768348033420/posts/default/1523202720934797444'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://misticaciudaddedios5.blogspot.com/2008/08/mistica-ciudad-de-dios-parte-5.html' title='Mistica ciudad de DIOS parte 5ª'/><author><name>PIOJOSALTARIN</name><uri>http://www.blogger.com/profile/16286221232053703537</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_FgMtOqNOPlQ/SLm4R2B_VUI/AAAAAAAAAL0/hqdMnhuil4k/s72-c/Maria3ani2.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
